Dato y Relato

Rusia contra Ucrania y el petróleo caro, ¿bueno o malo para Ecuador?

Fidel Jaramillo

Fidel Jaramillo

Ph.D. en Economía Universidad de Boston, secretario general del FLAR y docente de la UDLA. Ex gerente general del Banco Central y exministro de finanzas de Ecuador, y alto funcionario de CAF y BID.

Actualizada:

26 Feb 2022 - 19:05

Mi columna ‘Petróleo caro, ¿hasta cuándo?‘, despertó muchos comentarios y preguntas relevantes que merecen una reflexión, especialmente ahora que Rusia ha invadido Ucrania y el precio del petróleo aruña los USD 100 por barril.

Además de la pregunta obvia sobre cuánto más puede subir y cuán permanente es este aumento, una primera inquietud es si esta bonanza realmente beneficia a Ecuador. La preocupación es genuina pues, por una parte, los ingresos por exportaciones petroleras aumentan y alimentan las cuentas fiscales.

Por otra parte, también aumenta el costo de las importaciones de combustibles y, dado que los precios internos están congelados, el subsidio aumenta.

Pero tranquilos: el efecto fiscal neto es positivo, aunque no tan grande como para saltar de alegría. Las estimaciones son complejas y las hojas de Excel del equipo de economistas del gobierno y del Fondo Monetario Internacional (FMI) deben estar que queman con estos cálculos. Sin mucha sofisticación, estimaciones simples o de ‘servilleta’, como se dice popularmente, ilustran la magnitud de dicho impacto.

Por cada USD 10 de aumento promedio del barril de petróleo, las exportaciones aumentarían aproximadamente USD 1.700 millones.

El efecto fiscal es menor, alrededor de USD 680 millones (0,6% del PIB), luego de descontar el costo adicional en el subsidio de los combustibles y algunos gastos atados a los ingresos petroleros que tienen que distribuirse a gobiernos autónomos descentralizados y a otros beneficiarios.

El efecto fiscal neto de cada USD 10 de aumento en el precio del petróleo sería de solo USD 500 millones.

De modo extraoficial, se ha conocido que la estimación de las autoridades no es tan optimista y que el efecto fiscal neto por cada aumento de USD 10 en el precio del petróleo sería de solo USD 500 millones (0,45% del PIB).

En definitiva, el fisco sí está beneficiándose de esta coyuntura de bonanza, pero buena parte de los ingresos extraordinarios se está quemando con los subsidios.

Una segunda preocupación: ¿qué debería hacer el Ecuador con esta inesperada riqueza? Recibí comentarios críticos de lo que el país hizo entre 2011 y 2014, cuando el precio excedió los USD 100 por barril.

Ciertamente, cuando las vacas estuvieron muy gordas, aumentamos gastos y deuda, pero quedamos muy frágiles cuando nos tocó enfrentar el tiempo de las vacas flacas. Es decir, hicimos exactamente lo contrario a lo que dice la Biblia.

¿Cómo actuar ahora para evitar dichos errores? Una opción sería ahorrar los ingresos extraordinarios, pero eso parecería inviable en una coyuntura política muy difícil y con muchas urgencias para enfrentar la crisis del Covid.

Alternativamente, se podría reducir deuda, especialmente la más costosa como la de China, o endeudarse menos de lo previsto. Aumentar un activo (mayor ahorro) o reducir un pasivo (menor deuda) es equivalente, e incluso mejor, si el pasivo es más caro. En cualquier escenario, la clave sería resistir a la tentación de gastar más.

Una tercera arista tiene que ver con el medio ambiente. El petróleo caro sería bueno porque desincentiva el consumo de combustibles fósiles y estimula el uso de energías renovables, medios de transporte no motorizados y vehículos eléctricos.

Esto es parcialmente acertado, pero también es cierto que con estos precios se hacen rentables tecnologías más ineficientes y con mayores efectos ambientales como el fracking, la explotación de crudos más pesados y el carbón.

A propósito, un comentario explícito que recibí fue “prohibir el fracking” por ser un “crimen ambiental”.

Estoy de acuerdo con dicha motivación, pero probablemente más efectivo que una mera prohibición podría ser implementar un marco regulatorio e impositivo global, que tome en cuenta los efectos ambientales adversos y las mayores emisiones de carbono de esta y otras tecnologías extractivas y de generación energética. Mientras más sucio, más debería pagar…

Adicionalmente, hay una consideración redistributiva. Como es evidente, buena parte de los ingresos extraordinarios beneficiará a los mayores productores como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, países cercanos a la órbita de influencia de Estados Unidos, cuyas empresas, a diferencia del pasado, figuran entre las beneficiarias.

Sin embargo, también dejará recursos extraordinarios en otros países alejados de tal órbita geopolítica como Irak, Irán, Kasajistán, Venezuela y la propia Rusia, aunque esta última podría ver limitada su capacidad de venta por las sanciones internacionales.

El choque de precios de petróleo es positivo para varios países de la región, incluyendo Brasil, México, Venezuela, Colombia y Ecuador. Al mismo tiempo, resulta muy grave para los países importadores, en especial en Centroamérica y El Caribe.

Finalmente, existe preocupación sobre los efectos desestabilizadores de este aumento de precios del petróleo (y de otras materias primas y alimentos, que también se han incrementado) lo que ocasionaría un aumento no solo en los costos del transporte y de la energía, sino de toda la cadena petroquímica que incluye bienes tan diversos como fertilizantes, plásticos, fibras y hasta jabones.

De ser persistentes, estos aumentos de precios empeorarían las presiones inflacionarias globales, la volatilidad en los mercados financieros y reducirían la recuperación.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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