Contrapunto
‘La noche de los alfileres’ revela a Roncagliolo, el gran novelista peruano
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

6 Ago 2021 - 19:03

Si Alfaguara esperaba 10 años más, tal vez le hubiese otorgado su famoso Premio al escritor Santiago Roncagliolo (Lima 1975) por su novela ‘La noche de los alfileres’. Ese reconocimiento se entrega una sola vez y el peruano ya se lo había ganado en 2006 con ‘Abril rojo’.

Tal vez todavía es temprano para decir que Roncagliolo está en el mismo nivel de narración que Vargas Llosa o que Echenique, pero está muy cerca, con más de 20 novelas publicadas y con cinco premios muy importantes.

‘La noche de los alfileres’ (Alfaguara 2016) muestra el despertar sexual de cuatro estudiantes de un colegio Jesuita de Lima, que deciden enfrentar a la antipática profesora de educación sexual, sin imaginar que eso los llevaría a las más terribles perversiones.

Los cuatro quinceañeros, Manu Battaglia, Beto, Moco Risueño y Carlos, deciden vengarse de la Pringlin, la profesora a la que todo el tiempo solo mencionan por su apellido o simplemente como “vieja de mierda”.

Todo comenzó con algunos chistes de doble sentido cuando la maestra se refería a los órganos sexuales. Lo que derivaría en una tragedia incontrolable que adquiere características cinematográficas.

Era la Lima de 1992, sacudida por atentados terroristas, sabotajes a las torres de transmisión de electricidad y familias de clase media en permanente conflicto y desintegradas.

El líder, que no puede faltar entre compañeros, es Manu, cuyo padre fue un excombatiente durante el conflicto de Paquisha en 1981 y, luego, en la lucha contra el terrorismo en la selva y en los Andes peruanos, episodios que finalmente lo volverían paranoico.

Expulsado de cuatro colegios anteriores, Manu buscaba una quinta expulsión, pero la profesora tenía otros planes: que perdiera el año por mala conducta, méritos había suficientes, como por ejemplo este diálogo:

-Pringlin: Señor Battaglia, al colegio se viene a disciplinarse, no a portarse como un mono hasta cambiar de jaula. Es mi deber hacer de usted un hombre.

-Manu: ¿Usted me va a hacer un hombre? ¿Aquí mismo? ¿Y sin condón?

La profesora, obsesiva con el orden y la disciplina, se encargaría personalmente de visitar los hogares de los cuatro estudiantes para denunciar el comportamiento de sus alumnos. Una decisión que fue tomada como venganza personal y cambiaría el rumbo de la historia.

Durante el relato inicial y casi hasta el final, el protagonista y líder del equipo de cuatro fue Manu, pero cada uno de los personajes comienza a asumir roles importantes, sobre todo durante el secuestro de la profesora.

Beto es tímido y gay, se siente atraído por Manu; Moco conseguía películas pornográficas para los Betamax, y Carlos se enamoraría de una adolescente, que era la hija de la profesora Pringlin, pero eso lo descubriría demasiado tarde.

El libro transcurre a través del relato en primera persona de cada uno de los personajes. Uno de los principales logros de la novela es que consigue unos diálogos de antología para mantener la trama siempre en un nivel elevado de suspenso y drama.

Al contrario de algunos thrillers, en los que resulta fácil predecir el final, ‘La noche de los alfileres’ está tan bien narrada que es imposible al menos sospechar las consecuencias y el desenlace hasta que se acaba la novela.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores pero no la posición del medio.

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