Contrapunto

De los 50 años de la visita de Nixon a China, solo queda una ópera

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

10 Sep 2022 - 5:27

Hay fechas que la historia se encarga de exaltar o de olvidar, tal como ocurrió hace 50 años con la visita a china de Richard Nixon, cuyo único y pálido recuerdo es una ópera, la primera que compuso el músico John Adams (Massachusetts, 1947).

‘Nixon en China’, la obra en tres actos, se fundamenta en un texto de la poetisa estadounidense Alice Goodman y fue estrenada en la Grand Opera de Houston el 22 de octubre de 1987, quince años después de ese histórico encuentro con Mao Tse-Tung.

Nada parecía tan improbable como escribir una gran ópera estadounidense, sin embargo, se le ocurrió al director teatral Peter Sellars después de leer las ‘Memorias de Kissinger’; y Adams aceptó el reto.

Que nadie pretenda comparar esta ópera con las europeas, aunque no les pide ningún favor por lo potente de las escenas, por la música, los solistas, el ballet, incluso por los arreglos escénicos con tecnología del siglo XX.

El musicólogo Alex Ross en ‘El ruido eterno’ precisa que la ópera contiene los aspectos más importantes del viaje de Nixon a China y su reunión con Mao.

Cuando Sellars propuso que se escribiera una ópera basada en esa visita, Adams pensó que se trataba de una broma, escribe Ross.

No era una locura, Sellars tenía claro que se podía crear una ópera contemporánea y al mismo tiempo obligaba al compositor a “apartar todas las telarañas del pasado (operístico) europeo”, sostiene el musicólogo.

Gran parte de la letra de la obra lírica se basó en los discursos y en la poesía de Mao que, como se sabe, también fue poeta y autor de lo que él proclamaba como Revolución Cultural.

Los personajes, de acuerdo con el libro citado, están caracterizados por un Mao calculador y penetrante en su tesitura de tenor agudo y un Nixon (barítono) pomposo e inseguro, además de sus delirios de grandeza; sin embargo, es alegre y divertida.

No tiene más de una decena de grabaciones, en una de ellas se aprecia una obertura que concede fuerza a las imágenes del avión presidencial, al saludo de los dos líderes mundiales de entonces; y una instrumentación que incluso usa sintetizadores.

Según la crítica de Ross, Nixon transmite en todo momento una visión general escalofriante de los juegos de poder del siglo XX; las quejas y críticas llegaron desde extremos opuestos de la política.

“Los izquierdistas protestaron por la aparente romantización de un presidente criminal (Nixon), mientras que a los conservadores no les gustó el énfasis en el aspecto poético-filosófico del genocida Mao“, dispara Alex Ross.

El ensayista anota que la música mezcla pop estadounidense con tonalidades de Strauss y Wagner. Menciona escenas de Salomé y Valquirias, respectivamente; y orquestación proveniente de Sibelius y de Philip Glass.

Entre los personajes no menos importantes de la ópera destacan las primeras damas, la exultante Jiang Qing: “soy la mujer de Mao que levantó a los débiles sobre los fuertes”. Y una oda a los valores estadounidenses que salen de la boca de Pat Nixon.

Y Nixon canta boberías: “Es hora de máxima audiencia en Estados Unidos. Es ayer por la noche. Ahora están viéndonos”.

El inicio de la obra hace pensar en una ópera bufa, especialmente cuando en el escenario aparecen cuatro sillones vacíos (de Mao, Zhou Enlai, Nixon y Kissinger).

Al escenario llega un renqueante y casi octogenario Mao, que es ayudado a sentarse por sus asistentes; en tanto que Nixon, de 59, derrocha energía y dominio escénico.

   Datos:

  • Mucho antes hubo un homónimo de John Adams (1735-1826), también nacido en Massachusetts, que fue el primer vicepresidente de los Estados Unidos y el segundo presidente de ese país, después de George Washington y antes de Thomas Jefferson.
  • La visita de Nixon fue del 21 al 28 de febrero de 1972. Además de la capital Pekín, viajó a Hangzhou y a Shanghái.
  • En la época las relaciones de China con la ex Unión Soviética postestalinista eran tensas; Mao se atribuía ser el único gobierno marxista leninista del planeta.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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