Contrapunto
La obertura que recuerda la fatal campaña de Napoleón en Rusia
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

9 Oct 2020 - 19:00

Las cifras difieren, pero se cree que Napoleón Bonaparte entró a Rusia con no menos de 600.000 soldados de la Grande Armée para ocupar Moscú y doblegar al zar Nicolás I; sin embargo, se llevó una enorme sorpresa y decepción, lo único que encontró en pie fue el edificio de piedras del Kremlin, todo lo demás fue incendiado por los mismos moscovitas.

Se demoró tanto en pensar una estrategia que el crudo invierno lo sorprendió y tuvo que emprender la retirada para que sus hombres no murieran congelados. Era hasta entonces el hombre más poderoso del mundo, donde iba se le abrían las puertas y lo recibían con reverencia de emperador.

Antes de llegar a Moscú enfrentó el combate más cruel y sanguinario que hasta entonces registraba la historia: la batalla de Borodinó, en la cual Napoleón derrotó a las tropas de Mijaíl Kutúzov, con un saldo de 75.000 muertos entre imperiales y rusos; con esa victoria a los franceses se les abrió el camino a Moscú.

Borodinó era un campo de batalla muy reducido, localizado a 120 kilómetros de Moscú; la matanza fue asombrosamente intensa, se convirtió en la jornada más sangrienta de la historia antes de la Primera Guerra Mundial. Kutúzov tuvo que decidir entre perder el ejército o perder Moscú y, para sorpresa del invasor francés, salvó a sus hombres.

El comandante ruso afirmó que “Napoleón es un torrente, pero Moscú es la esponja que lo empapará”, se dice en el libro Los Románov 1613-1918, de Simon Sebag Montefiore. Esto ocurrió el 1 de septiembre de 1812. Las capitales tomadas por Napoleón, desde Viena hasta Berlín, lo habían acogido acobardadas, narra el escritor inglés.

Toda la población de Moscú, aproximadamente medio millón, abandonó y quemó todo lo que estaba en pie; no quedaron provisiones para los franceses: “Quemad la ciudad antes de entregarla al enemigo”, fue la consigna de Kutúzov y los generales ya habían volado los depósitos de municiones.

Moscú ardió durante seis días y Bonaparte no tuvo con quien negociar. Más astuto, el militar ruso solo se había retirado con sus tropas seis kilómetros de Moscú. ¿Quemar su ciudad? Napoleón creyó que un demonio se había apoderado de los rusos y el invierno estaba a la vuelta de la esquina.

Napoleón emprendió la retirada de prisa, cruzó el río Berézina con dirección a París y, mientras tanto, los cosacos y la población rusa, a modo de venganza, perseguían a los franceses más rezagados para darles muerte. El rigor del invierno terminaría por transformar la aventura rusa de Napoleón en un absoluto desastre.

Setenta años después, el 20 de agosto de 1882 se estrenaría la Obertura 1812, que fuera escrita por el músico Piotr Tchaikovsky para conmemorar la victoria rusa sobre la invasión napoleónica, una idea que se le había ocurrido en 1880 al zar Nicolás II. En paralelo, en Moscú se construía la iglesia Cristo Salvador, pero como no alcanzó a ser terminada, la obertura se tocó por primera vez en San Petersburgo.

Tchaikovsky se demoró apenas seis semanas en escribir la obra, que tendría que tocarse en una plaza y no en un local cerrado, porque fue concebida con tañer de campanas de varias iglesias, el disparo de cañones, luces, y un gran banda de metales. La idea era narrar la campaña napoleónica en Rusia.

Y la obertura, que dura 16 minutos, comienza con los sones de una interpretación orquestal de Dios proteja a su pueblo, un canto de la iglesia ortodoxa rusa que recuerda cómo la declaración de guerra de Napoleón fue notificada a los feligreses durante los servicios religiosos.

Una parte de la Marsellesa, el precioso himno de Francia, se escucha ‘in crescendo’ para recordar que las tropas de Napoleón superaban a las rusas en Borodinó y la invasión era inminente, miles de soldados morían defendiendo el campo de batalla. El himno comienza a descender con el retiro de las tropas napoleónicas.

La sonoridad que alcanza Tchaikovsky es emotiva, el avance de los rusos se expresa con cinco disparos de cañón y posteriormente se escucha el canto triunfal Dios salve al Zar acompañado de nuevos disparos de cañón que, en total, son 16 pero que muy pocos directores llegan a ese número de registros; incluso algunos simplemente recurren a la percusión.

En el siguiente video podrá escuchar la interpretación de la Orquesta Sinfónica de Heliópolis, Brasil:

Noticias relacionadas