Contrapunto
Un nuevo aporte de Gamboa a la magnífica literatura colombiana
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

19 Feb 2021 - 19:02

Para nadie es desconocido que Gabriel García Márquez dejó muy alta la vara de la literatura en el siglo XX; sin embargo, la lista de escritores colombianos es extensa desde los años noventa del siglo anterior y, dentro de ese elenco, está Santiago Gamboa (Bogotá 1965).

Su más reciente novela ‘Será larga la noche’ (Alfaguara, 2019), confirma el alto nivel de la literatura colombiana, en este caso sobre un tema que podría resultar repetitivo, como es la violencia guerrillera o el narcotráfico. Pero no, se trata de una novela urbana que se sitúa en el interior de Colombia.

Y en un país que ya había firmado los acuerdos de paz, pero que muestra otro conflicto que podría suceder en cualquier parte: las iglesias y sus pastores enfrascados en disputas sórdidas. El autor, que también es periodista, usa el recurso y la intuición de una comunicadora y la experiencia de un fiscal para desentrañar la trama.

Se trata de una novela urbana que se sitúa en el interior de Colombia.

Antes, en 2002, Gamboa había publicado ‘Las reputaciones’, un tema periodístico en torno a la caricatura política, ‘El síndrome de Ulises’ (2005); y ‘Océanos de arena’ (2013), entre una docena de libros en los que también refleja sus experiencias de viajes mediante la novela y no necesariamente de la crónica, como suele ocurrir.

En esta nueva novela, Santiago Gamboa recurre a una ex guerrillera (la asistente de la periodista freelance), que resulta fundamental para aclarar un atentado que pudo quedar como rutinario o, simplemente, otro más dentro de un país que vivió más de medio siglo de violencia.

Johanna, la ex guerrillera, se encarga de ubicar el contexto social: “Este puto país en el que tuve la desgracia de nacer es un patio de fusilamientos, una sala de torturas y una prensa mecánica para destripar campesinos, indios, mestizos y afros”, así justifica su ingreso a las FARC.

La historia comienza con un niño como testigo de un cinematográfico ataque con armas potentes, con tres muertos y uno de los personajes rescatados por un moderno helicóptero en una operación de alcance militar, pero protagonizada por civiles, miembros de una de las iglesias rivales que tenían ramificaciones internacionales.

La investigación periodística de Julieta Lezama la lleva hasta Brasil y a la Guayana Francesa; la información la comparte con el fiscal de origen indígena Edilson Jutsiñamuy, dedicado por entero a la justicia, y así se llega a las profundidades sobre la rivalidad de los pastores: uno colombiano, con una identidad dudosa, y el otro, brasileño.

La historia comienza con un niño como testigo de un cinematográfico ataque con armas.

El niño es Franklin Vanegas, de 12 o 14 años, hijo de una pareja de exguerrilleros, que vivía con sus abuelos campesinos descendientes del pueblo indígena nasa, que habita en la región andina del departamento del Cauca, cuya capital es Popayán. Johanna, a través de sus contactos en la guerrilla, se encargaría de averiguar la identidad de los padres del niño.

El argumento se traslada a Bogotá con la participación del acucioso fiscal Jutsiñamuy y a Cali, donde en medio de la investigación de los hechos se desata una seguidilla de feroces atentados perpetrados por sicarios al servicio de una de las iglesias.

En otro recurso narrativo, Gamboa permite describir el drama de uno de sus personajes mediante el cuento que titula ‘El niño de la banca del parque’, en el que uno de los pastores describe su propia soledad y el abandono.

El padre, según el relato, llevó al niño hasta la banca y le pidió que no se moviera de ahí. El niño vio cómo se alejaba hasta que lo perdió de vista. Al lado suyo el papá había dejado un sánduche y una manzana, comió, pronto llegaría la noche y no se movió de la banca para no perderse en caso de que el padre regresara…

Nunca regresó y el que relata esto es uno de los pastores, que más adelante constataría que su padre fue asesinado por un hecho político relacionado con las décadas de violencia vividas en Colombia. El otro pastor vivió episodios de extrema pobreza que superó gracias a un emprendimiento relacionado con la extracción de oro en la región amazónica de Brasil.

Uno de los pastores describe su propia soledad y el abandono.

Pero lo perdería todo por causa de una traición que involucra a su socio, que más tarde también se convertiría en pastor. Un tema de venganza es la hipótesis que plantean la periodista y el fiscal, pero el final tiene muchas e inesperadas sorpresas que Santiago Gamboa desentraña mediante una formidable prosa.   

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