De la Vida Real
Mujeres al ataque, es hora de reactivar la economía
Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

17 May - 19:00

No tengo idea de economía y menos en tiempos de crisis, pero si supiera algo, estaría absolutamente segura de que las que vamos a reactivar la economía nacional –y tal vez la mundial– somos las mujeres.

Es increíble ver cómo unas venden cosas y las otras compramos.

Es una complicidad tácita que se está generando. Las vendedoras están presentes con sus productos en todos lados: publicando en los estados del WhatsApp, en los grupos de Facebook, por Twitter, por Instagram, y en el otro lado estamos nosotras, muy calmadamente, esperando el momento para atacar con la pregunta: “disculpa, ¿cuánto cuesta? ¿Hacen entregas al domicilio?

En época de cuarentena las cosas de la casa conspiran contra una de forma macabra. El primer lunes del famoso quédate en casa me dispuse a aspirar, y resulta que ha estado dañado el enchufe de mi aspiradora.

No podía quedarme así. Y como Facebook escucha hasta lo que pienso, abro una publicación que decía: “Vendo insumos de eléctricos”. Inmediatamente pregunté si tenían enchufes para aspiradoras. Me escribieron que sí, nos pusimos en contacto y a la mañana siguiente ya tenía enchufe. Me aconsejó que viera en YouTube cómo había que instalarlo.

Me vi como cinco tutoriales y al sexto me arriesgué. Me sentía toda una ingeniera eléctrica. Reconozco que mi marido metió mano, porque yo puse pésimo el cable, pese a mis conocimientos previos. 

Luego, en unos de los grupos de WhatsApp, una señora vendía camarón fresco traído de Jama. Dijo que era una ganga: cinco libras por USD 16 dólares. Me sonó una maravilla, y me trajeron los camarones, pero nadie me advirtió que debía ponerlos en porciones antes de congelarlos, así que tengo dos kilos y medio de camarón hecho bloque. 

Los aparatos domésticos se dañan a propósito en estos días que una no para de cocinar. Se dañó mi cocina. Claro, no es tan nueva, es la que era de mi abuela cuando se casó, creo. Iba a buscar el número de un técnico en el celular, cuando alcanzo a ver una publicación de una chica que vendía una freidora de aire. Sí, una freidora que no necesita aceite, que solo se conecta, se programa y queda todo listo y crocante.

Yo veía la publicación de reojo, luego le vi más de cerca, pero costaba demasiado, así que decidí no pensar en tonteras. En esta época hay que ahorrar. O sea, no estamos como para gastar en cosas que no se necesitan.

Yo necesito un técnico que arregle cocinas, pensé. Pero así son las que activan la economía: esta chica empezó a publicar recetas, decía que en 20 minutos el almuerzo estaba listo. Y aquí está la compradora, que se dejó convencer al leer la palabra promoción. Por 18 horas, esta maravilla va a estar a mitad de precio. A los dos días, timbraron en mi casa, y era la freidora.

Los primeros días todo era un desastre. Se me quemaba o salía crudo. Me dediqué a ver tutoriales. Ahora soy tan profesional que hago papas fritas con la táctica del vinagre y hasta costillas BBQ. Cocino todo, absolutamente todo en este aparato. Estoy pensando en hacer camarones al ajillo. 

Es que las mujeres somos increíbles. El pan se ha convertido en un verdadero problema para mi casa y para la vecindad. La idea de hacer pan casero fracasó. Entonces, se me ocurrió pensar en comprar pan para congelar, y como Facebook se ha convertido en mi asistente personal, me sale una publicación de una chica que vende pan a domicilio.

Le pregunté si había un mínimo para hacer el pedido, me dijo que no y entonces pedí 100 panes, para dividirnos entre todos. Cada vez que veo a un vecino, me agradece: “Valen, qué delicia de pan. Está de que vuelvas a pedir”, me dicen.

El boom de las ventas está enfocado en mascarillas, guantes y productos de limpieza. Pero ya de esto estoy bien abastecida. Ahora tengo un reto que pensé que era imposible, el de conseguir medias.

No entiendo. La lavadora conspira contra mi cordura, de verdad. Es increíble ver cómo todas quedan chullas. Este reto estaba difícil, hasta que leí a alguien que estaba en las mismas que yo. Una chica le contestó. – Yo te puedo ayudar-. Por interno me comuniqué con ella.

El viernes me trae los 18 pares de medias que pedí, y sin recargo de envío.

Mientras buscaba las medias por todo lado, la cafetera explota. No hay repuesto, porque dicen que ya no traen el empaque para ese modelo. Era una cafetera de mi mamá. Así que ya me están saliendo publicaciones de una cafetera eléctrica, veo que hay una que es una maravilla.

Voy a esperar que se ponga en promoción, porque por ahora tengo 90 centavos en la cuenta y una responsabilidad gigante de reactivación económica.

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