Leyenda Urbana
Nebot apoyaría a Lasso para que llegue a Carondelet. En Ecuador, en política, se tuesta granizo
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

24 Ago 2020 - 19:01

El nombre de Cristina Reyes, de 39 años, exconcejal de Guayaquil, y con una larga trayectoria legislativa desde Montecristi y dos veces como asambleísta, será recordado en los futuros procesos electorales.

El Partido Social Cristiano (PSC) la designó como su candidata a la Presidencia, en binomio con Diego Salgado, pero podría desistir en aras de la unidad de la tendencia.

In extremis, el PSC, otrora poderosa organización política, estaría trabajando por llegar a un acuerdo con su acérrimo rival electoral Guillermo Lasso, de CREO, y lo apoyarían en las elecciones más trascendentes que haya tenido el Ecuador en lo que va de su vida republicana.

Con una pandemia atacando ferozmente, una economía en los niveles más bajos, al punto de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica un decrecimiento del 10,5%; y una grave crisis ética por la corrupción más vergonzosa de la que se tenga memoria, la supervivencia misma del país podría estar en riesgo.

En estas circunstancias, que dos rivales concuerden en poner al Ecuador por delante, superando diferencias que parecían insalvables, resultaría una acción de sensatez política.

Una decisión de esta envergadura no tiene precedentes. Tampoco tienen parangón las circunstancias en las que se daría.

El peligro de que el país regrese al oscurantismo durante el cual se persiguió a la disidencia, encarceló a los contradictores, maltrató a los estudiantes, acosó a los periodistas, cerró medios de comunicación, y hubo un saqueo inmisericorde, impone cerrar el paso a quienes pretenden volver.

Se trataría de un gesto de sobrevivencia democrática, que tendría que ser transmitido a la sociedad con contundencia y pedagogía, para que recuerde, por ejemplo, que le metieron la mano a la justicia; se tomaron los dineros del IESS, que son de los afiliados, y que hoy mismo han inscrito como candidatos a reos y sentenciados.

Pero nada está dicho aún. Solo se sabrá cuando se sellen los acuerdos y concluyan las solemnidades democráticas.

Los días que se vienen son cruciales. El 3 de septiembre es el plazo que el Consejo Nacional Electoral (CNE) da para formalizar alianzas. El tiempo para un entendimiento está corriendo.

Esta historia comenzó cuando, el 25 de junio pasado, Jaime Nebot decidió no correr por la Presidencia, en los comicios del 7 de febrero de 2021.

Llevar a su partido a unas primarias, con cinco militantes y adherentes, supuso una suerte de travesía por el desierto, que evidenció que Nebot no preparó relevos, a punto de anunciar, en paralelo, la opción de apoyar a alguien por fuera de sus filas.

Que Otto Sonnenholzer y Álvaro Noboa también hayan desistido parece haber remodelado el escenario electoral, al tiempo de dar otra dimensión al nombre de Guillermo Lasso en la papeleta presidencial. Pero no es suficiente.

Si bien estaría dominando la tendencia, que existan otros candidatos aunque con escaso apoyo, en ese mismo sector, le vuelve más vulnerable ante los contrincantes, que lo tendrán en la mira. Cada error, por más pequeño que sea, será de alto riesgo.

Casa adentro tampoco es fácil. Implicaría deponer actitudes, sobrepasar temores y responder interrogantes, en ambos lados.

¿Cómo explicará Nebot este viraje, luego de que con su discurso buscaba ubicar a Lasso en la extrema derecha y quedarse él en el centro?

Y es más, ¿cómo mantener a una militancia -que hoy se ha concentrado en pocas provincias-, sin la ilusión de un candidato propio a Carondelet y con la posibilidad de no estar entre los bloques mayoritarios de la Asamblea?

Desde la otra orilla, ¿cómo harán los partidarios de Lasso para sacar a Nebot de la condición de enemigo a vencer? ¿Podrán hacer una campaña sin denostar su nombre y el del PSC? ¿Dejarán de decir que apoya a Correa?

Apelar a Mandela, quien dijo: “Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con él. Entonces, se vuelve tu compañero”, parece un imperativo.

Un plan programático que implique líneas maestras de un eventual gobierno podría acabar con las dudas, a la vez que convertirse en el cimento en el que se construya un acuerdo.

La atención prioritaria a la salud, en épocas de pandemia; el empleo, la economía, la educación, el medio ambiente, la dolarización, y la lucha contra la corrupción, podrían consolidar la estructura de un probable entendimiento.

Dicen que conocerse a sí mismo es el inicio de toda sabiduría. En un trance como el presente, los pueblos demandan de sus dirigentes todas sus capacidades para que prime la prudencia que se requiere; pero también la urgencia que el momento impone.

De concretarse un acuerdo, las páginas de la historia política del Ecuador lo registrarán como un hecho casi inverosímil, en momentos extremadamente graves para el país. Pero también remarcarán que se confirma que en política, en Ecuador, se puede tostar granizo.

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