Con Criterio Liberal
Votemos, votemos, y creemos derechos… aunque sea inútil
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

14 Dic 2020 - 19:00

La Asamblea de Ecuador ha pasado del disparate al dislate, derogando que la comunicación sea un servicio público para pasar a decir que es un derecho humano.

Evidentemente, es un gran avance el eliminar el absurdo correísta de declarar a la comunicación como un “servicio público”, con lo que se dejaba en manos del Estado y de facto se permitía que se pudiera controlar la información, que es lo mismo que decir desinformar, censurar o confundir información con propaganda estatal.

Pero para eliminar ese disparate a los Asambleístas no se les ha ocurrido nada mejor que crear un nuevo derecho humano, declarando a la información tal.

Si tan solo levantando una mano los abnegados asambleístas pueden crear un nuevo derecho humano para todos los ecuatorianos, ¿cómo podrían resistir tal tentación?

El problema es que es un dislate y una confusión de términos peligrosísima. Los políticos, las asambleas o las constituciones ni crean ni otorgan derechos, pues los derechos humanos son intrínsecos a cada uno de nosotros, los políticos y las legislaciones lo único que hacen es reconocerlos.

Y a base de posicionarse como otorgadores de derechos se dedican a darlos a diestra y siniestra, así desde la comunicación hasta el acceso a Internet, desde el agua hasta cualquier barbaridad que se les ocurra mañana, solo hay que levantar la mano en la Asamblea y voilá, un nuevo derecho se crea.

El problema, el pequeño problema, es que eso no cambia nada en la realidad.

Es muy distinto el derecho humano a la libertad de expresión, a la libertad de prensa (decir y difundir la información que uno desee) que el supuesto derecho (por más que los organismos internacionales o las asambleas los aprueben) a la comunicación, pues es muy distinto un derecho negativo -no me puedes impedir expresarme-, a un derecho positivo -tienes obligación de comunicarme-.

Decir que la comunicación es un derecho, ¿qué significa en la práctica? ¿Podré demandar a cualquiera que no me comunique algo? ¿Podré exigir a los periodistas que me informen porque es mi derecho?

¿Qué lo hagan de lo que yo quiera, como yo quiera cuando yo quiera? Si es mi derecho…

No se deje engañar, si cree que los políticos le pueden otorgar derechos entonces también podrían quitárselos por el mismo procedimiento, y la política se convierte en una serie de promesas sin contenido sobre nuevos derechos, mientras se atropella el respeto a los derechos fundamentales: vida, libertad y propiedad.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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