Contrapunto
La incomparable y variada música brasileña desde el clasicismo
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

18 Sep 2020 - 19:00

A Brasil, en la actualidad con más de 200 millones de habitantes, se lo ha considerado un continente que, como tal, tiene variadas y extensas regiones y culturas, pero una sola identidad idiomática: el portugués. 

Cuando se piensa en artistas la mayoría corresponde al siglo XX, que siguen vigentes en el XXI. Gilberto Gil, Caetano Veloso, Antônio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes, Chico Buarque, Milton Nascimento, Gal Costa, María Bethânia (hermana de Caetano), solo por citar a algunos.

La música del sur es diametralmente diferente a la del norte o a la del centro. Los carnavales cariocas y bahianos establecen enormes diferencias; muy conocida es la samba, eternamente ambientada con el carnaval, la bossa nova, el pagode, forró, choro, la música sertaneja, etcétera.

Lo que no todos conocen o no recuerdan es que también Brasil aportó con música y músicos al repertorio sinfónico y operístico universal. Tal vez la figura más importante y de mayor reconocimiento sea el carioca Heitor Villa-Lobos (1887-1959), que comenzó, al igual que los grandes músicos rusos, investigando el folclor de su país.

De Villa-Lobos escribiremos sobre su variada obra en un próximo artículo; porque comenzaremos con Carlos Gomes (1836-1896) un triunfador en Italia, Francia y en gran parte de Europa gracias a sus composiciones operísticas como il Guarany, considerada una de las mejores obras líricas que se presentó en la Scala de Milán con un rotundo éxito.

Mire en este vídeo un aparte de la ópera il Guarany:

Triunfar en Italia, el país de la ópera de Verdi y de no menos de 20 importantes músicos que durante dos siglos brillaron y lo convirtieron en uno de los mayores referentes de la cultura y las artes en general, no es poca cosa.

Nacido en Campinas, interior del estado de São Paulo, a los 10 años de edad integraba una banda que había formado su padre. Comenzó tocando el clarinete, luego el piano y el violín; después viajó a São Paulo y comenzó a componer mazurcas y modinhas, una música popular de origen portugués.

La vida de Antônio (no usaba su primer nombre) Carlos Gomes comenzó a cambiar cuando viajó a Río de Janeiro en 1859, que entonces era la capital del imperio gobernado por Don Pedro II.

En la capital carioca estudió composición y se le presentó la oportunidad de tocar algunas de sus obras en los salones del emperador. Ya había escrito sus dos primeras óperas A noite do Castelo y Joana de Flandres. Impresionado, Don Pedro II le concedió una beca para estudiar en el Conservatorio de Milán. 

Después de tres años de estudio recibió el diploma que lo acreditaba como maestro-director y compositor; su futuro parecía asegurado, pero el emperador ya se había propuesto poner fin a la monarquía y convertir a Brasil en una República Federal, el 15 de noviembre de 1889.

Se le pide a Gomes escribir el nuevo himno, ya que hasta entonces regía el de Don Pedro I tras la independencia de Brasil el 7 de septiembre de 1822, pero se negó; también perdió el apoyo financiero. Finalmente el himno, que alude a la gesta independentista de Ipiranga, lo escribió Joaquim Osorio Duque con música de Francisco Manoel da Silva.

En todo caso, la consagración musical para Gomes llegaría en 1870 con el estreno en el teatro de la Scala de Milán de su obra il Guarany, basada en la novela homónima de José de Alencar. En la ópera, que narra el romance entre Ceci, hija de un hidalgo portugués, y Peri, un indio héroe, Carlos Gomes colocó al Brasil en el mapa cultural europeo e inmortalizó la ópera brasileña.

Verdi vio la obra dos años después en Ferrara y declaró a la Gazzeta Ferrarense: “Asistí con gran satisfacción a la ópera del colega Gomes y puedo afirmar que es de refinada hechura, reveladora de un alma ardiente, de un verdadero genio musical”.

Después vendrían Fosca (1873), Salvator Rosa (1874) y María Tudor (1879). A partir de 1882, estableció su residencia entre Brasil e Italia; de esta época son el Hino a Camões y la ópera Lo Schiavo (1889).

Enfermo y con problemas financieros, escribió su último trabajo, el poema vocal sinfónico Colombo, oratorio para conmemorar el cuarto centenario de la llegada de Colón a América, estrenado en Río de Janeiro el 12 de octubre de 1892 y con poco éxito.

Fuentes: EcuRed (Cuba). Jaime Aldaraca Ferrao: Bajo el designio de los dioses il Gurany y Atzimba.

Noticias relacionadas