En sus marcas, listos, fuego
Afganistán, la heroína, el opio y un mundo de capos
Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

31 Ago 2021 - 19:03

Hay temas espinosos ocultos en la sombra. Nuestra sociedad, una vez más, opina sobre lo que ve, pero como en todo fenómeno histórico, termina subyugada por lo que ignora. Hoy vamos a alargar la mano y apretar las espinas, introduciendo el origen de aquel Afganistán que conmociona a un mundo títere de lo desconocido.

Tras el declive del Imperio Otomano en el siglo XIX, empezó una guerra silenciosa denominada ‘El gran juego’. Los contendientes: el imperio ruso y el imperio británico. El objetivo: Asia Central y el Cáucaso, para lo cual moldearon como plastilina un ‘Estado tapón’ denominado Afganistán, sin que importara lo que sus tribus locales quisieran expresar.

Al otro lado del planeta, Estados Unidos comprendió que para ser imperio, o mejor dicho, El Imperio, debía lograr el dominio absoluto de la economía petrolera del globo. ¿Cómo lo logró? Se reunieron en Azerbaiyán con grupos musulmanes radicales y les entregaron todos los recursos para que pudieran mantener la yihad contra Rusia, a cambio de monopolizar el transporte de crudo.

Sí, para que un imperio pueda nacer, hay que procurar el ocaso de otro. Y así, Estados Unidos consiguió que los talibanes ascendieran al poder, cuyo inocente objetivo era privar a Rusia de control del petróleo.

Pero le falta una pieza clave a este rompecabezas. ¿Qué tienen en común el terrorismo internacional, los mercados financieros mundiales, la construcción de imperios, el capitalismo, el comunismo y el socialismo? Que dependen de los réditos del narcotráfico para mantener sus ficciones.

La guerra contra la droga es, sin duda, más falsa que las teorías de Marx. Siempre que exista dinero que ganar, los Estados defenderán su fuente por sobre el valor de la vida humana.

Y Afganistán, para una falsa guerra contra las drogas, es el epicentro mundial del tráfico de heroína. Sí, lo que es el banano para Ecuador, lo son la heroína y el opio para Afganistán. Solo el opio representa el 32% del PIB de ese país.

Así que vamos a cambiar la fórmula: los imperios del siglo XIX necesitaron el monopolio de los hidrocarburos para mantenerse en la cima. Hoy, parecería, los imperios necesitan el control absoluto de las drogas. Entonces este es un mundo de capos, no de tiranos.

Los gobiernos, lean bien, los gobiernos mundiales trabajan en el secretismo extremo. Las ‘agencias de control’ son reguladoras del comercio, no supresoras de los manantiales.

Atrás de todo el drama religioso que vemos en redes, existe una guerra secreta, dictadores invisibles y sistemas financieros paralelos.

Ustedes, que son los sabios de Twitter, pueden elegir: seguir siendo autoridades del vacío o empezar, por primera vez, a retirar los verdaderos y pesados telones para observar lo que sucede ahí donde no alumbra la luz.

Hoy decidí decir muy poco. Ahí les dejo la espinita de saber que no somos más que piezas desechables en un juego de mesa de gigantes.

Comentarios
Noticias relacionadas

      REGLAS para comentar 
      0 Comentarios
      Comentarios en línea
      Ver todos