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Todos somos Manabí
Rafael Lugo Naranjo

Rafael Lugo Naranjo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

21 Nov 2020 - 19:00

Ecuador está diseñado para la exclusión. Lo usual es que los grupos de poder se acomoden, consigan serviles burócratas que les diseñen normas a la medida, y cuando llega el político populista a quedarse con la mayoría de los votos gracias al irresponsable asistencialismo, esos mismos grupos de poder ponen el grito en el cielo: “porque así no se maneja la economía”.

La exclusión alimenta también el prejuicio y la ceguera ante otras realidades. Ahora que he pasado unos días en Manabí, recuerdo el cabreo de muchos por los votos que recibió el recomendado de Correa, Lenín Moreno, pese al latrocinio doble perpetrado con el dinero recaudado para la reconstrucción luego del terremoto. 

El cabreo volverá a repetirse, pues Manabí sigue siendo correísta. Aunque esta vez los votos no le serán suficientes al nuevo recomendado de Correa.

Al inicio de esta semana aproveché para tener una larga charla con un manaba bastante simpático y claro de pensamiento.

Lo llamaré ‘Francisco’. Francisco es un tipo de unos 35 años, dueño de discoteca, líder comunitario muy enterado y conectado con los políticos regionales, y con buena memoria. Ya está acostumbrado a que lleguen quiteños a preguntarle que cómo así votan al correísmo. “A veces se enojan”, me dice. 

“Si algún político quiere desaparecer a Correa de Manabí, tiene que venir a hacer lo que el man hizo acá”, sostiene, y argumenta: “Gracias al puente de Bahía, ya no se pierde la pesca y se llega en minutos, chatarrizó los motores fuera de borda de miles de pescadores y les dio nuevos con facilidades y lo mismo hizo con el parque automotor. Antes cuando uno de nuestros carros viejos se dañaba, hasta llegar a El Carmen ya se terminaba de destrozar en la carretera malísima que teníamos”. 

Las escuelas eran de caña y el profesor escribía en la pared con carbón, porque no había ni tiza. “Y cuando un padre que estudió así, ve que su hijo tiene chance de estudiar en una escuela con piscina y laboratorios de computación, discúlpeme, pero el resto vale nada”. 

“El resto” es la corrupción salvaje que se desbocó desde 2008. En la cabeza se me atropellan las prioridades de la escala de valores mientras lo escucho. Pocas ganas tengo de mencionar los sobreprecios y la corrupción. Y antes de yo pueda decirle nada, Francisco continúa:

“Nosotros sabemos que los manes llevaron. Por aquí nomás hay una casa con billete del que fue vicepresidente, pero los políticos le han robado siempre a los más pobres. Y solo a nosotros nos joden”, remata y se ríe.   

“En Quito también hay gente que se hace la cojuda con la corrupción”, le digo como si le contara un secreto, y menos ganas tengo de pedirle que piense en la transparencia. Pero se me ocurre preguntarle sobre Moreno y me dice algo muy interesante:

“Es el peor presidente de la historia, y la plena que sí nos preocupa que Arauz resulte igual de cojudo, o sea todavía no hemos decidido. Ya le oí hablar y el pana no convence, aunque es más probable que trabajemos por él como trabajamos por Moreno”.

¿Y no se arrepienten de haber trabajado por Moreno?, le pregunto. “Claro que sí, ya no hay billete por culpa del man y hasta se atacó él mismo con un golpe de estado falseta el año pasado solo para hacerle quedar mal a Rafael”, me dice convencido. 

Seguimos hablando. Le explico que Moreno llegó cuando el país ya estaba quebrado y me acepta la posibilidad. Lo del golpe me dio risa y no ahondamos en esa idea que, seguramente, circula como parte de la propaganda verde por estas tierras. 

Punto a favor: Francisco me dice que en su provincia también tienen pánico a que se caiga la dolarización y que varias veces le escuchó a Correa quejarse de no tener moneda soberana y propia.

“Eso si nos jodería como a Venezuela”, concluye y le digo que Arauz seguramente se la bajará. Francisco se queda pensando unos minutos mientras siento el viento helado que viene empujando las olas de noviembre. 

“En todo lado pasan huevadas”, vuelve a la carga. Y sí, pienso, y le cuento que hay demasiados tipos dispuestos a conseguirse un burócrata servicial para que les elabore un reglamento a la medida. Estamos al borde de irnos a comprar caña manabita del puro despecho. Ecuador está lleno de náufragos a los que no les puedes reclamar por la calidad de madera a la que se abrazan, eso es obvio. 

Y estamos condenanados porque este país está diseñado para jugar sucio, y para discriminar. En cualquier provincia. En cualquier ministerio. 

Cuando le conté que Arauz no es un tipo del pueblo, y que es el más aniñado de los candidatos se quedó estupefacto. 

“Imagínese si el man no le cumple a Correa lo de la Constituyente para traerlo de regreso”, dice divertido, “está cagado el man”. Oiga Francisco, pero sí está muy mal eso de elegir a un tipo cuya principal misión será salvar a otro de la cárcel. Necesitamos un presidente y vamos a elegir un abogado penalista chimbo. 

“Si Lasso quiere tener más chance, tiene que venir a hablar con los alcaldes. Los alcaldes de acá saben que tienen que pactar con el que será presidente para poder recibir fondos y hacer obra, les toca ser bailarines. Luego los alcaldes trabajan con la gente y le dicen por quién votar”, me informa. 

¿Entonces todavía no se deciden?

“No, pero ya mismo. Vamos a irnos con el que tenga más chance. En las próximas semanas vamos a decidir”.

Dos días después se hizo pública una encuesta de Santiago Pérez que era generosa con Arauz y recordé esta charla y pensé que acaso con esa encuesta los convencerían de apoyarlos, engañándolos. 

Oiga Francisco, nadie en muchos años va a volver a tener el billete que se gastó Correa, esa oportunidad se perdió, ¿cómo espera que venga otro a borrarlo del mapa haciendo obras? Ya toca empezar a pensar un poco diferente, ¿no cree? Volverse un poco más autosuficientes. 

Francisco se encoge de hombros. Se hizo el silencio bajo el cielo gris. Yo no espero una respuesta acorde a mi lógica. No se puede medir a un hombre sin medir la historia de sus ancestros. 

He pasado días pensando en Francisco. Manabí no es muy distinta al resto de Ecuador. Hay empresarios que votan por el político que les da gusto, y el humilde pescador votará por quien le haga más liviana la faena. Realmente ninguno hace un análisis de la moral de quien le ayuda.

En un país acostumbrado a recibir prebendas y que cree que limitar la igualdad de oportunidades del otro es libre competencia, todos somos Manabí, pero con diferente calidad de pizarrón.

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