En sus marcas, listos, fuego
‘Limpieza social’
Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

5 Oct 2021 - 19:03

Esta columna está dedicada a todos los que comentan que la masacre en las cárceles es una forma de ‘limpieza social’.Maravilla, que se maten entre ellos”, “Muertos ya no son peligrosos”, “¡Bien! Le ahorran balas al gobierno”.

Si piensan así es porque leen poco. Les voy a explicar cuál es la génesis de la delincuencia y de la inseguridad en las calles. Voy a lanzarles, con ventilador, estadísticas ecuatorianas actualizadas, para que las procesen con calma, en paz.

¿Mi objetivo? Incentivar un debate con contenido, no uno estomacal. Ahí vamos.

Primero, el 5% de los presos nunca fue a la escuela. El 47% de los presos llegó a la escuela, pero de ahí no pasó.

El 41% de los presos llegó al colegio, pero de ahí no pasó. Ajá, el 93% de los presos, entonces, llega a su vida adulta sin o casi sin educación.

Establecido este porcentaje, el 45% de los presos tiene entre 18 y 30 años, es decir, están en la edad productiva y más competitiva de las personas, pero resulta que no tienen educación. ¿Cómo van a sobrevivir en sociedad?

El 54% de los presos está tras las rejas por delitos contra la propiedad (robos y hurtos) y delitos relacionados con drogas (mulas). Es decir, los delitos de los pobres.

En el primer mundo, por ejemplo: en Noruega, Dinamarca, Japón, Holanda, Finlandia, cuando se incrementó el acceso a la educación, a la salud y a la alimentación, disminuyó directamente el índice de criminalidad, al punto que se cierran anualmente cárceles porque quedan vacías.

El 48% de los presos tiene prisión preventiva. Es decir, casi la mitad de ellos siguen siendo inocentes. El 10% ya podría salir con prelibertad para reducir el hacinamiento y aumentar el control estatal, pero no cuentan con abogados que les hablen de sus derechos.

En 2008 teníamos 8.000 presos. Hoy tenemos 40.000. Ecuador tiene 224 presos por cada 100 mil habitantes. Hagan las matemáticas del crecimiento porcentual.

¿Sirvió de algo el crecimiento exponencial de la población carcelaria? ¿Disminuyó la delincuencia? No, ¿verdad? Bienvenidos al descubrimiento del agua tibia: el Derecho Penal no es la solución para la criminalidad.

Si, como sociedad, no somos capaces de entender la fórmula menos educación y más pobreza = incremento proporcional de la violencia, entonces seguiremos siendo una jauría que inyecta glucosa a su población y luego intenta luchar contra la obesidad con aspirina.

Ahora bien, entendido que las cárceles están llenas de personas pobres, es momento de analizarlas. ¿Quiénes se dan bala adentro? Carteles de droga y sus escuadrones.

¿Deben limpiarse entre ellos? Verán, les explico: ustedes saben que se van a morir, ¿verdad? Pues los delincuentes saben que entre los sucesos investigables está la cárcel, previo a la muerte.

La cárcel es un centro de operaciones tan importante para el crimen organizado que es uno de sus principales objetivos. El control de las cárceles es un bastión de poder tan grande que no puede ser descuidado. De qué sistema de rehabilitación hablamos cuando el sistema carcelario es un objetivo criminal.

Al existir una conexión directa entre mundo interior y mundo exterior, siempre, cuando explota la violencia en las cárceles, crece la violencia fuera de ellas. Por eso usted, que no entiende esto y clama por una eliminación entre personas presas, será víctima mañana de lo que aplaude ahora.

La primera solución es a largo plazo: dejar de pensar con réditos electorales al hacer obras. Sí, los electores votan por bienes, no por servicios y, por ello, el que entregue menos bienes y dé más servicios jamás será reelecto.

En segundo lugar: administrar una cárcel no es jugar al Safari en un parque de animales. No. Ya va siendo hora de elegir expertos y menos Rambos.

Pero eso tampoco tendrá solución si seguimos manteniendo panópticos de control, ideados hace 70 años, absolutamente caducos. Las cárceles ecuatorianas, desde su arquitectura hasta su control poblacional, son el cimiento para que el que entra salga peor de lo que entró.

Pero como aquí priman los votos babosos y no el futuro, yo veré a la distancia como quienes aplauden la ‘limpieza interna’ terminarán, tarde o temprano, en esta tierra soberana, refundidos tras barrotes.

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