El Chef de la Política
Los “independientes”: ingobernabilidad y corrupción
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

30 May 2021 - 19:03

Uno de los factores que afecta de forma más dramática la gobernabilidad de Ecuador es la presencia de legisladores autodenominados “independientes”. En este grupo hay de todo, como en botica.

Por un lado, están los que forman un movimiento seccional orientado exclusivamente a explotar electoralmente su propia imagen y el reconocimiento público. La única finalidad de la endeble estructura proselitista es, por supuesto, conseguir un escaño legislativo para su gerente-propietario.

Por otro lado, están los que a lo largo del tiempo han logrado apoyo ciudadano a partir de prácticas de intercambio de votos por favores.

En este caso, el cacique no forma un movimiento propio sino que espera la llamada de algún partido nacional para encabezar su lista de candidatos. Puesto que en esta alianza electoral no media ningún compromiso más allá de que el uno ponga la cara y el dinero para la campaña; y, el otro, el membrete electoral que tanto le ha costado mantener ante el Consejo Nacional Electoral, una vez que el cacique llega a la Asamblea Nacional, cada quien camina por su cuenta.

Finalmente, está el “independiente” que, luego de pertenecer a una agrupación política y generalmente como consecuencia de un quítame esas pajas, una mala distribución de espacios de poder o los ofrecimientos del gobierno de turno para pasarse a su bando, decide autoproclamarse como tal.

Incluyo aquí a los que asumen su posición autonómica luego de que sus organizaciones políticas, por razones similares a las ya anotadas, los invitan a abandonar el redil.

Como consecuencia de sus similares rasgos identitarios y por encima de sus intereses diversos y posturas políticas disímiles, los “independientes” se juntan, dan una denominación sofisticada o cargada de halo democrático a su cuasi agremiación y empiezan a operar a manera de bancada legislativa. En general, suelen alcanzar entre el 10% y el 15% de los asientos legislativos.

En general, suelen alcanzar entre el 10% y el 15% de los asientos legislativos.

Este grupo está formado prioritariamente por hombres, de provincias con menor población y con carreras políticas previas a nivel seccional. De esa forma, nace en cada período legislativo un sector respecto al que casi nadie conoce a sus integrantes por sus nombres sino simplemente por el hecho de que, en términos generales, son los actores decisivos en la toma de decisiones políticas del país.

Allí radica, precisamente, el efecto nocivo de los “independientes” para la gobernabilidad del país y el funcionamiento de la legislatura pues, dada la fragmentación partidista existente, sus votos terminan por dirimir los temas en los que las agrupaciones políticas más representativas deberían ser la voz cantante.

Así, conocedores de que sin sus votos las mayorías no pueden articularse, los “independientes” suelen negociar su apoyo a cambio de comisiones legislativas, cargos en sus respectivas provincias, prebendas específicas y, lo que es peor y más nefasto, espacios públicos para desde allí propiciar actos de corrupción.

Como este tipo de intercambio es histórico, lo sucedido con la ecuación ‘un hospital = un voto’ no es una novedad aunque sí lo es que haya sido la salud de la ciudadanía el objeto de la transacción.

Hoy por hoy, nada extraña sobre los “independientes” y su independencia respecto a todo y todos, inclusive a los parámetros más básicos de la ética pública.  

Conocedores de que sin sus votos las mayorías no pueden articularse, los “independientes” suelen negociar su apoyo.

Lamentablemente, el gobierno del Presidente Guillermo Lasso no será ajeno a la lógica citada. Dicho en sencillo, cualquier fórmula para alcanzar mayorías en la Asamblea Nacional requerirá de este grupo de depredadores de los recursos del Estado.

Si el oficialismo se acerca a la alianza ID-PCK, no le alcanza, requiere votos “independientes”. Si las conversaciones son con PSC o UNES, algo similar. En cualquier caso, en este grupo se encuentra la vía para destrabar cualquier tensión política y ellos lo saben.

Aunque se les deja aún el margen para la duda, cuesta creer que en esta ocasión las cosas sean diferentes. Cuesta creer, además, que en esta ocasión el gobierno no sucumba ante las demandas de los “independientes”.

Salidas ante este flagelo de la política nacional existen. Lo que no existe es decisión política. La reforma integral al Código de la Democracia, a través de la que se fomente la integración de partidos nacionales, dejando para los cargos locales a los movimientos puede ser una solución.

No es la óptima, pero es la que podría concitar mayores acuerdos. Sin embargo, aunque las cuatro corrientes políticas nacionales que tiene el país – Revolución Ciudadana, PCK, ID y PSC – saben perfectamente cuál es la ruta para liberar al país de esta traba a la gobernabilidad, prefieren mantener las cosas como están pues su cortoplacismo político puede más.

***

Con “independientes” como los nuestros no hay forma de generar gobernabilidad. Con las excepciones que siempre hay, en este grupo está además uno de los principales focos de corrupción pública.

La ciudadanía, los medios de comunicación y los legisladores honestos que siempre hay tienen que estar atentos pues, tarde o temprano, por allí se filtrarán los primeros escándalos de la Asamblea Nacional.  

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