Leyenda Urbana

Quito no merece candidatos buitres; hay que reaccionar rápido

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

7 Feb 2022 - 19:03

El gesto solidario de más de mil personas que llegaron a La Comuna y a La Gasca, para una minga de limpieza, el sábado 5 de febrero, tuvo un efecto de catarsis colectiva, en una población que ha vivido jornadas de intenso dolor, angustia y desolación.

Quito mostró su lado más humano; el de una ciudad que hace suyo el dolor de sus semejantes y atesora la buena vecindad y la concordia.

Funcionarios municipales, estudiantes universitarios, empleados de entidades privadas, policías, militares y los vecinos desalojaron el lodo y la tierra, en un gesto de empatía, que alivió las heridas aún frescas de sus moradores y resarció, en algo, la vil actitud de ciertos aspirantes a la Alcaldía.

Lo que sucedió tras la dantesca catástrofe de La Gasca, el 31 de enero, es demencial; una muestra de ausencia de humanismo y de exceso de vileza.

Cuando en La Comuna y en La Gasca la gente hacía esfuerzos supremos por intentar rescatar con vida a sus seres queridos, que yacían bajo los escombros; y otros batallaban para salvarse, mientras eran arrastrados por el aluvión, unos personajes siniestros, que quieren una candidatura, echaron mano de las redes sociales para acusar, buscar culpables y demonizarlos.

Fue una actitud cobarde, abominable; carroñera. No se batieron por salvar vidas, sino por buscar votos. No mostraron humanismo, sino ambición de poder.

Eran instantes para un silencio reverente y acciones solidarias; pero en las redes y en ciertos medios se había desatado una ruin competencia buscando notoriedad para lograr votos en medio de la mortal tragedia.

No contentos con semejante proceder, cual buitres, merodearon sobre los despojos en la zona del desastre para hacerse fotos y videos y promocionarse.

¡Qué clase de personas son! ¿Alguien daría un voto por sujetos semejantes?

Debe ser este tipo de gente a la que aluden aquellos que afirman que la política se ha vuelto territorio de canallas.

La tarde del 31 de enero es para el olvido, no por la desgracia que se desató en la ciudad que hay que recordarla para tomar recaudos, para que nunca vuelva a suceder; sino por el proceder de un segmento de la población, que exhibió sus frustraciones y hasta su condición psicótica, en las redes.

Sin una pizca de honestidad intelectual, alteraron imágenes, confundieron escenarios y señalaron otra quebrada como el origen del aluvión.

El blanco más notorio fue el alcalde de Quito, Santiago Guarderas, a quien, literalmente, arrastraron por los sinuosos caminos de las redes sociales, donde la turba lanza todo tipo de epítetos y acusaciones, en un linchamiento digital infame y cobarde.

Los trolls posicionaron la falacia de que el cenizario de Urkupamba era la causa del aluvión, a pesar de que los medios mostraron que el proyecto (hoy, ya no tiene autorización) está en la quebrada Rumipamba, y el aluvión fue en El Tejado, a más de un kilómetro de distancia.

En este lodazal digital estuvieron en masa los correístas y sus fieles seguidores, así como los medios de la Prefectura de Pichincha, cuya titular, Paola Pabón, que camina con grillete y es señalada por deslices administrativos, intentaba hacer méritos.

Pero el odio al igual que el veneno es letal.

Nadie, en su sano juicio, apoyaría en las urnas a quienes, en esta tragedia, han demostrado bajeza moral y humana.

La gente está harta de que la ambición personal se anteponga a las urgencias de una ciudad con problemas de movilidad, vías destruidas, aire contaminado y una violencia que produce miedo y paraliza.

Con elevados riesgos sísmicos, volcánicos, deslaves, incendios e invasiones; mal uso del suelo, tala de bosques y con el 65% de las construcciones sin permiso, administrar Quito es muy complejo; liderarlo, un reto descomunal.

Más grave si, según Perfiles y Opinión, 90% de quiteños no cree en el Municipio del Distrito Metropolitano, devenido en botín político, al haber pasado, en 10 años, de tener 5.000 empleados a 22.000.

Es por esto que algunos consideran que la decadencia se cierne sobre la capital de los ecuatorianos y primer Patrimonio Cultural de la Humanidad, por lo que hay que actuar rápido para impedirlo.

Este es el momento para sacudirse las taras, sobreponerse, mirar al frente y tomar decisiones.

Por exigencia ciudadana y en un gesto de sobrevivencia democrática, todos quienes se valieron de la tragedia para promocionarse, deberían abstenerse de inscribir sus candidaturas.

Y quienes viven en Quito, para honrar la memoria de los 28 muertos en el aluvión y solidarizarse con las 555 personas afectadas y las 160 familias desoladas, comprometerse a cerrarles el paso.

La ciudad no merece candidatos buitres.

A un año de ir a las urnas, el 5 de febrero de 2023, los quiteños deben prometer enmendar los errores del pasado, preparándose para escoger bien a su nuevo alcalde, de un listado que parece será, otra vez, enorme.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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