Leyenda Urbana
Romo y Roldán, en el precipicio. El Gobierno se desmorona
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

17 Ago 2020 - 19:01

María de los Ángeles Duarte, sentenciada a ocho años de prisión por cohecho, es el más reciente ‘trofeo’ que la impunidad le ha arranchado a la justicia ecuatoriana.

Con grillete y todo, se escapó de la ley, al refugiarse en la Embajada de Argentina, dejando una sensación de desmoralización colectiva. Y poniendo al Gobierno de Lenín Moreno en ridículo.

En Ecuador, el grillete en el tobillo de los imputados es una cruel pantomima. Un instrumento que el más sabido puede manipular y dejar tirado en cualquier lugar, como hizo Fernando Alvarado, quien huyó del país.

O para entrar, oronda, a una Embajada como la exministra Duarte, esquivando la condena por el caso Sobornos, en el que hay otros sentenciados, incluyendo el expresidente Rafael Correa.

Aunque el Gobierno de Fernández ha dicho que es “huésped por razones humanitarias”, el caso Duarte es muy delicado por el riesgo de que los socios ideológicos de Correa, en Argentina, se atrevan a hacer interpretaciones del proceso, poniendo en entredicho la administración de justicia ecuatoriana.

A este abismo nos ha llevado la negligencia oficial, por no monitorear un grillete.

Las vergüenzas que le hacen pasar al país las autoridades son monumentales. Personajes sobrestimados, a los que la vanidad parecería haberlos enajenado, al punto de no percatarse de los efectos letales que tienen sus acciones y declaraciones.

En un acto de siniestra prestidigitación política, tras allanar su casa a la madrugada, mutaron en víctima a un expresidente, al que el país miró con desprecio y repulsa, tras escuchar una grabación filtrada de un diálogo suyo con el israelí Shy Dahan, al que ofrecía ayudarle con jueces amigos, y que luego fue asesinado, de manera horrenda, en la Penitenciaría.

El operativo para detener a Bucaram, que llevaba un grillete, mostró la ofuscación de un Gobierno que entrega un arma, con el gatillo puesto, a los acusados para que les hieran su imagen y avergüencen al país en el exterior.

El video de policías apuntando a un exmandatario, en su cama, viajó por el mundo, que desconoce la trama de corrupción en la que está involucrado el político, acusado de delincuencia organizada. Solo vieron que el actuar de la policía es idéntico al que causó repulsa, cuando Correa usó contra sus oponentes.

Por si fuera poco, el allanamiento lanzó al suelo las fichas del rompecabezas, que demostraba que las pruebas para Covid-19, encontradas en el primer allanamiento a Bucaram -y que la Fiscalía dijo eran iguales a las del hospital Teodoro Maldonado-, provenían de Shy Dahan.

Entonces, la gente presume que, por evitar responder quién entregó los hospitales, han actuado sin premeditación, infringiéndole un grave daño al país, que ha sido denunciado ante organismos internacionales por violar los derechos humanos de una persona.

Pero hay más.

Las declaraciones del secretario de Gabinete sobre los candidatos del correísmo son torpes, ya que no solo los victimiza ante la opinión nacional, sino que hace presumir que el Ejecutivo controla la justicia, lo que pone al país en mal predicamento ante la comunidad internacional, sensibilizada por la campaña de los socialistas del Siglo XXI, que propalan la idea de que son perseguidos políticos.

“Buen riesgo es ser candidato correísta porque la justicia va a poner los ojos sobre los que todavía no se han fugado o no están condenados”, dijo, suelto de huesos, el funcionario.

Si no tiene conciencia de la gravedad de sus palabras, estamos en problemas. Si lo hizo a propósito, como país, estamos perdidos.

Roldán también se muestra desinformado al asegurar que sus antiguos aliados tienen poco respaldo, cuando las encuestas y los analistas dicen lo contrario. Pensando con el deseo, parece no saber cómo encarar las cifras; o, en verdad, vive en una realidad paralela, que explicaría los crasos errores de Carondelet.

Seguro que con este tipo de argumentos armaron la terna para vicepresidente, que el mandatario envió a la Asamblea. Pero el contundente rechazo que Roldán y su compañera de Gabinete, la ministra de Gobierno, recibieron, parece tampoco haberles hecho reflexionar y enmendar.

Gobernar es un arte y ese arte no está, obviamente, en el Twitter, que muchos usan como referencia.  

Se atribuye a Margueritte Yourcenar haber dicho: “Lo importante no es cómo se haya llegado al poder, sino que una vez en él se demuestre que se merecía ejercerlo”.

Los yerros en las acciones y declaraciones de los funcionarios más cercanos a Moreno explican el 8% de apoyo al Ejecutivo; el más bajo del que se tenga memoria.

Así, en medio de una feroz pandemia, con una terrible crisis económica, y una campaña electoral en ciernes, Romo y Roldán están en el precipicio. Y el Gobierno se desmorona.

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