Con Criterio Liberal
El justiprecio desde los escolásticos hasta los arroceros del Guayas
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

13 Sep 2021 - 19:00

Mientras preparo la clase sobre “pensamiento económico medieval” leo las noticias de Ecuador en la que los arroceros del Guayas reclaman un “precio justo”. Fascinante.

Primero para enseñar a los alumnos que la historia del pensamiento económico es mucho más que las opiniones de unos señores viejos muertos. Es el conocimiento acumulado de los más sabios que han reflexionado sobre los mismos problemas que nos acucian a día de hoy.

¿Qué es un “precio justo”? Es más, ¿qué es un “precio”? A pesar de que a diario hablamos de “el precio de algo” no es una cuestión nada fácil.

Algunos pueden creer que es los costes de producir algo, añadiéndole un cierto beneficio. Pero entonces, si alguien produce muy caro, vendería igual. Y sabemos que eso no es así.

Ya decía Luis Saravia de la Calle en 1544 que “los que miden el justo precio de la cosa según el trabajo, costas y peligros del que trata o hace la mercadería yerran mucho; porque el justo precio nace de la abundancia o falta de mercaderías, de mercaderes y dineros, y no de las costas, trabajos y peligros”.

Otros pueden creer que “precio” es lo que determina el gobernante o la autoridad, pero en realidad casi todo lo que compramos no tiene un precio fijado por el gobierno, y cuando los hay, se produce contrabando y mercado negro. Ya decía Juan de Salas en 1617 que en los precios de las cosas intervienen tantas variables, que el precio exacto solo lo podría saber Dios.

Se puede aducir que “precio justo” es el fijado por el mercado, incluso con un cierto margen superior o inferior, pero entonces no hay un “precio justo” estable y objetivo.

Fueron los escolásticos salmantinos del siglo XVI quienes terminaron concluyendo que el “precio” es un acuerdo entre comprador y vendedor, y que si no hay engaño por ninguna de las partes (y ya Santo Tomás en su Summa Teologica plantea que no necesariamente uno ha de decir todos los defectos de la mercancía que vende), entonces ese precio es “justo”.

Pues no hay criterio alguno objetivo posible, pues solo comprador y vendedor conocen su situación, planes, urgencia de vender y comprar eso en ese momento.

Salvo los marxistas, que aún se adhieren a una quimérica teoría del “valor trabajo”, desde el siglo XVII prácticamente todos los economistas sabemos que el precio es un acuerdo entre comprador y vendedor.

¿Entonces por qué los arroceros de Guayas protestan? Porque en el mercado de arroz en Ecuador, como en otros tantos, no hay un mercado libre donde se pueda negociar para llegar a un acuerdo.

Hay un “precio de sustentación” que decide de manera arbitraria el Gobierno, lo que crea unos incentivos perversos, pues si los arroceros quieren ganar más dinero no deben ser más eficientes para satisfacer mejor a sus clientes, como ocurre en un mercado libre, sino protestar de la manera más escandalosa posible para crear más presión política al ministro o ministra de turno, y lograr que eleve el precio de sustentación.

Empobreciendo con ello a la mayoría de ecuatorianos, que han de pagar un precio más alto por el arroz (¿es eso un “precio justo” para los consumidores que somos las grandes mayorías incluidos los más pobres?).

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