En sus Marcas, Listos, Fuego

Los proxenetas y el verdadero golpe de Estado

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

21 Jun 2022 - 19:03

Ilusos. Ciegos. Seres embriagados por el escándalo que somos incapaces de ver el verdadero golpe de Estado. En medio del sensacionalismo del habeas corpus de Jorge Glas, de las relaciones incestuosas entre nuestros políticos y el narcotráfico, y de las hordas delincuenciales que arrasan al país, nos dieron el verdadero golpe y no lo supimos ver.

Para muchos de ustedes, que no son abogados, cuando escuchan el apellido Saquicela deben pensar en el sucesor de Llori en la Asamblea. Pero ese Saquicela es el de papel, el desechable, el irrelevante. Hoy vengo a hablarles del otro Saquicela y de cómo los proxenetas de la justicia prostituyeron el camino para decapitarlo.

¿Por qué deben seguir leyendo esta columna? Porque mientras dormíamos, otros, al más puro estilo del chulo de esquina, hicieron del Derecho un burdel, atentando contra el poder más importante que tiene una democracia: el Poder Judicial, convertido hoy en una vieja meretriz, que ya solo hace ruido con esa tos reiterativa que, bajo la costumbre de las luces rojas, nadie escucha.

¿Listos? Ahí vamos: el máximo representante del poder judicial en Ecuador es el presidente de la Corte Nacional de Justicia. Sí, mientras el presidente de la República lo es del poder Ejecutivo, el Saquicela que no importa lo es del poder Legislativo, el Saquicela que sí importa es aún, agonizante, el del poder Judicial.

Hoy les voy a contar sobre el gran fraude para dar ese golpe de Estado y para que los poderes venéreos infesten a la justicia otra vez.

¿Saben quién es Alex Guamán? Ni el propio Guamán lo sabe, porque es un don nadie. Un comodín, un trozo de hueso utilizado por el poder en las sombras.

Era un 19 de mayo de 2022 cuando las puertas del Consejo de la Judicatura cerraron. Sí, cierran todos los días a las 17:00, quedando un silencio atronador, donde sólo resuenan los pasos del guardia de turno.

Pero como vivimos en un país de ultratumba, a las 17:17 el fantasma de Guamán atravesó las paredes y presentó en una ventanilla vacía de personal una denuncia sobre hechos indeterminados y jurídicamente irrelevantes, en contra de nada más y nada menos que del presidente de la Corte Nacional. Su denuncia venía acompañada de cuatro hojas (recuerden estas cuatro insignificantes hojitas).

Cuando ingresa una denuncia quien la presenta debe reconocerla en un acto formal. Pero Guamán regresó a los brazos de Caronte, en la Laguna Estigia, y se evaporó.

La mañana siguiente, 20 de mayo de 2022, el Pleno del Consejo de la Judicatura se reunió porque en horas de la noche anterior, la Dirección de Control Disciplinario -tan adicta a trabajar horas extra sin sobresueldo-, que tarda normalmente varios meses en conocer las denuncias que se presentan contra jueces, admitió a trámite la denuncia del fantasma y, para las 09:00 del siguiente día, el pleno ya contaba con un informe jurídico en contra de Saquicela Rodas.

Este pleno, que normalmente suspende a jueces en caso extremos, que no llegan ni al 1% de los casos, tomó una decisión: que no importaba el contenido de la denuncia, la hora a la que fue presentada, que no fue nunca reconocida y que el informe jurídico se realizó sin gallos y a media noche: deciden suspender a la máxima autoridad del poder judicial, utilizando como pruebas en su contra voluminosas copias certificadas de varios expedientes que, según quienes rompen las leyes de la física, caben en cuatro hojas de anexos, como si fuesen espermatozoides en una gotita de esperma.

No, no vayan a creer que un buen queso francés es el que apesta. Lo que apesta son las llagas que supuran, producto del herpes que se trasmite de cuerpo a cuerpo cuando la justicia es un preservativo agujereado.

Ahora se preguntarán: ¿Por qué quieren eliminar a Saquicela, sin importar ni las razones ni las formas? ¿A quién le resulta tan incómodo? ¿Quién es esa persona que quiere apoderarse de la presidencia de la Corte Nacional para sonreírnos desde su nueva e iluminada esquina?

Para responder aquello han de saber que, días antes, Saquicela Rodas envío la solicitud de extradición a Bélgica para un expresidente y que, horas antes del golpe, advirtió que se estaba negociando, ahora sí, entre gallos y a media noche, el habeas corpus de un pedazo de vidrio.

Ahora quiero que se olviden de los apellidos Saquicela Rodas. En realidad, no importa ni el nombre de quien preside el poder judicial, lo que importa es descubrir lo fácil que es en este país atentar contra él.

Este es el golpe que nos debería importar, porque los populistas ejecutivos y los bailarines legislativos son pasajeros, son inflamables, son inestables por naturaleza. Pero lo judicial es la base y esencia de una sociedad sana, sobre la cual se puede construir un país con justicia. Lean bien, sin justicia no somos más que una población de prostitutas, donde seguimos respaldando a los proxenetas del poder.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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