Diario de Precios
Los impuestos no deben subir. Es el gasto lo que tiene que bajar
Gonzalo Maldonado

Gonzalo Maldonado

Economista y periodista. Trader de commodities, índices y monedas.

Actualizada:

15 Abr - 19:00

Se dice que el gasto público tiene un efecto multiplicador sobre la economía cuando cada dólar aumenta la producción en más de un dólar. Expuesto de manera muy sencilla, el multiplicador del gasto público luce así: 1/(1-c); donde C es la propensión a consumir de la población. C es mayor a cero y menor a 1.

Por ejemplo, si ‘c’ fuera igual a 0,8 el multiplicador del gasto sería 5. Esto significa que cada dólar de gasto público multiplicará por 5 los ingresos de la economía. Mientras mayor sea la propensión a consumir, más alto será el multiplicador del gasto, y viceversa.

¿Pero qué sucede si ese gasto es financiado con impuestos? El impuesto debilita la demanda porque retira dinero de las manos de las familias y de las empresas. Por eso el impuesto tiene un efecto desmultiplicador sobre el gasto público. Matemáticamente, ese efecto negativo puede expresarse así: –c/(1-c).

Si sumamos el efecto multiplicador del gasto con el efecto desmultiplicador del impuesto –es decir si hacemos esta operación 1/(1-c) – c/(1-c)– el resultado que obtendremos será igual a 1. ¿Qué significa esto?

Significa que los impuestos eliminan el efecto multiplicador del gasto: cuando es financiado con impuestos, cada dólar gastado producirá ingresos por ese mismo valor y ya no por 5, como en el ejemplo anterior.

¿Qué conclusiones podemos sacar de las líneas anteriores?

  1. Que, en las actuales circunstancias, es inconveniente subir impuestos o imponer más contribuciones especiales a la población porque merma el efecto multiplicador del gasto público sobre la economía. Debilitar el efecto multiplicador del gasto es, en un entorno recesivo como el actual, totalmente improcedente porque agudiza la pobreza y el desempleo.
  2. Que el efecto multiplicador del gasto permanece intacto cuando ese gasto es financiado con deuda en vez de con impuestos. Esto significa que, en las actuales circunstancias, es indispensable que el Gobierno haga un esfuerzo por conseguir liquidez del exterior para cubrir las innumerables necesidades sanitarias del país.
  3. Que se debe bajar el gasto público en vez de aumentar los impuestos y las contribuciones. En esta misma columna he dicho que se debería promover una reducción del orden del 25% en los gastos salariales. Esto debería hacerse con la asistencia de la OIT y con el apoyo de la Asamblea. Una reducción consensuada de los salarios públicos liberaría unos USD 2.500 millones por año y evitaría que se produzcan despidos masivos en el Estado.
  4. Todos esos recursos liberados se canalizarían hacia la sociedad civil. Una porción importante servirá para cubrir los gastos emergentes en materia de salud pública y los subsidios directos que tendrán que seguir entregándose a la población más vulnerable del país. Ese gasto tendría un efecto multiplicador sobre la economía porque no habría sido financiado con impuestos.

@GFMABest

Noticias relacionadas