Leyenda Urbana
Ni ricos ni pobres; ni superpotencias ni países emergentes tienen dónde esconderse. Cunde el miedo
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

23 Mar - 19:00

De pronto, el mundo se paralizó y la gente se dedicó a la tarea más primigenia: cuidar su vida.

Los estudiantes fueron confinados en sus hogares, al igual que los empleados y trabajadores; los centros comerciales se vaciaron; el vendedor de autos de lujo cerró sus puertas y el humilde aparcó su carretilla para encerrarse en su cuarto. Los lujosos yates quedaron abandonados. 

Las superpotencias que medían fuerza con arsenales nucleares y se ufanaban haber llegado a la luna y se empeñan en conocer más de Marte, hoy no tienen cómo encarar a un minúsculo pero feroz enemigo: el coronavirus.

Señores de la guerra en permanente competencia para tener armas más letales; esas que los volvieran invencibles, han abandonado a sus fabricantes para apresurados buscar a los científicos, cuyas investigaciones solían desestimar, y clamarles por una vacuna que evite que la población sea diezmada.

Negacionistas de la pandemia perdieron tiempo valiosísimo porque también se creían inmunes y tardaron en asimilar la letalidad del virus. Coincidencialmente, se trata de los mismos que dudan del calentamiento global. 

“Es la pandemia más peligrosa de nuestra era. Si no estás preocupado, no estás prestando atención”, ha declarado el médico inmunólogo estadounidense Larry Brillant, que ayudó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a erradicar la viruela.

Nacido en Michigan, autor de libros científicos, en 2006, en una charla de TED llamada ‘Ayuda para detener la próxima pandemia’, advirtió sobre los efectos de un nuevo virus que llegaría. Dijo que se enfermarían “mil millones de personas” y que la economía mundial se desplomaría.

En estos días, el científico Larry Brillant está también en cuarentena en su casa de California, donde las autoridades decretaron confinamiento.

Acerca de la cuarentena que se ha impuesto a millones de ciudadanos en decenas de países, el científico ha elogiado la medida, aunque dice que debió haber comenzado semanas atrás, cuando el virus podría haber sido cortado o, al menos, retrasada su propagación por varios meses.

En una entrevista con el portal Wired, y referida por el medio británico Independent, dijo no sentir miedo porque ya se están dando pasos para que tengamos una vacuna o un antiviral profiláctico a tiempo para cortar, reducir o truncar la propagación.

Brillant fue consultor en la película ‘Contagio’, elogiada “por su descripción realista de la rápida propagación mundial de un virus”. Y que, nueve años después de su estreno, registra millones de descargas en HBO. 

Este reconocido inmunólogo ha elogiado el distanciamiento social -esa paradoja a la que se ha visto abocada la humanidad-, mientras vivimos conectados por las redes sociales, como una salida.

Cuando se había generalizado el abrazo apretado con los amigos y el saludo efusivo, hoy hay que enfundarse mascarillas, guantes y gafas y mirarse de lejos, poniendo a todos bajo sospecha.

Cuando ricos y famosos se habían vuelto íconos de generaciones. Los intelectuales de referencia habían sido sustituidos por tuiteros y el humanismo estaba siendo subvalorado, el mundo descubre que los héroes de nuestro tiempo son los médicos, las enfermeras y los ayudantes, que batallan para salvar vidas con valor y determinación. La primera línea de defensa.

Militares y policías y más uniformados que ocupan hoy calles y avenidas y otros espacios no están para arrinconar a los manifestantes, sino para garantizar la seguridad de la gente.

El Planeta está mutando y con él nosotros también. Es una realidad paralela.

Mientras la tecnología 3D replica, con éxito, partes del cuerpo humano e instrumentos de todo tipo, estamos de vuelta al Medioevo, cuando para salvar vidas hay que recluirse en casa y cerrar las puertas a cal y canto. 

En pleno siglo XXI parecemos los protagonistas de las historias en las que se narra las pandemias de siglos pasados. Estamos atemorizados y oramos.

Una luz de esperanza nos proporciona el historiador israelí Yuval Noah Harari, quien ha estudiado y reflexionado sobre la humanidad y su futuro: “Si elegimos la solidaridad no solo lograremos la victoria contra el coronavirus, sino contra futuras epidemias y crisis que puedan amenazar a la humanidad en el siglo XXI”, dice.

Un simple y sabio consejo que da aliento en instancias que el mundo tiene miedo puesto que no hay lugar seguro donde esconderse.

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