Contrapunto
El portugués que protagonizó la mayor hazaña náutica posible
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

22 Ene 2021 - 19:01

Pasaron más de cinco años y el necio de Cristóbal Colón seguía con la idea de que en 1492 lo que descubrió fue un territorio de las indias orientales; otro navegante, Américo Vespucio, develó el engaño y confirmó que se trataba de un continente nuevo al que en su nombre bautizaron América.

Pero fue el portugués Fernão de Magalhães (1480-1521) el protagonista de la mayor hazaña náutica que registra la humanidad. Los cosmógrafos trazaban en sus mapas el sur de América como pegado al polo antártico; innumerables barcos se habían estrellado en esa vana exploración.

De pronto sale del anonimato el pequeño capitán Magalhães: “Hay un paso del Océano Atlántico al Pacífico; lo sé, conozco el sitio, dadme una escuadra y llegaré a él y de este a oeste daré la vuelta a toda la Tierra”.

Para convertir en realidad su hipótesis, Magalhães renunció a su nacionalidad y se puso a las órdenes de la corona española.

Cambió su nombre al castellano Fernando (también se lo conoce como Hernando) de Magallanes y con ese apellido sería bautizado el desolado estrecho del sur del continente.

La travesía debía llevarlo a Malaca y a la Isla de la Especiería, pero su primera escala, después de casi tres años de travesía en una flota que comenzó con cuatro barcos y terminaría con uno solo, fueron las islas Filipinas, en el Asia. Así lo registra el escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1942) en su libro ‘Magallanes, el hombre y su gesta’.

El desolado estrecho del sur del continente americano lleva su nombre.

Aún no cumplía 25 años de edad y ya había navegado y conquistado bastantes territorios para la corona portuguesa en Asia y África.

Al no convencer al emperador Manuel sobre su proyecto de que se podía pasar del Atlántico al Pacífico, partió a España para vender su idea y conseguir los auspicios para la travesía, que no debería durar más de un año, pero se prolongó más de 1.000 días.

Y todo partió de manera tramposa, el navegante portugués-español tuvo acceso en Lisboa a información confidencial en la que se informaba que era posible la comunicación entre los dos océanos, a través de un paso que estaba localizado más al sur de Brasil.

Lo que no sospechaba Magallanes, y que lo constataría personalmente más tarde, fue que ese supuesto paso no era otro que la desembocadura del gran Río de la Plata.

Al comprobar que era un río de agua dulce, aunque tan grande como un mar, tenía la opción de regresar a España, pero más pudo su terquedad y, pese a la enorme oposición de la mayoría de tripulantes de toda la flota, continuó más al sur.

Pese a la enorme oposición de la mayoría de tripulantes de toda la flota, continuó más al sur.

En el trayecto se encontraron con varias bahías, las exploraban, pero no había ningún paso. El rigor del invierno, el frío, las tormentas obligaron a los expedicionarios a improvisar un campamento; los víveres y el agua eran cada día más escasos.

Los capitanes españoles de los otros barcos se amotinaron y el fracaso de la misión era inminente.

Hasta que llegaron a una bahía repleta de islas e islotes. A un costado salía fuego de la tierra, de allí el nombre de Tierra del Fuego; también se encontraron con nativos de enorme estatura y pies grandes, se trataba de la Patagonia (patagones, pies grandes).

Y después de varios días llegaron al océano que todavía era conocido como Mar del Sur.

El navegante más grande de la historia, anota Zweig, murió de una manera insensata en una miserable escaramuza contra una horda de isleños desnudos. “Todo vestigio de aquel hombre que arrebató al océano infinito su último secreto desapareció en el misterio de lo desconocido”. 

A un costado salía fuego de la tierra, de allí el nombre de Tierra del Fuego. 

Lo que deja claro el autor del libro es que las épocas heroicas de los conquistadores no son ni fueron sentimentales, pese a que ganaron mundos para España y Portugal.

Narra que Colón vuelve a Sevilla encadenado, Hernán Cortés cae en desgracia, Francisco Pizarro es asesinado, Vasco Núñez de Balboa (el descubridor del Mar del Sur) muere decapitado.

La ingratitud tras los descubrimientos dejó a hombres desamparados invadidos de piojos, que vagaban por las callejas de Cádiz y Sevilla.

Fueron los mismos marineros y soldados que se robaron las joyas de Moctezuma y de los Incas para engrosar el tesoro de la Corona de España.

La ingratitud tras los descubrimientos dejó a hombres desamparados, que vagaban por las callejas.

En 1913 el presidente Wilson aprieta en Washington el botón eléctrico que abre las compuertas del Canal de Panamá y, con ello, une para siempre ambos océanos y el estrecho de Magallanes “queda reducido a la inutilidad absoluta”, concluye Stefan Zweig.  

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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