De la Vida Real

Los hechos de un siniestro de tránsito

Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

15 May 2022 - 19:00

Declaración de los hechos

-Nombre:

-Valentina Febres Cordero Pallares.

-Cuente qué sucedió, con fecha y hora, en el momento del siniestro.

-Hoy, miércoles 11 de mayo de 2022, a las 13 horas con 45 minutos, estaba manejando por la avenida General Rumiñahui, a la altura de la ESPE. Salí de la casa con lluvia y al llegar al semáforo hacía sol. Sin embargo, la calle estaba todavía mojada. 

-Prosiga, señora. ¿Qué sucedió?

-¿Cuento que antes pasé comprando mandarinas o eso es irrelevante para el caso?

-Omitamos detalles que no aporten a la investigación.

-El semáforo estaba en rojo, y frené. Usted sabe, señor Policía, que esta es una vía rápida. Por el retrovisor alcancé a ver una volqueta que venía a toda velocidad y debía frenar, pero no frenó. ¿Usted ha visto cuando los buses paran a dos centímetros antes de chocar contra el vehículo de adelante? Así, igualito fue esta vez. 

-Pero no había ningún bus.

-No, señor, estaba la volqueta solita y, por suerte, no había tampoco carros adelante. Si no, imagínese lo que hubiera pasado, y gracias a Dios no estaba con mis hijos. Piense, señor Policía, la tragedia que hubiera sido.

-Señora, ¿puede concentrarse en los hechos? Estrictamente en los hechos, porque debo escribir todo. 

-Bueno, entonces le sigo contando solo los hechos: sentí el golpe más estruendoso del mundo. Mi carro se fue como unos diez metros hacia adelante.

-Ah, chuta, señora, fuerte ha sido el impacto.

-Pero si le estoy diciendo, señor Policía, que fue a lo bestia. Vea cómo se rompieron los vidrios, cómo quedaron la cajuela y también los faros. Además, no es mi carro, es el carro de mi papá. 

-Volviendo a lo sucedido, señora…

-Me bajé del carro muy asustada, temblando y llorando. El señor de la volqueta también se bajó. Le reclamé que cómo me ha de chocar justo cuando les voy a ir a ver a mis hijos a la escuela. “Señor, no vaya a huir hasta que solucione quién les puede retirar a mis guaguas”. El señor, muy amable, me dijo que solucionara tranquila mis asuntos personales y que luego arregláramos nosotros mismos lo del choque.

-¿Decidió arreglar la situación con el causante del siniestro?

-Verá, le cuento: el señor del carro que estaba al lado mío me dijo que, primero, me tranquilice, que ya había dado parte a la Policía y que llamara a algún familiar. Ese rato recién llamé a mi papá. Estaba en todas estas diligencias, cuando un joven en moto se paró a mi lado y me dijo que él me iba a acompañar hasta que llegara alguien a ayudarme. Creo, señor Policía, que esos son ángeles que se presentan en la vida ¿Sí o qué?

-Continúe con los hechos, por favor. No se desvíe.

-Estábamos en todo esto con el señor que me asesoraba, que insistía en que no negocie con el volquetero, y con el joven de la moto, quien decía que él vio todo el accidente. Y yo con la presión psicológica de ser la causante de semejante caos vehicular.

-¿Pero usted no fue la causante?

-No del choque, pero sí del tráfico que se armó, porque me aconsejaron que no moviera el carro hasta que usted llegara. Bueno, no usted exactamente, pero sí algún policía. 

-En eso hizo muy bien… Prosiga.

-Entonces, el chico de la moto gritó: “¡se huye, se huye!” Alcancé a tomar unas fotos. ¿Quiere ver? El señor que me asesoraba dejó a su hija conmigo, y se fueron a seguirle al volquetero. Pero regresaron sin resultado.

-Duro le ha sabido meter al pedal. No dejó ni rastro (dijeron cuando regresaron de la persecución). Imagínese que hasta me pedían disculpas por no haberlo atrapado. Me dieron caramelos para los nervios y buscaban alguien que me regalara agua. Unos ángeles estos seres, ¿no le parece? Señor Policía, ya llegaron mis papás. 

-Señora, voy a reportar el choque y al señor de la volqueta. Deme su número de celular. Le comentaré cualquier novedad.

-¿Quiere una mandarina? (le ofrecí al Policía antes de irnos a la mecánica del seguro). 

Dios le pague, señito. Hace bastante calor. Le agradezco, y ojalá arreglen rápido su vehículo. Menos mal que el choque no pasó a mayores y usted está buenita y con vida. 

-Lo que más coraje me dio es que el volquetero huyó (dije y me solté en llanto). 

Lo único que quería era llegar a la casa y estar con mis hijos, pero antes fuimos a la mecánica a arreglar con el seguro todos los trámites y papeleos. Nos advirtieron que el carro iba a estar listo en unas seis semanas. No nos toca más que esperar.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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