Contrapunto
El horror que sembró Sendero Luminoso durante abril rojo
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

23 Jul 2021 - 19:03

Por lo general, los escritores cuentan historias urbanas que ocurren en las capitales de sus países, pero hay excepciones como la Piura que describe Vargas Llosa en ‘El héroe discreto’ o el Ayacucho de terror que narra Santiago Roncagliolo en ‘Abril rojo’ (Alfaguara 2006).

Uno de los principales atractivos turísticos de Ayacucho es la celebración de Semana Santa, considerada una de las más importantes del mundo, después de la de Sevilla, por la enorme devoción de sus habitantes.

Ese es el escenario que Roncagliolo (Lima, 1975) relata a modo de thriller en su libro.

Era el Perú de inicios del Siglo XXI y se suponía que el despiadado y cruel Sendero Luminoso estaba derrotado, eso creía el personaje principal Félix Chacaltana Saldívar. La novela gira en torno al fiscal tímido e inseguro, incapaz de matar a nadie y que, en medio de tanta violencia, se transforma en criminal.

El fiscal Félix Chacaltana Saldívar, como se lo describe en la novela, nunca había hecho nada malo, tampoco nada bueno o, mejor dicho, nunca hizo nada hasta que lo enviaron desde Lima como observador de las elecciones a su natal Ayacucho.

Era la oportunidad que tenía el fiscal de reencontrarse con su madre, a la cual saludaba siempre con respeto y veneraba como a una ‘estampita’ porque estaba muerta.

En la novela solo se habla de la reelección presidencial, no se menciona a Alberto Fujimori, que en el año 2000 se había presentado para una segunda reelección, después de dos períodos consecutivos, en los cuales sembró el autoritarismo y la intolerancia política.

Chacaltana Saldívar, despreciado por policías y por militares se propone aclarar una seguidilla de asesinatos solo por intuición, pero era torpe, todo lo hacía tan mal que finalmente el sospechoso era él.

Los crímenes más horrendos se cometieron durante la Semana Santa en una zona de guerra como fue convertida Ayacucho durante la vigencia del maoísta Sendero Luminoso, que pretendía instaurar una sociedad comunista, tal como proclamaban sus dirigentes.

La Semana Santa era propicia para los más crueles ataques y también para terribles perversiones.

La superstición andina señalaba que, a partir del Miércoles Santo, día del calvario, Dios está muerto, ya no ve ni condena y “hay tres días para pecar”, se dice en la novela, que el mismo año de su publicación ganó el Premio Alfaguara y consagró a Roncagliolo como narrador.

El escritor aclara en el epílogo que los métodos de ataque senderista, tal como señala en el libro, fueron verdaderos, así como también las estrategias antisubversivas de investigación, de tortura y las desapariciones.

En la presentación del libro el escritor peruano decía que siempre quiso escribir un thriller con crímenes monstruosos y que todos los elementos para concretar su idea literaria los encontró en Perú, en una zona como Ayacucho donde la Semana Santa escondía episodios sangrientos.    

Sin embargo, todos los personajes militares, policiales, el cura, la novia que fue seducida por el fiscal Chacaltana, algunos senderistas presos, etcétera, todos son ficticios.

La novia, Edith Ayala era terruca, el adjetivo que se usaba para señalar a los terroristas de Sendero Luminoso en Ayacucho.

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