Panorama Global
¿Es la política ecuatoriana el verdadero arte de lo imposible?
Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Es profesor titular de Estudios Globales en la Universidad del Azuay.

Actualizada:

17 Jul 2021 - 19:03

Para Aristóteles, el ser humano es ante todo un animal político. Su capacidad de crear y administrar sociedades, a partir de compartir conceptos morales, son cualidades que -a criterio del filósofo griego- distinguen a los seres humanos del resto de especies animales. 

Con la evolución y el desarrollo de las sociedades aparecen las posiciones de autoridad que, gracias al reconocimiento de la mayoría, reciben el encargo legal de definir las reglas de convivencia que regirán para todos sus miembros.

Esta capacidad de unos pocos de tomar decisiones que afectan a todos es lo que llamamos “poder”, ya sea representativo o autoritario.

De esta manera, el ejercicio de la política pasa a ser una actividad tan simple como a la vez compleja: se trata de captar el poder, usarlo, mantenerlo, preservarlo y -si es necesario- hasta desaparecerlo. 

Para alcanzar este singular  propósito, los políticos -es decir, aquellos que formalmente han aceptado participar en esta carrera para el ejercicio del poder- se valen de todo lo que está a su alcance para finalmente investirse de autoridad. 

En diferentes momentos de la historia, y desde una visión muy pragmática, Maquiavelo, Bismark y hasta el mismo Churchill concebían la política como el arte de lo posible. Es decir, que en política no se trata de hacer lo correcto o lo mejor, sino lo que realmente se puede hacer.

Este concepto es quizá equiparable con lo que quería transmitir Voltaire al decir que “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.

Sin embargo, la realidad muchas veces contradice el axioma. Es así que, sobran ejemplos de cómo el ejercicio de la política supera toda lógica y racionalidad para convertirse, más bien, “en el arte de lo imposible”.

Como ilustración, vemos como ocurren inimaginables alianzas entre organizaciones políticas antagónicas o entre políticos con enemistades de larga data.

También están los partidos y movimientos que reclutan populares figuras del espectáculo o del deporte que -por su potencial electoral- desplazan al margen de la papeleta a militantes capaces, honrados y formados. 

Finalmente, tenemos a una especie particular de político, muy común en nuestro país, que en aras de mantenerse en un cargo, no titubea en cambiarse de organización, principios o ideología si es que eso le permite asegurar su cuota de poder.

El expresidente de la República, Andrés F. Córdova, retrataba estas incoherencias de la política con un magistral oxímoron: “en política es posible inclusive tostar granizo”.   

En Ecuador los pactos imposibles, los ‘camisetazos’ inesperados y las papeletas con famosos son parte de nuestra tradición política.

Frente a la reconfiguración que se viene sobre el escenario político electoral, estaremos atentos para ver qué sorpresas nos traen estos “equilibristas de lo imposible”.

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