Leyenda Urbana
Llori y Villavicencio se enfrentan; juicio a Celi levanta polvareda política
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

10 Ago 2021 - 19:04

Deben haber saltado de emoción porque habrán creído que el juicio político a Pablo Celi se caía, y que toda la información altamente sensible que dice tener el excontralor se la llevaría consigo al ostracismo político, desde dónde ya nada sería revelado.

Con una sonrisa de complicidad consigo mismos, habrán imaginado que sus nombres no serán mencionados en el pleno de la Asamblea cuando, a la hora de la venganza, Celi los recite, uno tras otro, abriendo la caja de los truenos que sacudirá al país, con réplicas y estragos inimaginables.

En el hostil y mal intencionado mundillo de la política, no faltó quién se atreviera a decir que el presidente de la Comisión de Fiscalización, Fernando Villavicencio, quería salvar a Celi, por lo que el juicio fracasaría.

A tres meses de instalada la Asamblea, enredos y malentendidos la han llenado de intrigas y este proceso político lo ha exacerbado. Es evidente que hay intereses, miedos y odios.

Pero resulta demencial solo imaginar que luego de que Villavicencio pasara años hurgando y denunciando la corrupción de los poderosos, hoy que tiene poder político, pudiera echarse para atrás.

El juicio político al ex contralor Pablo Celi va, aunque sin el informe de la Comisión de Fiscalización, por un craso error en los plazos legales, atribuido a la secretaria de la Comisión, que renunció al cargo.

Por este hecho, la presidenta de la Legislatura, Guadalupe Llori, llamó “negligente” a su colega parlamentario, Fernando Villavicencio. Y ardió Troya.

Las diferencias entre los dos asambleístas, que forman parte de la mayoría que los ubicó en las posiciones relevantes que ostentan, ha ido in crescendo, hasta niveles riesgosos. Deben detenerse.

No es bueno para la democracia que dos antiguos conocidos, luchadores que supieron resistir y vencer la persecución durante el correísmo, se enzarcen en una pugna que dejará heridas y distancias indeseables.

Las diferencias y sospechas entre los legisladores rondan los pasillos de la institución y saltan a las redes en las que se siembran dudas de unos hacia otros. Éticamente, es insostenible; se están disparando a los pies.

Desde luego que hay hechos objetivos que alimentan las controversias, pero, procesadas de manera adecuada, no deberían atizar la llama del odio.

La alerta sobre la probable compra de vehículos de alta gama para la Asamblea, subió la temperatura del ambiente legislativo. Otra vez, se enfrentaron Llori y Villavicencio. Lo bueno es que no habrá, por ahora, tal adquisición.

Pero que se haya intentado adquirir vehículos de alta gama, en medio de una severa crisis económica, y cuando la sensibilidad social está a flor de piel, evidencia ausencia de sentido común básico.

Que el ambiente político nacional es hostil, es incontrastable; por eso mismo, la presidenta de la Asamblea tendría que moverse con destreza e inteligencia, para no caer en ninguna trampa, y tampoco encerrarse en una suerte de cárcel ideológica.

Siendo la primera mujer amazónica en presidir la Legislatura, su paso por el cargo tendría que ser ejemplar, para dejar huella. Pero que hayan salvado de una investigación a su coidearia Rosa Cerda, luego del insólito “si roben, roben bien (…)”, es deplorable.

Y es que Pachakutik no puede lanzar por la borda sus años de lucha contra la corrupción; justamente, cuando han llegado al Poder Legislativo. Es absurdo malversar su propia trayectoria. Pero, allí estamos.

La semana anterior, el correísmo, Pachakutik, algunos legisladores de la Izquierda Democrática e independientes, se juntaron y bloquearon el pedido de la asambleísta Marjorie Chávez, del PSC, para pedir la renuncia a Rosa Cerda. De eso polvos vienen estos lodos.

Mientras tanto, los correístas parecen alentar las diferencias y disputas en la Asamblea. Como pescadores de aguas turbulentas, los acuerdos y la armonía les descomponen. Y tienen agenda propia.

En el juicio político a Pablo Celi el interpelante es Juan Cristóbal Lloret, de UNES, que busca la censura y destitución del excontralor, pero por arrogación de funciones; así pretende se desconozca lo actuado por el funcionario desde el 21 de junio de 2017, hasta fecha, para sembrar el caos y salvar a los suyos de la cárcel. ¿Quieren más pruebas?

Lo que no está claro es por qué Fernando Villavicencio ha dicho, en reiteradas ocasiones, que lo quieren fuera la Presidencia de la Comisión de Fiscalización. Quiénes son y qué pretenden, son preguntas que merecen respuestas.

En tales circunstancias, solo un fuerte liderazgo podría enderezar el camino de la Legislatura. Para ello, Guadalupe Llori tendría que actuar con la frialdad de un químico y la lucidez de mujer y estratega. Es su gran desafío.

¿Cómo saldrá el juicio a Pablo Celi? No hace falta clarividencia para presumir que todas las bancadas votarán por la censura y destitución.

¿Se imaginan que, cuando los ojos del país estén sobre ellos, algún asambleísta se atrevería a no apoyar la moción? La polvareda mutaría en huracán.

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