En sus marcas, listos, fuego
Legítima defensa con subtítulos
Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

12 Oct 2021 - 19:03

Todos saben, según Hollywood, qué es la legítima defensa. Hoy vamos a salir de las salas de cine, nos vamos a sentar, con una cobijita y un té bien caliente, y vamos a aprender juntos qué es la legítima defensa en la vida real.

El sustento filosófico es: el Estado, a través de las fuerzas de seguridad, es el único legitimado a utilizar la violencia progresiva para defender la vida de sus ciudadanos. Esto se llama ‘monopolio estatal de la violencia legítima’.

Pero esta regla tiene una excepción: existen casos cuando, ante una agresión, no hay tiempo para llamar a la Policía o para avisar a las autoridades.

Los segundos o minutos son tan escasos que quedan dos opciones: vivir o morir. Y para vivir, ante la imposibilidad física de que el hermoso Estado venga a nuestro rescate, debemos defender nuestra propia integridad. Esto es la legítima defensa.

Pero para que la legítima defensa sea, pues eso, legítima, se deben cumplir tres requisitos. En este punto ya pueden sacar lápiz y papel.

Ataque actual o inminente ilegítimo: deben estar atacándolo o a punto de atacarle ilegítimamente. ¿Existen ataques legítimos? Claro. Por ejemplo, cuando un policía los esposa y los lleva a un patrullero (por conducir borrachos), no pueden decir que están siendo secuestrados y por ello matar al policía para evitar el ‘secuestro’.

Pero si yo, que soy un ‘gallo’ cualquiera, intento amarrarlos y meterlos en mi cajuela, entonces es obvio que no actúo legitimado por ninguna ley, obvio que les estoy secuestrando, obvio que no hay tiempo para llamar al ECU911, obvio que pueden romperme la nariz.

Entonces el primer requisito es que el medio de defensa sea la acción de “repeler una agresión ilegítima”. Anotarán, “repeler”, verbo transitivo.

El medio empleado ha de ser racional: No dice “proporcional”. Eso significa que si a usted señor policía le atacan con un machete y lo que tiene es una pistola, usted no va a decir: “aguántame un ratito voy a buscar un cuchillo en la cocina”, porque hasta eso lo machetearon como helecho salvaje en jungla amazónica.

Si lo que tiene es la pistola, dispare. Si el hombre está desarmado y lo tiene sometido en el piso y lo que tiene en la mano es una piedra: golpee por favor. Lo único que deberá observar es procurar, en la medida de lo posible, causar el menor daño.

Por ejemplo, si usted es policía y el agresor viene a acuchillarlo a tres metros de distancia, no le dispare entre las cejas; enfóquese en la rótula.

Falta de provocación: el que se defiende no debe haber provocado la agresión ilegítima. Por ejemplo, usted se baja del auto a darle de puñetes al motociclista temerario que le sacó la mala seña.

El motociclista antes de que usted le pegue le mete un cabezazo (con casco puesto). Usted lo derriba y lo patea en el suelo. No puede alegar que se defendió del cabezazo, pues usted provocó el cabezazo (no me dirá que la mala seña provocó que usted le caiga a golpes. Si sostiene eso, vaya a terapia).

Finalmente, se ha de evitar el exceso de legítima defensa: ya derriba a su asaltante y lo deja medio inconsciente. Por favor, no le siga pateando en el suelo hasta perforarle los pulmones con las astillas de las costillas, porque eso ya no es “repeler una agresión”, eso es venganza pura y dura, y aquí el exceso de legítima defensa no está autorizado.

Entonces sí, con legítima defensa puede herir y hasta matar, siempre y cuando sea por defender su integridad y su vida. ¿Esto me lo inventé yo? No. Está debidamente legislado.

Ahora bien, admito que hay un problema: se defienden, llega la policía y se los lleva presos a ustedes (sean ciudadanos o policías defendiendo a ciudadanos).

Sí, van a ganar al probar la legítima defensa. ¿Pero quién les devuelve el sufrimiento de estar encerrados, el dinero gastado en abogados, el trabajo perdido? Ajá, nadie.

Es que ante un caso evidente de legítima defensa, ningún policía debería detenernos, a ningún fiscal se le debería ocurrir pedir prisión preventiva, a ningún juez se le debería cruzar por la cabeza encerrarnos. Y esto es obvio.

Pero como en esta patria el sentido común es el menos común de los sentidos, parece que urge hacer una reforma a la ley inventando el agua tibia: “en los casos en que se evidencia que los hechos son producto de legítima defensa, quien se defendió no será detenido ni privado de su libertad”.

Y obvio, se deberá iniciar una investigación, pero con todos en libertad, así evitamos que, en esta patria soberana, no se le ocurra a alguinitos inventarse legítimas defensas para matar a diestra y siniestra.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores pero no la posición del medio.

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