Contrapunto
Volver la vista a lo más intenso de la guerrilla maoísta
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

26 Mar 2021 - 19:05

De la información acerca de la guerrilla colombiana, que conocimos durante más de medio siglo, eran muy comunes las siglas de las FARC, M-19, ELN y luego nombres de diversas organizaciones paramilitares y de carteles del narcotráfico, los de Cali, los de Medellín, etcétera.

Sabíamos muy poco de la guerrilla del Ejército Popular de Liberación (EPL), de tendencia maoísta, que pretendía replicar en Colombia el modelo de la Revolución Cultural de China y de su líder Mao Zedong o Tse-Tung, a través de personajes reales, como lo cuenta Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) en su más reciente novela: ‘Volver la vista atrás’ (Alfaguara).

El personaje principal de la novela es Sergio Cabrera Cárdenas (Medellín 1950), un ex guerrillero que vivió en China desde los 10 hasta los 19 años, de profesión cineasta, autor de películas y documentales, entre ellos ‘Golpe de Estadio’, (ideas tomadas de la novela homónima de Wendy Guerra) que narra, a modo de comedia, una sorprendente tregua entre la guerrilla y el Ejército, porque Colombia enfrentaba a Argentina por las eliminatorias al Mundial de fútbol de 1994.

El otro protagonista, y no menos importante, es su padre Fausto Cabrera, un republicano español que se exilió en Colombia, vinculado al ámbito de la cultura, pionero de la televisión colombiana y, más que militante, devoto de Mao y de su Revolución Cultural, un hecho que lo llevó a radicarse en China con toda su familia para aprender in situ cómo ser un perfecto revolucionario.

Vásquez, autor de ‘La forma de las ruinas’, ‘El ruido de las cosas al caer’, ‘Las reputaciones’ (*), entre varias novelas que lo han elevado a los primeros lugares en la literatura latinoamericana, investigó profundamente a los personajes y al EPL, aparentemente uno de los grupos guerrilleros más doctrinarios -o fanáticos- que quisieron alcanzar el poder por las armas.

Y como suele ocurrir en Colombia, casi todo comienza o termina con el asesinato del líder político de izquierda Eliécer Gaitán (1903-1948).

Vásquez recrea los momentos de enorme confrontación en la lucha por el poder y se mete entre los vericuetos más profundos de la guerrilla rural y el EPL.

La novela se inicia con la muerte de Fausto, a los 92 años, en 2016. Sergio, invitado a Barcelona para presentar sus películas y documentales en un foro, fue informado de que su padre había fallecido y que los homenajes durarían varios días; de modo que tendría tiempo para asistir al funeral. Pero decide no acudir por razones muy poderosas, que solo se cuentan al final de la novela.

Fausto, considerado en Colombia discípulo de García Lorca, fue invitado a recitar poemas en un teatro al que había asistido “aquel hombre de rasgos indígenas y gomina firme, en un país seducido por las ideas de izquierda y la retórica mussoliniana”; ese tremendo personaje era Gaitán.

Tal como registra la historia, un viernes 9 de abril Gaitán fue asesinado y en la capital se desató una ola de protestas que luego se extenderían a todo el país; la más grave fue conocida como el ‘Bogotazo’. Hasta que en 1953 se apropió del poder el teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla, quien inauguró la televisión, pero ningún colombiano tenía un televisor.

La familia Cabrera-Cárdenas llega a China a finales de los cincuenta, cuando en el país asiático se registraba una de las peores hambrunas. El pueblo vestía igual, todos eran igualmente pobres. Imposible saber si habían sido ricos o no en otros tiempos, sin embargo, eran felices, se sentían encantados con su revolución.

Mao siempre criticó el culto de la personalidad de Stalin porque -decía- contaminó el socialismo soviético, pero en China no era un culto, su líder Mao simplemente era un Dios vivo, no muerto como el de los cristianos, se narra en el libro.

Las relaciones entre China y la Unión Soviética eran tensas y los chinos se creían los únicos capaces de llevar adelante las ideas marxistas-leninistas.

Los personajes colombianos entran profundamente a la sociedad china y al Partido Comunista. Los hijos (Sergio y Marianella) son adoctrinados y reciben entrenamiento militar para que, posteriormente, lo apliquen en la guerrilla de su país, algo que no sería fácil porque los ‘compañeros de armas’ siempre consideraron burgueses a los miembros de la familia Cabrera-Cárdenas.

De regreso en Colombia y en la clandestinidad de la guerrilla, Sergio pasó a llamarse Raúl, Marianella se convirtió en Sol; al poco tiempo a ella sus compañeros de armas la acusarían -sin pruebas- de desviación ideológica y un camarada le dispararía por la espalda.

Para la hija, su hermano, el padre y para la madre, salir de la guerrilla fue una apuesta terrorífica.

(*) El autor de ‘Las reputaciones’ es Vásquez, pero en un artículo anterior (Un nuevo aporte de Gamboa a la magnífica literatura colombiana) me confundí con ‘Los impostores’, que sí pertenece a Santiago Gamboa. Ofrezco disculpas por el error.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores pero no la posición del medio.

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