En sus Marcas, Listos, Fuego

¡Repeler! ¡Repeler! ¡Repeler!

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

28 Jun 2022 - 19:03

Hoy vamos a aprender amenamente qué es el uso progresivo de la fuerza y, obvio, qué no es uso progresivo de la fuerza. Pero antes voy a darles tres consejos:

  1. Lea dos veces esta columna.
  2. Imprímala, dóblela y guárdela en su velador.
  3. En la próxima protesta, sáquela y vuélvala a leer.

Si yo saco unas esposas, se las coloco –y bien apretadas– en las muñecas y los subo a mi auto, ¿cómo se llama? Está fácil: secuestro.

Si un policía hace lo mismo, ¿cómo se llama? Más fácil aún: detención. ¿Qué cambia? La institucionalidad reglada.

El Estado tiene el monopolio de la fuerza. No, no el oligopolio, dije el monopolio, ello quiere decir que el Estado es el único autorizado para usar la violencia, de forma progresiva, cuando la situación lo amerita.

Pero conforme a nuestra Constitución, este monopolio lo ejerce a través de la Policía Nacional y, en caso de estado de excepción, también a través de las Fuerzas Armadas.

Es decir, con el contrato social nos despojamos de nuestra capacidad de utilizar la violencia para resolver problemas sociales y se la traspasamos a las fuerzas de seguridad del Estado

¿Pero cómo se debe aplicar esa violencia? Siempre de forma progresiva. Por ejemplo, si un policía me dice que levante las manos y yo le escupo, no debo esperar otro gargajo ¿Entienden? Debo esperar el uso del tolete.

Ajá, porque el tolete no es un ramo de flores, el policía no está aquí para enamorarme, sino que el tolete está ahí para ser utilizado. ¿Pero cómo ha de usarse? Un buen porrazo en mi mulso y al suelo.

En el ejemplo anterior, ¿qué no puede hacer el policía? Golpear mi cabeza como piñata como respuesta a mi saliva con olor a menta.

Entendamos esto: la Policía es, constitucionalmente, un órgano altamente técnico, eso quiere decir que ha de tener la capacidad de neutralizar una amenaza ocasionando el menor daño posible.

Ello ocurre en las manifestaciones violentas (las cuales no son un derecho). Conforme a nuestra ley y a los estándares internacionales, el uso de la fuerza debe cumplir requisitos de proporcionalidad, idoneidad y necesidad.

Así, en una protesta violenta, la Policía debe empezar, cuando sea posible, verbalizando su orden de autoridad: “solicitamos que se despeje la calle”.

Sí, es una orden. ¿Y si el manifestante empieza a lanzarles piedras como respuesta? Entonces los policías deberán usar los escudos como una buena legión romana: empujar, empujar, empujar (pero sin gladios). ¿Ven? Se repele la violencia, pero jamás se reprime la manifestación.

Mientras el manifestante violento trata de matar al policía, el policía debe responderle intentando no herirlo. ¿Será por eso que las estadísticas de cada protesta tienen a 20 policías heridos por cada protestante herido? Sí.

Aguanten, ¿pero no sería mejor que los policías hagan bombas molotov y con el poder del fuego repelan a los vándalos? No, bajo ningún concepto. Eso sería reprimir. Debemos tener esto claro: los policías pelean con desventaja, pues deben jugar limpio mientras los manifestantes juegan sucio.

Sí, los manifestantes violentos no lanzan bombas de agua, cual carnaval. Tiran adoquines con el absoluto conocimiento de que la fuerza con que dos cuerpos de diferente masa se atraen depende del valor de sus masas y del cuadrado de la distancia que los separa.

Así, la fuerza ejercida entre el adoquín y el cráneo, separados a una distancia de veinte metros, será proporcional al producto de sus masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia.

Mentira, mentira, tan pilas no son. En verdad saben algo más básico: que adoquín rompe cráneo. ¿Y qué hace la Policía al respecto? Arroja bombas lacrimógenas para dispersarlos, no para herirlos. ¿Ven? Juego limpio contra juego sucio.

Ahora bien, vamos a hablar un poco sobre la auto-puesta en peligro y lo haré sin entrar a detalles dogmático-jurídicos.

La auto-puesta en peligro quiere decir que usted conoce que lo que va a hacer es peligroso y que acepta las consecuencias; por ejemplo, usted ve que la Policía está lanzando bombas lacrimógenas en el lugar X. Tiene dos opciones:

1. No acercarse al lugar X.

2. Colocarse justo en el lugar X para lanzar piedras desde ahí.

Si elige la opción 2 y para su mala suerte la bomba lacrimógena rebota y le arranca un ojo, asuma las consecuencias de sus decisiones, porque déjeme contarle que la Policía no responderá por su ojo.

Recién leí que alguien sin muchas luces dijo: “están lanzando bombas lacrimógenas y ahí puede haber asmáticos”. Simple. ¿Es usted asmático? Entonces no sea suicida y aléjese del sitio donde sabe que habrá un gas que lo puede matar.

Ahora vamos a establecer otras reglas. Así como el tolete no debe ser usado para utilizar su cabeza como piñata, tampoco las bombas lacrimógenas pueden arrojarse en lugares cerrados. ¿Por qué? Porque si hay encierro habrá asfixia y donde hay asfixia no hay aire y donde no hay aire hay muerte.

El fin de la bomba lacrimógena es dispersar, no asfixiar. Lo mismo ocurre con la munición no letal. Se debe disparar a una distancia superior a los 20 metros y siempre a 45 grados. ¿Y si el policía dispara a quemarropa a la cara? Entonces no hay uso progresivo de la fuerza, hay uso abusivo de la fuerza y, ahí sí, el policía responde penalmente por el daño.

Por ello, establezcamos una regla clara: la Policía no responde penalmente por las lesiones y las muertes causadas en estricto uso progresivo de la fuerza en situaciones que, por necesidad, proporcionalidad e idoneidad así lo requieren.

Ahora bien, en cuanto a los manifestantes pacíficos (mis panas de la Shyris), no vayan a creer que ustedes, ante la falta de policías y militares, pueden salir a pelear junto a ellos como legiones auxiliares.

Les explico otra vez: ustedes son ciudadanos normales, ergo, no tienen la facultad de usar la fuerza de forma legítima, a excepción de que sea para defenderse.

Y defenderse (para un ciudadano) no es salir a despejar las calles. Eso es atacar. Defenderse es, por ejemplo, repeler a la horda que intenta meterse a su barrio.

La sociedad es la interacción de roles. Quien cumple con su rol dentro del riesgo permitido, no responde penalmente. Quien se sale de su rol, rebasa el riesgo permitido y causa un daño tipificado como delito, delinque.

Espero no haber ofendido a nadie. Mi rol hoy es intentar explicar aquello que conozco con palabras sencillas y vocabulario ameno. Espero, sobre todo, que las hordas delincuenciales hayan prestado atención, que esta columna es, principalmente, para ustedes.

Finalmente, un mensaje democrático: sí, democrático es intentar destituir a un presidente ante una grave conmoción social; pero no se confundan, que jamás será democrático causar la grave conmoción social con el fin de destituir al presidente. Lo primero es una actitud demócrata; pero lo segundo no es democracia, es delincuencia.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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