Leyenda Urbana
La suerte de Guillermo Lasso
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

14 Jun 2021 - 21:03

Le ha tocado gobernar en tiempos convulsos, con una atroz pandemia, serias carencias financieras y urgencias sociales provenientes de todos los flancos. Es la tormenta perfecta, pero podría ser una gran oportunidad.

Guillermo Lasso acaba de iniciar su cuarta semana al frente del gobierno, pero daría la impresión de estar más tiempo al mando del país, en el que se han sucedido una serie de hechos y producido algunos cambios.

Aquello de que la historia se habría acelerado parece ser verdad, más aún cuando un gobernante debe lidiar hasta con la agenda de los contradictores.

En busca de escaparate, en su campaña por la presidencia de la Conaie, Leonidas Iza protagonizó una marcha, la semana pasada, en Latacunga. Piden se deroguen los decretos del gobierno de Moreno, que liberaron los precios de los combustibles.

Una inesperada imagen se observó en la capital de Cotopaxi, dando señales de cuál será la estrategia del gobierno de Lasso, empeñado en desactivar cualquier probable conflicto.

El viceministro de Gobierno, Homero Castanier, y el gobernador de Cotopaxi, Oswaldo Coronel, compartieron tarima con Leonidas Iza, y otros dirigentes sociales. En los discursos discreparon, pero primó la compostura.

En Carondelet, en tanto, el primer mandatario recibió a los dirigentes del transporte y acordaron la integración de una comisión para revisar las demandas del gremio, que pide la focalización del subsidio de los combustibles, la reprogramación de las deudas con el sistema financiero y vacunación.

“Hemos cambiado las calles por las mesas de diálogo”, declaró Fernando Valdez, presidente de los taxistas ejecutivos del Ecuador, tras la cita, a la que fue invitada la presidenta de la Asamblea, Guadalupe Llori, cuyo movimiento político tiene un acuerdo con el Ejecutivo.

“Hemos cambiado las calles por las mesas de diálogo”.

Fernando Valdez.

En la ceremonia de cambio de mando militar, el presidente Lasso elogió a las Fuerzas Armadas por haber permanecido “en la acera correcta de la historia”; mientras advirtió a los grupos que actúen fuera del marco institucional y pretendan, con anarquía, desestabilizar el país.

La inestabilidad es, precisamente, el mayor problema de la región, abocada a álgidos momentos y a resultados electorales impensables, hasta hace poco.

Flanqueado por Perú y Colombia, en un vecindario que parece decantarse por la izquierda y con la región encendida, Ecuador está, hoy, en punto de mira, por la extracción ideológica de su gobernante.

Cómo actuará Lasso, de tendencia liberal en lo económico, para solventar la crisis financiera, a sabiendas de que el espacio de maniobra para lograr ingresos es del tamaño de una baldosa. Y aumentar impuestos tendría, hoy, el efecto de la nitroglicerina, son grandes interrogantes que se plantean dentro y fuera del país.

El espacio de maniobra para lograr ingresos es del tamaño de una baldosa.

El tema es grave porque las desigualdades sociales son inaceptables y, en tiempos de rebelión, son un verdadero combustible. Pero no hay dinero.

La inesperada decisión del Presidente Lasso en materia sanitaria, podría anticipar que el pragmatismo será el santo y seña de su mandato.

Abocado a las urgencias de la pandemia, y ante la certeza de que Estados Unidos no será el gran proveedor de las dosis suficientes, para cumplir su promesa de vacunar a nueve millones, en 100 días, Lasso no ha dudado negociar con Rusia la adquisición de 18 millones de vacunas Sputnik V, y con China, seis millones de CanSino y Sinovac.

Que China y Rusia tengan las vacunas que Ecuador necesita es una casualidad. Pero resulta que esas dos naciones también han desembarcado en la región con multimillonarios créditos e inversiones, mientras Washington parecería haberse despistado de esta vital zona.

Por eso, anticipar que las acciones de Beijing y Moscú repercutirán en la geopolítica regional, es apenas obvio.

La pregunta es si un pragmatismo similar al usado frente a las vacunas, será empleado por Lasso para tomar alguna iniciativa ante la nueva realidad regional, donde solo el daltonismo político impediría ver la gama de amenazas que se ciernen sobre ella.

Por la vía de las urnas, Perú entregaría el poder a Pedro Castillo, un profesor rural de ideas radicales. Colombia, que lleva más de un mes con miles protestando en las calles, irá a las urnas el año entrante. Y Chile, luego de un estallido social, se apresta a escribir una nueva Constitución, también bajo el signo de la izquierda radical.

Que Lasso persuada a las élites locales, que se rasgaban las vestiduras nombrando a Chile, Perú y Colombia, como ejemplos de crecimiento económico y grandes inversiones, para que miren la realidad de esas naciones y, con inteligencia y generosidad, actúen en bien del país, será un buen inicio.

La región es una fábrica de pobreza y hay que acabar con ello, de forma urgente, aparcando las obsesiones ideológicas y privilegiando la vida. Quienes más tienen, más deben contribuir.

Ecuador fue, por mucho tiempo, una isla de paz, pero los tiempos han cambiado. En la nueva realidad, Guillermo Lasso bien podría conseguir que el país se vuelva un ejemplo de equidad en la región.

Sería el mejor aporte de Lasso y tendría la suerte de trascender.

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