Sábado, 13 de abril de 2024
Una Habitación Propia

¿Por qué quieren que las niñas sean madres?

Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

14 Jul 2023 - 5:55

Cada día en Ecuador, cinco niñas menores de 15 años y 108 adolescentes entre 15 y 19 años son madres, para todas ellas el presente y el futuro cambia radicalmente.

Leo una y otra vez las palabras de Markus Behrend, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Pienso que hoy, este día, han nacido 113 bebés que no tenían que haber nacido.

Antinatura no es el aborto, sino el mandato infame de que tengas que parir a una criaturita siendo tú misma una criaturita.

Mañana habrá de nuevo esa cantidad de recién nacidos en brazos de niñas que deberían estar en la escuela, no recién paridas.

Nuestro país cuenta con una tasa de embarazo infantil y adolescente de las más altas del planeta y no he visto a ningún candidato referirse a ese inmenso problema de salud pública, social, sicológico y económico.

Claro, es un tema de mujeres. Son las mujeres (las menores y las mayores) las que tienen a los niños y son ellas las que deben dejar los estudios, la infancia, los sueños, las ambiciones para dedicarse a criar a un ser que hará más profunda su pobreza, su marginalidad y su frustración.

No todas las criaturas son una bendición, no. Hay algunas que son una condena.

Los hombres, mientras tanto, padres de esos menores, seguirán en el colegio y, con suerte, irán a la universidad. La sociedad no los condenará, los padres no los echarán de la casa. La brecha entre hombres y mujeres se hará más y más infranqueable: seguiremos pegadas a maridos violentos, irresponsables, borrachos, infieles porque no tenemos manera de ganarnos la vida para nosotras y para los hijos e hijas.

No todas las criaturas son una bendición, no. Hay algunas que son una condena.

Si cuando teníamos que estar estudiando estábamos pariendo, ¿cómo vamos a poder acceder a un trabajo cualificado?

El tema del embarazo infantil es un tema peligroso de abordar para los candidatos porque nadie quiere caminar sobre el campo minado del aborto, porque vivimos en un país que condena más el aborto que la violación a las niñas y a las adolescentes.

Que condena más terminar con un embarazo a los diez, a los doce años, que arruinar para siempre la vida de una chiquita que debería estar haciendo sus deberes.

Sospecho que en el pavor al aborto libre hay algo más profundo que la religión o el supuesto respeto a la vida de un embrión. Sospecho que tiene que ver más bien con la sumisión a la que siempre se ha condenado a las mujeres: a más pobres, a más ignorantes, a más desesperadas, más fácil es dominarlas, pagarles un sueldo de mierda, condenarlas al servicio doméstico, al trabajo del campo, al silencio, a una vida sin derechos laborales.

Quisiera que la vieran, quisiera que vieran a esa niña de diez, de once, de doce años, sosteniendo al bebé producto de una violación (lo del incesto y los abusos sexuales a menores van de la mano con estas cifras de embarazos infantiles) pensando qué voy a hacer yo con esto.

¿No creen que la sociedad debería sostenerlas a ellas en sus brazos? ¿No creen que al menos un candidato debería decirles “yo voy a pelear por tu derecho a no ser madre”?

Es que las mujeres tenemos derecho a no ser madres incluso estando embarazadas. Hablo de las mujeres adultas, ahora imaginen a las niñas, dios mío, las niñas a las que un embarazo y un parto va a causarles lesiones físicas y emocionales que no se borrarán jamás, que se transmitirán a su bebé, que traerán violencia que se alimentará de violencia.

¿No creen que al menos un candidato debería decirles “yo voy a pelear por tu derecho a no ser madre”?

Me enfermo cada vez que leo lo de “salvemos las dos vidas” porque sé que se traduce como obliguemos a las niñas y adolescentes pobres a tener el hijo de su violador (todo sexo con menores de edad es estupro, o sea, delito) y luego olvidémonos de ellas.

¿Qué dos vidas salvaste? ¿A qué niña mamá has ayudado, curuchupa?

O peor: critiquémoslas cuando las veamos en los semáforos pidiendo plata, digámosle a nuestro copiloto ¿Por qué no se coserán la vagina? ¿Por qué estas tienen miles de hijos? Seguro que andan pariendo para que les den ayudas públicas (¿cuáles, dios mío?).

Esas mismas personas que comentan con macabra frescura sobre el cuerpo de las demás, seguro que están en contra del aborto y, segurísimo, que a pesar de que ellas sí usan métodos anticonceptivos, dejan que las mujeres pobres se crean eso de que “hay que tener los hijos que dios mande”.

Dios no manda hijos. El espermatozoide fecunda el óvulo. Ciencia mata religión. Quitémosle lo sagrado a un hecho absolutamente biológico y, en el caso de las cuatro de cada diez mujeres que son violadas en nuestro país, a la consecuencia de una atrocidad.

¿Las queremos obligar a parir al hijo de la aberración?

Hoy, mientras escribo y hoy, mientras usted lee, cinco niñas chiquitas (entre 10 y 15) están haciendo algo contranatura: sacar de sus pequeñísimos cuerpos un bebé que, digan lo que digan, no han deseado.

A esa edad no se puede decidir ser madre o no.

Me encantaría que algún candidato tuviera la valentía de hablar del aborto, al menos en las menores de edad, y rompiera así con el discurso rancio y peligroso de los antiabortistas por privilegio, es decir, esa gente que si su hija de 14 años se quedara embarazada la llevarían al ginecólogo privado amigo de un amigo para practicarle un aborto.

¿Será que les preocupa que si las mujeres no tienen que cargar con un bebé en cada teta irán a la universidad y entrarán al mundo laboral exigiendo unos derechos que les corresponden?

¿Será que quieren que sean sus propios hijos los que les impidan desarrollarse, ya no como profesionales, sino como seres humanos?

¿Será que saben que el llanto de un bebé apaga cualquier ambición profesional?

O tal vez se trata de un país tan miserable, tan desgraciado, que quiere que las niñas no tengan oportunidades para ser otra cosa que mano de obra explotable.

Es decir, esclavas.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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