Contrapunto
La historia de la Guerra del Ebro narrada por Pérez-Reverte
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

5 Feb 2021 - 19:01

Gran parte de su vida dedicada al periodismo y a la literatura, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España 1951) por primera vez se mete directamente en la Guerra Civil con su novela ‘Línea de fuego’, que narra la sangrienta batalla del Ebro, con abundantes datos históricos y el recurso de la ficción.

La literatura española y sus autores han dedicado millares de páginas a la traumática guerra que duró tres años (1936-1939). De hecho, Pérez-Reverte había escrito y mencionado de manera marginal a través de sus personajes (Falcó, Eva, etcétera) algunas facetas y personajes de la guerra.

Hasta que se decidió a entrar con una novela de casi 700 páginas, editada por Alfaguara, presentada en España en octubre y que llegó a nuestro país casi al finalizar 2020. Es que hablar de esa guerra de manera objetiva o descarnada, para la mayoría de españoles aún resulta incómodo.

Y ese fue quizás el mayor cuidado que puso en sus páginas el escritor cartaginés: evitar una militancia falangista o republicana y, al mismo tiempo, no guardarse nada sobre la crueldad. O, como se dice en una de las presentaciones del libro, “es lo malo de estas guerras. Que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú”.

El uso ideológico de la guerra por parte de los políticos fue precisamente uno de los fundamentos del autor de ‘Hombres buenos’ para meterse en la guerra a través de documentos y testimonios, con el objeto de “devolver la parte humana al discurso de la Guerra Civil”, tal como dijo durante la presentación del libro.

Diario El País replica que la novela es “demasiado pedagógica”, lo cual –dice- resta credibilidad a los personajes que se convierten en “estereotipos” de aquel ingente drama del verano de 1938, escribió Jordi Gracia.

La narración corresponde solo a 10 días de una batalla que, en la práctica, duró cerca de tres meses, tal como señalan otros historiadores, que coinciden en el carácter decisivo que tuvo el Ebro, porque se apagaron las esperanzas de recuperar la Segunda República; y el “generalísimo” Francisco Franco se instaló en el poder hasta su muerte, en 1975.

España estaba dividida ideológicamente entre los leales a la República y los falangistas, auspiciados por la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler. La Unión Soviética apoyaba a los republicanos, aunque España no era una prioridad para Stalin; pero el soviético era, según se relata en la novela “nuestro padre” y otro combatiente se pregunta ¿quién es nuestra madre?

La novela es abundante en personajes y en diálogos. Muy difícil medir si son más numerosos entre los rojos (republicanos) o entre los azules (falangistas). Así como es imposible evaluar la neutralidad o la objetividad, tal como se observa en el rol que cumplen en el combate tres corresponsales extranjeros.

La Guerra Civil no es una guerra corriente, “a la mierda la objetividad”, se lee en uno de los diálogos entre los corresponsales, cosa que seguramente el escritor conoce bien porque fue enviado a varias guerras antes de dedicarse a tiempo completo a la literatura y a la academia.

En la novela los periodistas (una estadounidense, otro inglés y un checo) se ubican geográfica e ideológicamente del lado republicano.

A través de los personajes de la guerra que defienden la República se advierte el peligro de que el país caiga en las garras del fascismo; la derecha falangista denuncia el caos que existía antes del estallido de la guerra y la posibilidad de que España caiga bajo el dominio estalinista.

En uno de los diálogos de un oficial republicano se lee “hay un momento complicado, cuando descubres que una guerra civil no es, como crees al principio, la lucha del bien contra el mal (es) solo el horror enfrentando a otro horror”.

El optimismo estaba del lado republicano, también la autocrítica, tal como relata una sargento encargada de la telefonía en el campo de batalla.

“Hubo momentos peores y no siempre por culpa de los fascistas, entre los nuestros hubo incompetencia y mala fe, por eso es importante el papel que hacemos los comunistas, por oposición a los libertarios anárquicos y a los trotskistas revisionistas y traidores”.  

La derrota Pérez-Reverte la describe así: “quedan pocos heridos en el cobertizo, pues están siendo evacuados hacia el río; y los cadáveres recientes, amontonados en el cráter de una bomba de aviación, se cubren con paletadas de tierra bajo la que asoman formas humanas, vendas ensangrentadas y jirones de uniformes, miembros rígidos, cráneos abiertos, rostros deformados por impactos de balas o metralla. Un catálogo del horror”.

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