Con Criterio Liberal

Metro de Quito: hay algo mucho más importante que el dinero

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

3 Ene 2022 - 19:00

Ya estamos en 2022 y aún no hay Metro de Quito, cuando inicialmente se preveía que se inauguraría en diciembre de 2019, más de dos años de retrasos que causan aún más pobreza a Ecuador.

Es muy discutible si el Metro era la mejor manera de gastar USD 2.000 millones del dinero de los ecuatorianos (USD 500 millones más de los USD 1.500 proyectados, un “pequeño error” del 33% que cometieron los “técnicos”.

Pero una vez que ha sido construido el túnel por el consorcio entre Acciona y la infausta Odebrecht, sólo queda operarlo.

Ante todos estos retrasos el presidente Guillermo Lasso anunció que el Gobierno financiaría con USD 150 millones más el metro de Quito, en un error gravísimo que es creer que la causa de la pobreza es la falta de dinero cuando, más bien, la falta de dinero es la consecuencia de la falta de instituciones y de condiciones que permitan crear riqueza.

El caso del metro de Quito no puede ser más claro. No hay ni un problema estructural, ni un problema de falta de dinero para poder poner en funcionamiento al Metro, hay, simplemente, un problema de incapacidad de organización.

Desde su creación, la Empresa Metro de Quito ha tenido ocho gerentes, cuatro de ellos en 2021, y ninguno ha sido capaz de crear un modelo de explotación ni de determinar la tarifa.

No es tan difícil, no hay que inventar el agua tibia, no hay que tener ideas ‘geniales’ como que el metro sea gratuito, lo operen conductores de buses, una empresa quiteña sin experiencia alguna, o similares a éstas que ya hemos oído.

Simplemente hay que hacer unas condiciones de contratación de operación del metro con alguna empresa internacional con experiencia, que se comprometa a transmitir ese conocimiento, durante un periodo de operación de 3 a 10 años.

Para ello hay que determinar unas condiciones de distribución del riesgo económico y operacional razonables y atractivas, que generen incentivos para una gestión eficiente.

Y una tarifa (que teniendo en cuenta que los quiteños gastan de media unos USD 40 al mes en transporte, y que se supone es una alternativa mejor que el bus que cuesta unos USD 0,35, es muy razonable pensar que sea de USD 0,5), y comenzar a operar lo antes posible, pues no hay nada más inútil que lo que llevamos meses teniendo: un túnel vacío con un tren parado.

Se podría llenar el túnel entero de billetes y aún así no funcionaría, pues no hace falta más plata, sino algo de eficiencia.

Con estas condiciones, dar más plata a un proyecto que no tiene ni modelo de negocio, ni una estructura limpia y clara, ni una gestión eficiente, es botar el dinero.

Y lo peor es que esta visión no sólo no soluciona el problema, es que lo empeora, pues se acostumbra a que la ineficiencia y la dejadez no sólo no tengan consecuencias (ni penales, ni civiles, ni en carrera profesional siquiera) sino que además se premia, pues viene otro, sea el Gobierno Central, el BID, el FMI o el Banco Mundial a ‘solucionarlo’, soltando aún más plata.

Ojalá que en este 2022 comencemos a asumir responsabilidades y a construir instituciones que nos permitan crear más riqueza, no a mantener organismos ineficientes en el mejor de los casos, corruptos en demasiados, que sólo entorpecen nuestro desarrollo.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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