Panorama Global
Pedro Castillo, lápiz en mano
Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Es profesor titular de Estudios Globales en la Universidad del Azuay.

Actualizada:

12 Jun 2021 - 19:03

Pedro Castillo ya es, virtualmente, el futuro presidente del Perú. En medio de una profunda crisis de representatividad y un desgaste sin parangón de las instituciones democráticas peruanas, Castillo gana las elecciones gracias a una campaña en la que hábilmente pudo sintonizarse con el profundo -y a veces oculto- descontento popular, especialmente de aquellos sectores más pobres y olvidados del Perú rural. 

Ideológicamente, Castillo se adscribe a la línea de gobernantes latinoamericanos de izquierda conservadora, que ha tomado especial fuerza durante el inicio de este siglo. 

Esta suerte de oxímoron ideológico, como señala el plan de gobierno de Castillo, propone un camino para paliar la pobreza y la desigualdad en un Estado “interventor, planificador, empresario, protector, innovador y regulador del mercado”. Una visión económica tradicional de extrema izquierda. 

En contraste, desde lo social, el pensamiento de Castillo curiosamente empata con el conservadurismo más reaccionario. En varias entrevistas, ‘el profesor’ lápiz en mano, ha sido categórico en oponerse al matrimonio igualitario, la incorporación del enfoque de género en la educación y, por supuesto, al aborto. 

Mientras en el mundo los partidos de izquierda abrazan políticas de inclusión para los migrantes, la izquierda de Castillo ha ofrecido que, entre sus primeras acciones, firmará un decreto que dará 72 horas a los extranjeros para salir de Perú. ¿Era solo demagogia?

Para Castillo, los migrantes -particularmente los venezolanos- extraen divisas del país, desplazan laboralmente a los peruanos, provocan actos delincuenciales e incluso, al regularizarse, podrían llegar a ser potenciales votantes de la derecha.

Sin embargo, a pesar de esta obvia incomodidad con los venezolanos, Castillo no ha titubeado en ratificar que la Venezuela de Maduro es una democracia y un modelo a seguir. 

Finalmente, Pedro Castillo, ha insistido en llamar a una Asamblea Constituyente para modificar la Constitución, a pesar de que el camino para lograrlo es bastante enredado y requerirá de una mayoría legislativa que, al menos de inicio, no la tiene.

En este sentido, la discusión política ha migrado hacia la evaluación de si Castillo, efectivamente, implementará su extraño proyecto “marxista-leninista-mariateguista” o, al igual que Ollanta Humala, terminará alineándose al sistema y simplemente proponiendo matices. Aunque hay que reconocer que Humala nunca llegó a un discurso que rozaba los extremos ideológicos.

Por la cercanía en los tiempos de inicio de los gobiernos de Ecuador y Perú, va a ser inevitable una permanente comparación entre los dos. 

Ambos, países cercanos con características similares en muchos sentidos, durante los próximos años tendrán líderes muy distintos que proponen modelos antagónicos para llegar a los mismos objetivos. 

Al final de su mandato, evaluaremos el cumplimiento de sus ofertas y, seguramente, contrastaremos el éxito de cada modelo para alcanzar objetivos concretos, tales como la reducción de los indicadores de pobreza, la mitigación de la desigualdad y los avances en las dimensiones del desarrollo humano sostenible.

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