Contrapunto
Javier Moro y una mirada profunda a las discapacidades
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

9 Jul 2021 - 19:03

No importa cuando hayan leído a Javier Moro (Madrid 1955), él siempre sorprende con temas de la vida real, bien narrados, tal como acontece con ‘El pie de Jaipur’, que aborda una de las más terribles discapacidades: la completa inmovilidad del cuerpo.

En este libro de la editorial Seix Barral, de septiembre 2012, el escritor investiga personalmente en varios países y descubre que una gran cantidad de mutilados se debe a la enorme presencia de minas antipersonales sembradas en una amplia región del Asia.

En la novela se llega también hasta el holocausto que causó la muerte de más de un millón de personas cuando Camboya fue gobernada por los jemeres rojos, de tendencia maoísta.

Los personajes. Christophe Roux, francés, que tras zambullirse en el mar se golpea la nuca contra una roca. Song Tak, camboyano, superviviente de la época de los jemeres rojos que, tras huir del horror se cae en una quebrada y su cuerpo queda paralizado.

Se conocen en un hospital de Montpellier, donde ambos fueron sometidos a varias operaciones y a exigentes terapias para recuperar algo de su movilidad corporal. Pese a que el destino los distancia, la amistad y la solidaridad los mantienen unidos.

Por el relato de Song, Christophe conoce la tragedia causada, desde 1975 hasta 1979, por el tirano Pol Pot y sus tropas jemeres. La cifra más conservadora de muertos es de un millón, otras aseguran que fueron tres millones.

Un tribunal internacional que juzgó los crímenes de guerra de Pol Pot, un camboyano de familia acomodada que estudió en Francia en los años sesenta, apuntó que los métodos de tortura, asesinato e intimidación de la población fueron más crueles que los usados por el propio Hitler.

Como relata Moro, “Camboya fue más allá de la guerra, más allá del genocidio; llegó al autogenocidio: la gente se destruía a sí misma” y nadie intervino para detener la masacre iniciada por los jemeres rojos.

En París, después de más de un año de hospitalización, la familia de Christophe pierde todas las esperanzas. “Todo lo que les propongan, injertos trasplantes de músculos es pura charlatanería”. Sin embargo, se van a Montpellier, donde dejan al hijo en las manos del doctor Yves Allieu, un especialista en cirugías de mano.

Después de varias operaciones y de recuperar por lo menos el movimiento de sus brazos, Christophe pretendía llevar una vida normal, aunque en silla de ruedas. Pero tenía que masticar el desprecio y la ignorancia de la gente sobre las personas con discapacidad.

Y recordaría lo que alguna vez le comentó Allieu: “la discapacidad nace en la mirada del otro”. Su amigo camboyano narraba que la discapacidad en un país budista es más complicada que en occidente. No se concibe, decía, que un accidente sea gratuito, sucede por tu culpa, es tu karma: “estás pagando algo que has hecho o has dejado de hacer en esta o en otra vida”.

En Nueva York, a donde se fue tras recuperar temporalmente su movilidad, Song se vinculó a una organización humanitaria que donaba prótesis para las víctimas mutiladas durante las guerras o por pisar las minas antipersonales.

En Camboya había 250 amputados por cada 1.000 habitantes en 1991. Se cita un documento en el que se explicaba que una mina de fabricación pakistaní “ha sido concebida para lisiar a la víctima”; estaban sembradas en los arrozales y en los bosques.

Surge entonces lo que se denomina la “próspera industria de la prótesis”. La antítesis es la “prótesis de los pobres”, elaborada por un altruista médico de India y bautizada como el Pie de Jaipur, confeccionada con una aleación de caucho y con la forma del pie.

En tiempos remotos Jaipur fue una ciudad de príncipes y guerreros, de feroces contiendas y de leyendas milenarias.

Después de varios años sin verse, los dos jóvenes se vuelven a encontrar en Barcelona, en los juegos paralímpicos de 1992, donde ambos enfrentaron su último desafío: la maratón en silla de ruedas.

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