Leyenda Urbana

La soledad política de Lasso amenaza su estabilidad en la Presidencia

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

25 Jul 2022 - 19:05

Qué le pasa a Lasso se pregunta la gente, dentro y fuera del país, sorprendida por los desaciertos, las fallidas acciones y hasta sus imprudentes declaraciones, que han configurado un insólito escenario político, en el cual el Presidente de Ecuador es una suerte de rehén de sus propias falencias.

Carondelet es una burbuja en la que habita quien toma decisiones que afectan a 18 millones de personas, pero al que se le siente tan distante de la gente, que parece no darse cuenta que ha perdido su apoyo. Y está solo.

Cómo piensa gobernar los tres años que le faltan, con una Asamblea opositora, sin aliados y sin respaldo popular, es la pregunta, llena de angustia, que todos se hacen, sin que nadie responda. 

Cuando en uno de sus arranques verbales, Lasso dijo que gobernará sin la Asamblea, dinamitó los puentes que le conectaban con movimientos y partidos, aunque luego haya dicho que sí quería dialogar.

Al día de hoy, ninguna fuerza política, que no sea la suya, apoya a su Gobierno, porque Izquierda Democrática (ID) y Pachakutik están fraccionados. Y las otras organizaciones, se han juntado en la oposición.

Cuando Lasso llamó “triunvirato de la conspiración” a Correa, Nebot e Iza, cerró toda posibilidad; cuando acusó de evasor de impuestos al excandidato presidencial de la ID, Xavier Hervas, cometió un desatino, al igual que al detener al presidente de la Conaie, al que elevó a la condición de contradictor político.

Resulta insólito, pero la Asamblea Nacional, cuya nueva mayoría se estrenó aprobando, con impudicia, una ley Mordaza, no es el único espacio adverso al Gobierno.

El plan de impuestos y algunos gestos le han restado apoyos del sector empresarial, que fue un puntal en su triunfo electoral. Y como tampoco se ha enfocado en lo social, los sectores más necesitados son los que menos le respaldan.

Por si faltaba alguien, el influyente gremio del que fue protagonista durante años, lo mira con inquietud, luego de que acusara de evasor a Fidel Egas, el mayor banquero del país.

Catorce meses después de haber asumido el poder, el escenario es funesto, con un entorno palaciego que no le dice lo que está sucediendo. O un primer mandatario que no lo escucha.

Los dos casos son graves, porque si los más cercanos evitan decirle lo que pasa, por un temor reverencial; o si el primer mandatario no les hace caso, incumplen sus funciones; mientras que Lasso vive en una realidad paralela, diferente a la del pueblo.

Un año atrás, tenía cifras históricas de apoyo, que superaban el 70%. Hoy son casi idénticas, pero de desaprobación.

Un año atrás, el plan de vacunación era una certeza, el Gobierno se esforzaba y el país lo respaldaba. Ahora, la gente quiere medicamentos, pero no hay; quiere trabajo, y no encuentra; quiere paz, y es víctima de una violencia atroz.

Diversas voces han vuelto hablar de la consulta popular, como una salida ante el vacío político, pero el Ejecutivo mira a otro lado, aunque él mismo la había mencionado, tal como hizo, algunas veces, con la muerte cruzada.

Simplemente, el Gobierno ha perdido la brújula.

Quiénes sí saben lo que quieren y tienen una hoja de ruta son los canallas que se apropiaron de las riquezas del país, en tiempos de bonanza, y quieren volver por más, para lo cual tienen un plan que incluye apoderarse de las instituciones de control y la justicia, para lavar sus crímenes.

Quiénes sí saben lo que quieren y tienen una hoja de ruta son los canallas que se apropiaron de las riquezas del país.

De esto se ha hablado una y otra vez, pero aquellos que prometieron en campaña cerrarles el paso, hacerles que paguen ante la justicia y recuperar los miles de millones que se llevaron; a punta de errores, funestas amnistías y acuerdos vergonzantes de ocasión, han pavimentado avenidas para que vuelvan, impunes.

Así, el país está en un abismo.

Por si no fuese suficiente, cada vez que el presidente Lasso interpreta las críticas a conveniencia, también se equivoca. 

“Prefiero ser ingenuo a tener a hombres o mujeres del maletín comprando votos”, declara, como respuesta a que su gobierno es ingenuo.

Pero la ingenuidad no es una virtud y su opuesto no es la corrupción. En política, ingenuidad es no atisbar los escenarios; no conocer la política ni a los políticos. 

Tiempo atrás, en el caso Glas, dijo que le habían pedido metiera la mano en la justicia, cuando el reclamo fue por la negligencia de sus funcionarios del SNAI y del Ministerio de Gobierno que, sin chistar palabra, se allanaron al informe de los médicos de Glas, y propiciaron se lo dejara libre. 

Solo la presión del país les obligó a actuar, ceñidos a la ley; como también se consiguió, tiempo después, se elimine un Decreto de Estado de excepción con insólitos errores, que el Presidente había firmado, siendo, como dijeron, “un borrador”.

También la presión de las redes, estos días, les llevó a cambiar, en horas de la noche, al subsecretario de Minas que designaron, a pesar de estar involucrado en el reparto de hospitales. 

Lo que ya no podrán enmendar es haber puesto en la terna, para Superintendente de Bancos, firmada por Lasso, a un personaje con impedimento legal, conflictos de intereses y vinculado al correísmo.

Tantos errores; tantas falencias, pero en Carondelet creen que todo va bien. Consumatum est.

Guillermo Lasso es, hoy, un exbanquero que ha perdido su capital político, y está solo. Su propia estabilidad en la Presidencia, está en riesgo. 

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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