Contrapunto
Tomás Nevinson y su dilema de matar a una mujer
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

11 Jun 2021 - 19:03

Cuando una obra literaria está bien escrita, con personajes intensos, tramas dramáticas, fluida narración, necesariamente hay que comenzar por mencionar al autor, Javier Marías (Madrid 1951), un escritor que suma 40 obras entre novelas, cuentos y ensayos.

Pudiera ser que en la tierra de Cervantes los escritores tengan más obligación de ser prolíficos; lo cierto es que los españoles actuales parecen insuperables, tal como se constata en ‘Tomás Nevinson’, una novela que plantea temas delicados, pero abordados con maestría.

La novela (Alfaguara 2020) -lo aclara al final el autor- no es la continuación de la anterior, ‘Berta Isla’, pero es la otra cara, con los dos personajes siempre presentes, ninguno inferior al otro, tanto que es muy difícil comparar o inclinarse por cuál es mejor.

En conversaciones (vía chat) con amigos y buenos lectores, predomina la idea de que primero había que leer ‘Berta Isla’. Pero Marías aclara en el espacio de los agradecimientos que ‘Tomás Nevinson’ no llega a ser una continuación.

Además, es tan profundo y completo el relato, que las referencias a ‘Berta Isla’ son precisas para entender a Nevinson, un agente antiterrorista inglés-español reclutado por los servicios secretos británicos para misiones tan espeluznantes como matar a una mujer.

Además, peligrosa, militante del IRA irlandés y de la ETA vasca, causante de terribles atentados que dejaron decenas de muertos y mutilados durante varios años de asedio ultranacionalista en el siglo XX.

La novela parte con un par de ejemplos -uno real y otro ficticio- de las oportunidades que tuvieron dos pistoleros para despachar de un tiro nada menos que a Hitler, cuando ya era famoso, pero aún no había desatado el Holocausto. ¿Quién podría sentir pena por un asesinato así?, se pregunta Nevinson.

El agente se había retirado de la organización antiterrorista después de dos décadas de servicio. Solo alcanzó a ser “libre” un par de años, hasta que quien fuera su jefe, el ambiguo Bertram Tupra, lo contacta para la misión de “cazar” a una fugitiva de la ETA/IRA.

El narrador de la historia es Nevinson; que luego se convierte en Miguel Centurión, cuya misión era encontrar -incluso seducir- entre tres mujeres; porque una de ellas fue la causante del terror en España. Había que eliminar a una o a las tres, si fuera necesario.

Pero Nevinson o Centurión no era el agente impetuoso de antes, que podía quitar la vida a sus víctimas sin contemplaciones; ahora se angustiaba porque estaba obligado a matar a una mujer, algo que contravenía su educación arraigada de que a las mujeres no se les levanta la mano y menos se les quita la vida.

En su papel de Centurión reflexiona… la mujer que debe morir “no es el Führer” y se autoconvence de que quitar la vida no es tan extremo, ni difícil, ni injusto cuando se sabe a quién y con eso se evitan muertes de inocentes en atentados terroristas.

Todo se puede evitar de un disparo, de tres navajazos o un ahogamiento; ¿realmente lo consigue?, ese es el dilema más grande que plantea el personaje.

El famoso servicio secreto M16 de Tupra y Nevinson, al igual que otras siglas como la CIA o la KGB quedó alicaído, sin adversarios, tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y luego de la desintegración de la Unión Soviética; agentes y espías se habían dispersado.

En la novela no faltan las citas, por ejemplo, a Lady Macbeth, de Shakespeare, pero el escritor es muy cuidadoso de no abusar de la erudición del agente secreto. Y eso también lo reconoce al final: no puso entrecomilladas las citas de Eliot, Baudelaire, Dumas, Flaubert, Alighieri, etcétera, para evitar la pedantería.

El uso oportuno de paráfrasis es otro de los recursos narrativos usados por Marías en los diálogos irónicos y punzantes entre los personajes.

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