El Chef de la Política

Después de la tormenta

Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, investigador de FLACSO Ecuador, analista político y Director de la Asociación Ecuatoriana de Ciencia Política (Aecip).

Actualizada:

3 Jul 2022 - 19:03

Luego del cese de las movilizaciones, los diferentes actores deben reposicionarse de cara a lo que vendrá en el largo plazo, que en Ecuador nunca es más de seis meses.

Para el gobierno, los acuerdos alcanzados con la Conaie y el resultado fallido del intento de destitución al Presidente Guillermo Lasso por parte de la Asamblea Nacional, paradójicamente, no ofrecen buenos augurios.

Ha quedado al descubierto ante el país que los sectores que respaldan al Gobierno son cada vez menos, que la oposición legislativa será más hostil a su proyecto político y que las calles en cualquier momento pueden volver a poner en vilo la estabilidad institucional.

De allí que, el mensaje medianamente consensuado desde los diferentes espacios de la opinión pública gira en torno a la idea de que, si el Gobierno no da un giro radical a su forma de entender cómo funciona el país, difícilmente completará su período.

A falta de largos tres años para la culminación del Gobierno del Presidente Lasso, por tanto, urgen reformas integrales.

Es hora ya de que se priorice lo político, se mantenga la estabilidad en lo económico y se dinamice lo social. Los tres ejes al mismo tiempo, no de a uno, como hasta el día de hoy.

Se pueden generar acuerdos entre actores políticos en lo nacional y local, manejar las finanzas públicas de manera ordenada y a la par atender las demandas urgentes de la ciudadanía en términos de salud, educación y seguridad.

Solo de esa manera el Gobierno puede ver alguna luz al final del túnel. Lo contrario le llevará a que los problemas de las últimas semanas sean nada más que una antesala de algo mucho más grave. Ya no se pueden tomar decisiones erráticas ni tampoco aquellas que están marcadas únicamente por la técnica.

El Gobierno debe valorar que aún las cifras más claras deben estar teñidas por el ropaje de las consecuencias políticas. Acá no se trata del sector privado en el que las estadísticas hablan por sí solas.

Acá, en lo público, a los números hay que darles una narrativa social y edulcorarlos con una sana pedagogía que ponga al gobernante al mismo nivel de la ciudadanía.

Si apenas doce votos faltaron para que el Presidente Lasso se despidiera anticipadamente del cargo y si las protestas de diversa naturaleza y calado llevaron al gobierno a recurrir a dos espacios distintos de mediación, entonces se puede concluir que no existen las condiciones para poner en marcha la agenda de políticas públicas tal cual han sido concebidas (si han sido concebidas, desde luego) por el oficialista movimiento CREO.

Por tanto, el Gobierno debe ser cauto y asumirse como una administración de transición, que ponga los cimientos en lo económico, reduzca las conflictividades en lo político y atienda urgentemente lo social, esencialmente lo relacionado con el mundo indígena.

Para ello será necesario un equipo de colaboradores más centristas en lo ideológico, más independientes en lo partidista y más empáticos con la realidad del país en su apreciación de la vida cotidiana.

Es cierto que esa descripción se asemeja a la de un Gobierno que ha sido designado solamente para concluir un período, pero en este caso, como dicen los economistas neoclásicos, hay que asumir al actual “como si” estuviera en tales condiciones. Así de grave es la situación.

Mientras el gobierno decide qué hacer, la Revolución Ciudadana sigue ganando. Cumplió con su promesa de intentar destituir al Presidente Lasso y por ello su electorado está ahí, fiel, al pie del cañón.

Aunque no consiguieron el resultado deseado, dejaron todo en la cancha, como dicen los periodistas deportivos. Para las próximas elecciones seccionales lo ocurrido dará frutos.

En un escenario conservador, mantendrán los espacios provinciales y municipales que ahora tienen. Desde una perspectiva más optimista podrían aumentar su radio de influencia. No obstante, aunque lo dicho podría aplicar para el país, en el caso de Quito la Revolución Ciudadana debe emplearse a fondo, pues tras los hechos ocurridos en las últimas semanas, la aceptación de su candidato a la alcaldía podría haberse diezmado. Del resto, pura ganancia.

Con Pachakutik sucede lo contrario. Carentes de una estrategia definida y con poca capacidad de visualizar dos pasos más delante de sus decisiones inmediatas, estuvieron a punto de entregar a quien dicen es su rival político, la Revolución Ciudadana, una porción enorme de la legislatura y probablemente la presidencia del país.

En efecto, si la destitución del Presidente Lasso se materializaba, las victorias más notorias en el proceso electoral que se avecinaba no eran para el movimiento indígena sino para los seguidores del expresidente Correa.

Al respecto, para muchos sectores blanco-mestizos, la posición reciente de Pachakutik en la legislatura es interpretada como una opción por Correa antes que por Lasso. Además, sin Yaku Pérez, quien ha dicho expresamente que Leonidas Iza es cercano al expresidente, el futuro del movimiento del arcoíris era poco favorable en un proceso electoral en el cortísimo plazo.

Dado que ese escenario ya no es posible, en el que sí vendrá, que es el seccional, Pachakutik deberá contentarse con mantener espacios en las provincias de la Sierra Central y pagar la factura de las movilizaciones y del proceso legislativo ante una porción del electorado que en esta ocasión les negará el voto.

PSC e ID salen tablas. Su mejor opción ha sido mantenerse al margen de los acuerdos de Revolución Ciudadana y Pachakutik en la Asamblea Nacional y optar por una posición prudente durante los días de movilización.

En las seccionales, a los socialcristianos, probablemente, les irá igual que antes; es decir, con representación cada vez más centrada en un par de provincias y sin capacidad de asumir un cambio en su estrategia política mientras los mandamases sigan presentes. Que lo diga Cristina Reyes si no es así.

Desde la ID, la ausencia del fenómeno Hervas, por tratarse de elecciones en las que no existen liderazgos nacionales, puede resultarle un escollo muy duro de sobrellevar. Con pocos cuadros visibles en cantones y provincias, las posibilidades reales de un crecimiento electoral son menores.

Al igual que el PSC, quizás la estrategia de la socialdemocracia sea mantener lo poco que tiene y esperar a que, para la presidencial de 2025, los conflictos internos hayan sido resueltos favorablemente.

***

Más allá de lo ocurrido en la Asamblea Nacional y el largo trayecto asumido por las protestas sociales de las últimas semanas, algunos ganan más que otros.

Revolución Ciudadana ha salido bien librada y con expectativas mayores para las alcaldías y prefecturas. Con PSC e ID la idea es crecer poco, anhelando no decrecer. Pachakutik, como ha sido su tónica desde su emergencia a la vida política ‘formal’, a finales de los años noventa, volverá a lamentarse por poner el esfuerzo y recuperar casi nada en las urnas.

Finalmente, el gobierno es el que más pérdidas acumula y por diferentes frentes. Ante ello, la decisión es cambiar y tratar de mantener niveles mínimos de gobernabilidad o seguir en su dinámica actual.

En el primer caso podría concluir el período. En el segundo, la muerte cruzada les llegará desde las calles, que no necesitan mayorías calificadas ni procedimientos parlamentarios.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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