Leyenda Urbana
Lasso rompe el mito del banquero malo y se alza con la victoria
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

12 Abr 2021 - 19:02

Ni el oráculo de Delfos podría haber adivinado que Rafael Correa y su delfín, Andrés Arauz, aceptarían la derrota. Desde la víspera habían caldeado el ambiente y horas antes de conocer los resultados habían mencionado un fraude, poniendo al país en alerta y tensión.

Las contundentes cifras oficiales, con una diferencia de más de cinco puntos, dieron el triunfo al candidato de la alianza CREO-Partido Social Cristiano, Guillermo Lasso. El resultado era inapelable; no había nada que hacer, sino aceptar. Y lo hicieron.

Fruto de una disciplina prusiana, asumida y practicada en los pocos días que duró la segunda vuelta, Guillermo Lasso protagonizó una campaña electoral disruptiva, que rompió la rigidez de su propia presencia, transformando su discurso y hasta su lenguaje corporal. Y se ha hecho con la victoria.

Comenzó con la humildad, que suele ser esquiva en los políticos. Mientras se hallaba en los escalones más bajos de su campaña, por los menguantes apoyos en las urnas, Lasso tuvo la lucidez para escuchar, asimilar, cambiar y actuar.

En la línea del tiempo, inició en febrero aceptando la invitación de su rival de Pachakutik, Yaku Pérez, para la reapertura de urnas. Fue al Consejo Nacional Electoral (CNE) e improvisó un discurso tan contundente, como inesperado, con una retórica que no había exhibido y con una firmeza no reconocida.

La disputa por quien pasaría a la segunda vuelta proseguía tras la reunión en el CNE, pero Lasso salió de allí como el verdadero retador de Andrés Arauz, que estaba fijo en el balotaje. La gente le regresó a ver y percibió que el exbanquero quería ganar la Presidencia.

Ubicado en la segunda vuelta, Lasso se acercó a las mujeres, a los indígenas, a grupos ecologistas, a los LGBTI y asumió compromisos, consciente de que si llegaba a gobernar un estado laico será para toda la diversidad del país y no solo para quienes coincidan con sus convicciones.

La campaña del representante de la alianza CREO-Partido Social Cristiano había dado un viraje, y encaró la segunda vuelta como un nuevo candidato; una nueva persona, y con nuevos estrategas. Su candidatura tomó vuelo.

Un video en TikTok luciendo jeans y zapatos rojos, simulando el famoso paso de Michael Jackson y con ‘Bad’ como banda sonora, tuvo el efecto mágico en el electorado y la conexión con las nuevas generaciones. Pero había algo más.

“Andrés, no mientas otra vez”, la frase dicha en el debate oficial, caló en el electorado. Los memes, esa arma prodigiosa que adapta, moldea y transforma un mensaje, proliferaron en las redes. Se compusieron canciones que se tarareaban en todo lado. En ese punto, más gente se había metido en la campaña, y la activaban de manera espontánea.

La victoria de Lasso tuvo mil padres y madres. Si no, pregunten a Silvia Buendía o al compositor Beto Malave y su combo, por solo mencionar a algunos de los muchos activistas.

“No llego con una lista de a quienes tengo que perseguir. Esta noche todos los ecuatorianos podrán dormir tranquillos”, dijo Lasso, el domingo.

En la mente de todos retumbaron las amenazas de Correa, citando nombre por nombre a sus futuras víctimas, si ganaba Arauz. Al saber que venció el cambio, la gente respiró y agradeció el viraje político que había dado el Ecuador, protagonizado por su propio pueblo.

Quien no debe haber dormido el domingo es Guillermo Lasso, a quien el destino le pone a gobernar Ecuador en los momentos más aciagos de su historia, cuando la gente muere contagiada por la pandemia que arrecia.

Entonces, sabe que todo es urgente y prioritario, y que necesita atender al pueblo, que ya es su razón de ser.

Un plan de vacunación se impone ya, para garantizar el suministro con los laboratorios y organizar la logística en todas las provincias. Salvar vidas y sembrar optimismo en un país atravesado por la angustia no puede esperar. Para eso tiene a su vicepresidente, Alfredo Borrero.

Tampoco los acuerdos políticos pueden aguardar, pero tienen que ser hechos ante la faz del país, que debe apropiarse de la agenda pública, y respaldarlos.

Paradojas de la política. Proveniente de la derecha y triunfador con el voto de quienes en primera vuelta apoyaron a los candidatos de izquierda, el presidente electo de Ecuador, Guillermo Lasso, está obligado a moverse para converger en el centro del espectro ideológico, dónde debe darse el encuentro que plantea.

Unir al país no debe ser una oferta, sino un desafío; uno enorme, porque los movimientos y los partidos también están fragmentados, pero sus dirigentes tienen que entender que Ecuador dio un vuelco.

Los jóvenes se han involucrado y ya no pueden jugar a la política sin ser observados, en instantes en que un exbanquero ha librado al país de Correa y del socialismo de siglo XXI que nos dividía.

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