Contrapunto

La ‘confesión del alma’ de Sibelius en una sinfonía y el poder de la música

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

17 Dic 2021 - 19:03

Era difícil para un pequeño país nórdico, como Finlandia, derrotar a la ocupación del imperio ruso, pero el compositor Jean Sibelius (1865-1957) pensaba que, a través de la música, era posible al menos despertar un sentimiento nacionalista.

Entre las mejores creaciones del violinista y compositor sin duda está el poema sinfónico ‘Finlandia’, que durante mucho tiempo fue considerado himno nacional; pero toda su música tuvo como leimotiv su país y la libertad de su pueblo.

Habíamos comentado antes en esta columna el virtuosismo del músico finés al crear la Sinfonía 3, opus 52, que es considerada la única escrita para órgano y orquesta, aunque también tiene una breve intervención del piano.

El tema de hoy es la Sinfonía 2 en re mayor, opus 43, que Sibelius compuso en Rapallo, Italia, durante una estadía en ese país, al que la mayoría de los músicos viajaba para conocer y admirar la ópera, porque allí nacieron los mayores exponentes de ese género.

La Sinfonía 2 -de la siete que compuso- es catalogada entre las últimas del período romántico, a pesar de que fue creada en 1901 y terminada en 1902, en la etapa que ya era considerada como el posromanticismo de la música.

Por esa razón, cuando el siglo XX comenzaba a dar signos renovadores, la música de Sibelius insistía en las texturas románticas. Y para algunos historiadores la influencia de Tchaikovsky marcó la obra del compositor finés.

Para Sibelius esa sinfonía fue “una confesión del alma” y de acuerdo con los historiadores su fuerza instrumental es tan impactante como la de ‘Finlandia’, opus 26.

La historia narra que el barón Axel Carpelan motivó a Sibelius para que viaje a Italia, un país donde incluso lo feo es hermoso y la música, la armonía y el cantábile son sublimes.

En una casa de campo de Rapallo, Sibelius desarrolló toda la temática de la obra, que en un principio fue conocida como la ‘Sinfonía de la Independencia’ y, a la vez, la protesta más expresiva en contra de la ocupación rusa.

‘Finlandia’ alcanzaría la independencia recién en 1917, aunque el reconocimiento ruso a esa declaración se produjo al año siguiente. La literatura sobre esta sinfonía no es coincidente en torno a los propósitos que tuvo el compositor.

Algunos la identifican con el período de mayor presión rusa sobre la cultura y la rebeldía de los finlandeses, pero otros simplemente la ubican dentro de la etapa musical conocida como nacionalista.

En ese devenir nacionalista destacan, entre varios compositores, Smetana, Dvorak, Nielsen, Grieg y el mismísimo Grupo de los cinco, integrado por los rusos Balakirev, Cui, Borodin, Mussorgsky y Korsakov.

Pese a su salud frágil, que se agravó por causa de su dipsomanía, Sibelius vivió hasta los 92 años y nunca se supo si llegó a componer una octava sinfonía o simplemente la quemó junto a muchos otros documentos, en una fogata que tuvo como testigo a su esposa Aino.   

Otra de sus obras famosas, además del Concierto para violín opus 47, es el ‘Vals triste’, para muchos musicólogos una de las más expresivas y románticas de toda la composición musical de Jean Sibelius.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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