Contrapunto

Los secretos desconocidos sobre la Sinfonía Fantástica de Berlioz

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

21 Ene 2022 - 19:02

La primera impresión que causa la ‘sinfonía Fantástica’, opus 14, de Hector Berlioz (1803-1869) es el despliegue instrumental gigante, melodías que alucinan y que requieren volver a ser escuchadas una y otra vez para intentar entender qué quiso expresar el controvertido músico francés.

Berlioz se tomó muy en serio lo que algunos compositores denominaban música programática, que estuvo de moda en el período romántico, por ejemplo, la sinfonía Pastoral de Beethoven o antes, en el barroco de Vivaldi, ‘Las cuatro estaciones’.

Historiadores de la música algo habían escrito sobre los motivos que tuvo Berlioz para incursionar en esta idea. Mencionan a la actriz irlandesa Harriet Smithson, que había llegado a París junto con una compañía británica para interpretar algunos dramas de Shakespeare.

El escenario fue el teatro Odeón de París, la obra Hamlet, el acto fue el séptimo cuando aparece Smithson en el papel de Ofelia. Entre el público estaba Berlioz, que quedó cautivado apenas vio a la actriz salir al escenario.

Así comenzó la historia que ahora relata con muchos detalles el músico e historiador español Ramón Gener, en uno de los capítulos de un libro ya reseñado en este espacio y que lleva por título ‘La fantasía fantástica de las musas’.

Cuenta el historiador que el músico regresó cinco días después al mismo teatro Odeón; esta vez la actriz interpretaba a Julieta en ‘Romeo y Julieta’ de Shakespeare y la pasión fue la misma.

Desde ese mismo momento tomó la decisión de dedicar a la actriz todos sus sentimientos a través de un drama, pero musical, al que denominaría ‘Episodios de la vida de un artista’ y cada uno de los cinco movimientos tendría nombre.

Así fue como nació la idea de la ‘Sinfonía Fantástica’, a decir de muchos la mayor obra orquestal, que demanda para su interpretación una enorme cantidad de instrumentos. Los movimientos se denominaron: ‘Sueños y pasiones’, ‘Un baile’, ‘Escena en el campo’, ‘Marcha al suplicio’ y ‘Sueño de una noche de aquelarre’.

Comenzó a escribir la obra apenas la actriz y el elenco de teatro se fueron de París con rumbo a Holanda y luego a Londres.

La Sinfonía la estrenó con gran éxito en 1830 y fue muy elogiada, entre otros, por Meyerbeer y por Liszt.

Gener revela el texto que los asistentes debían leer para acompañar a la obra:

‘El artista se envenena con opio. La dosis del narcótico, demasiado leve para causarle la muerte, le sumerge en un sueño de horribles visiones. (…) El autor supone que un joven músico (…) ve por primera vez a una mujer que reúne todos los encantos del ser ideal que soñaba su imaginación y se enamora perdidamente. Por un extraño capricho, la imagen amada siempre se presenta en la mente del artista asociada a un pensamiento musical (…) Este reflejo melódico con su modelo le persigue sin cesar en forma de doble idea fija”.

Señala el escritor que el joven músico al que se refiere el programa es el mismo Berlioz y la mujer no es otra que Harriet Smithson, la causa de su obsesión. Lo que no dice el escritor es que oír repetidas veces la sinfonía causa adicción y dependencia (experiencia personal).

Después de esta historia Berlioz siguió en la composición musical, se enamoró nuevamente, viajó a Italia después de ganar un premio y volvió a París después de dos años para estrenar ‘Lélio’, o el retorno a la vida, que es la continuación de la ‘Fantástica’.

Coincide que también regresaría Harriet Smithson a París, con la misma compañía de teatro. Asistió al programa que fue promocionado como el ‘Grand concert dramatique’, que incluía la ‘Fantástica’ y ‘Lélio’.

El final que imaginó Hector Berlioz se cumplió: la actriz se enamoró de la obra y del músico, también se casaron, pero ese no fue un final tan feliz.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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