Contrapunto

La Sinfonía Ucrania o Pequeña Rusia, de Tchaikovsky

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

4 Mar 2022 - 19:01

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893) fue el músico ruso más admirado en la Europa decimonónica y, al mismo tiempo, el imperio de los zares lo acusaba de “cosmopolita y occidental”.

El nacionalismo de Tchaikovsky recién apareció en 1880, cuando escribió su ‘Obertura 1812’, opus 49, para conmemorar la victoria de la resistencia rusa en 1812 frente al avance de la ‘Grande Armée’ de Napoleón.

Dentro de su producción sinfónica constan ocho sinfonías, pese a que en los catálogos son numeradas solo seis. Otra, conocida como ‘Manfred’, opus 58, fue compuesta entre la cuarta, opus 36, y la quinta, opus 64.

La que fuera catalogada como ‘Séptima Sinfonía’, recién fue reconstruida en 1950 por el músico ruso Semyon Bogatyryev.

Después de su primera sinfonía en sol menor, opus 13, conocida como ‘Sueños de Invierno’, una estadía en Ucrania, en el verano de 1872, lo inspiró a escribir una sinfonía que denominaría con el nombre de ese país.

La escribió en aproximadamente cuatro meses, pero luego de revisarla y mostrarla a su amigo Nikolái Rimski-Kórsakov (1844-1908), la estrenaría un año después, en enero de 1873, en Moscú y un mes más tarde en San Petesburgo.

Ucrania fue el nombre original de la obra, pero se supone que fue en San Patesburgo donde se la comenzó a denominar ‘Little Russia’ o ‘Pequeña Rusia’, que era el nombre con el que se conocía a ese país.

Al contrario del denominado ‘Grupo de los cinco’, integrado por Mili Balákirev, César Cui, Modest Musorgski, Rimski-Kórsakov y Aleksandr Borodín, creado para contrarrestar la influencia musical europea, Tchaikovsky simplemente rompió la tradición.

Casi toda su obra está encasillada dentro del período conocido como romántico, pese a que tampoco renegó completamente del folclor de su país.

En un sentido estrictamente musical, el autor de la Sinfonía 6 ‘Patética’ fue un revolucionario, coinciden los musicólogos.

Tchaikovsky desafió el nacionalismo impuesto por los zares y se lanzó a la conquista de Europa. En ese sentido, la mejor relación con el influyente Grupo fue a través de Rimski-Kósakov.

En ‘Grandes compositores de la música clásica’, editado por Royal Philarmonic Orchestra, se afirma que los zares de ese “país periférico” eran “una gran potencia cuando se trataba de reprimir a patriotas, demócratas y músicos insumisos”.

En el género operístico, y para contrarrestar las influencias de Verdi y Wagner, solo aceptaban a Mijaíl Glinka, autor de la ópera ‘Una vida por el zar’.

En la encrucijada de caminos tan opuestos la figura de Tchaikovsky “se recortó sola”, afirma la misma fuente. Lo acusaban de “extranjerizante, neurótico, alcohólico y homosexual”, sin embargo, el músico ruso logró hermanar la belleza de Mozart con la proveniente de las estepas rusas.

En la sinfonía ‘Pequeña Rusia’, el cuarto movimiento (moderato assai), Tchaikovsky lo toma de la canción popular ucraniana ‘La grulla’, que Musorgski también incorpora en sus famosos ‘Cuadros de una exposición’.   

Después de su sinfonía ucraniana, Tchaikovsky escribió la número 3, conocida como ‘Polaca’, pero su nombre no tiene nada que ver con Polonia, sino con el final ‘tempo di polka’; se la conoce así desde su estreno en Londres.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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