Contrapunto
Sinfonía con órgano, una bella genialidad de Saint-Saëns
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

4 Jun 2021 - 19:11

Los compositores franceses siempre se destacaron por crear algo diferente en medio de la exigente demanda del ambiente musical europeo.

Ejemplos: Ravel escribió un bolero, Bizet una ópera española, Berlioz una sinfonía que denominó Fantástica por lo colosal y Saint-Saëns compuso una sinfonía en la que incluyó órgano, que fue el instrumento preferido por Bach.

Hablemos entonces de Camille Saint-Saëns (1835-1921), niño prodigio como la mayoría de los músicos, virtuoso del piano, escritor, caricaturista, viajero frecuente y un gran improvisador del órgano, el instrumento que más se usaba en las iglesias, considerado entre los más antiguos y difíciles de tocar.

Admirado por Liszt y por Wagner, el músico francés escribió cinco sinfonías, pero solamente se publicaron tres. Y, precisamente, la tercera, opus 78, es considerada por los musicólogos como su obra cumbre, en cuyos ocho minutos del finale se aprecia el aporte del órgano, y también fragmentos de piano.

Sobre esta obra dijo en alguna ocasión Saint-Saëns: “Con la tercera sinfonía he dado todo lo que podía dar. No lo podría hacer nuevamente“. Terminó de escribirla y la estrenó en Londres en 1886, el mismo año en que murió Liszt, a quien se la dedicó, y hasta ahí llegó su aporte a la música sinfónica.

El crítico musical de Salvat usa el adjetivo “grandilocuente” para explicar la densidad de la masa orquestal. Y agrega que la obra tenía que haber sido escrita en la tonalidad de si menor, pero por exigencias del pedalero del órgano, Saint-Saëns la hizo en do menor.

Existen variadas interpretaciones de esta sinfonía; algunos directores le dan un protagonismo único al órgano en el último movimiento, otros la adaptaron al acompañamiento de toda la orquesta. Lo que es indiscutible es que muy pocos compositores han usado piano en una sinfonía y peor aún órgano.

De las tres sinfonías editadas, la tercera es la que más se toca en los escenarios franceses y europeos. Salvat también destaca que la incorporación del órgano “aporta exultantes colores que acentúan las suntuosidades sonoras“.

Otro de los grandes compositores franceses, Hector Berlioz (1803-1869) dijo de su colega y compatriota que es un “pianista fulminante y uno de los grandes músicos de nuestra época”. Muy cierta la afirmación porque Saint-Saëns tiene también unos formidables conciertos para piano en los que, pese a su originalidad, se aprecia la influencia de Schumann.

La genialidad que también demostró en la suite ‘El carnaval de los animales’, que la escribió durante un tiempo de carnaval en Austria; y lo hizo a modo de divertimento, que luego derivó en una suite de 14 actos.

Fue tocada por primera vez en 1886 en París y nunca más porque, al parecer, al músico no le agradó. Pero tras su muerte en 1921, a la edad de 86 años, la obra se constituyó en un logro de la escritura pianística, incluso alguna película de Walt Disney fue acompañada por esa partitura.

Otra de las obras conocidas es su poema sinfónico ‘Danza macabra’, sus conciertos para piano, violín y orquesta y la ópera ‘Sansón y Dalila’, que es la única que se mantiene en los repertorios operísticos de un total de 13 que escribió.

Entre los viajes, que fueron muchos, estuvo en Estados Unidos, Argentina y Uruguay. Vivió algunos años en España y en el norte de África y su muerte, aquejado por una fuerte congestión pulmonar, lo sorprendió en Argel, el 16 de diciembre de 1921.

Para acceder a la tercera sinfonía y a cualquiera de sus movimientos o simplemente al órgano, en el buscador digite saint saens sinfonia 3 o pulse este enlace https://www.youtube.com/watch?v=ZWCZq33BrOo.

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