Con Criterio Liberal

Lo que ocultan los datos de crecimiento: la falta de ilusión en Ecuador

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

11 Abr 2022 - 19:00

El Banco Mundial proyecta un crecimiento del PIB de Ecuador del 4,3%, dato que hay que tomar con toda la precaución, pues nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, ni los “técnicos economistas” de los grandes organismos, ni las brujas, ni los nigromantes.

Hay que considerar que el mismo Banco Mundial en enero decía que Ecuador crecería un 3,1%, un cambio de más del 30% en tres meses es difícil de justificar, pues no parece que, excepto el precio internacional del petróleo, haya cambiado nada en la economía del país.

El Banco Central de Ecuador prevé un crecimiento mucho más modesto, de tan solo un 2,8%, lo cual encaja mejor con las previsiones de los expertos, que en marzo de 2022 oscilan entre el 2,8% y el 3,2%, pero que en octubre de 2021 oscilaban entre el 2% y el 3%, y en noviembre entre el 2,5% y el 3,5%.

Tales discrepancias solo pueden llevarnos a desconfiar de los expertos y a entender que la economía es una ciencia humana, y que la acción humana es impredecible, no sigue tal o cual modelo o previsión.

Pero lo que sí es cierto es la debacle económica de Ecuador en los últimos ocho años.

En 2014 el PIB per cápita, que es el que afecta a los ciudadanos, era de USD 6.377, en 2021 fue de USD 5.665.

Esto es, en siete años los ecuatorianos han perdido de media USD 712 de renta. Son siete años más viejos y un 11% más pobres.

Si esto ya es malo, la situación es aún peor.

La sociedad ecuatoriana está mucho más endeudada. Según la Asociación de Bancos de Ecuador (Asobanca) en 2014 había otorgado en torno a USD 20.000 millones en créditos, a día de hoy la cifra sube a USD 35.000 millones, más de un 50%.

Y la ilusión se ha perdido. Ya ni siquiera se habla de la ilusión. ¿Quién habla en Ecuador de ilusión, proyectos o inversión?

Toda inversión es esperanza, es creer que el proyecto saldrá adelante. Es tener fe en que se venderá más de lo que se invirtió, tener ganas de crear nuevos empleos.

La situación política sigue encrespada y los ciudadanos cabreados y decepcionados y nadie parece tener esperanzas en una mejora real en el corto plazo, en ningún político ni institución.

Y ya son ocho años de la vida de las personas sin que haya crecimiento económico, nuevas oportunidades de empleo, esperanza en un futuro mejor.

Es aún peor para los jóvenes, que pueden ver todos sus años de formación, toda su juventud, todas sus oportunidades de incorporación al mercado laboral desaparecidas.

Por eso, este ambiente de inestabilidad política, de politiqueo y desesperación es todo lo contrario de lo que necesita Ecuador. Seguridad jurídica, cambiar las leyes laborales, fiscales y de producción, para generar ilusión que pueda traer inversiones que mejoren esta desesperada situación.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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