Contrapunto

¿Sabían que Wagner y Mendelssohn animaron su boda?

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

4 Feb 2022 - 21:25

Existen varias marchas nupciales, pero solo dos son las más conocidas; la de Mendelssohn es conocidísima, la de Wagner un poco menos, pero mucho mejor porque, si se analiza su contexto, se podría interpretar como si se tratara de una desgracia.

Las dos obras provienen de sendas óperas compuestas en el período romántico. La Marcha nupcial de Felix Mendelssohn (1809-1847) se toca antes o después del intermezzo de Sueño de una noche de verano, que proviene de la obra homónima de Shakespeare.

El Coro nupcial o Aquí llega la novia, corresponde a uno de los actos de la ópera Lohengrin, la tercera (en otros catálogos se dice la sexta) que compuso Richard Wagner (1813-1883) y, de acuerdo con el drama, es una invitación a la catástrofe, algo muy alejado de la anhelada felicidad conyugal.

Quien lo explica mejor es Alex Ross en su libro titulado Wagnerismo, de la editorial Seix Barral 2021. La costumbre (de tocar esta música) es un poco extraña, porque en su contexto original “es el preludio para una catástrofe”, dice el escritor y columnista estadounidense de The New Yorker.

Autor también de otro libro sobre música (El ruido eterno) subraya que, además, los matrimonios en el mundo de Wagner tienden a ir mal y el de Lohengrin no es la excepción. La música nupcial aparece en el tercer acto del drama medieval para celebrar la boda de Elsa y Lohengrin.

La marcha de Mendelssohn tampoco fue creada específicamente para celebrar una boda, pero se tocó en el fastuoso matrimonio de Victoria de Sajonia con Federico de Prusia, en el palacio de Westminster, en 1858.

A modo de música incidental Mendelssohn terminó el primer acto-obertura de Sueño de una noche de verano en 1826, cuando tenía 17 años, la finalizó recién en 1842 y la estrenó en el Teatro Real de Berlín.

Wagner terminó la obra en 1848, pero no la pudo estrenar porque tras participar en las violentas manifestaciones de Dresde, en 1849, tuvo que huir hacia el exilio. Se la encargó a Franz Liszt, quien la tocó por primera vez en 1850, en Bayreuth.

Desde Lucerna Wagner, mirando la partitura a la hora del estreno, siguió la interpretación de la ópera. Liszt diría después “tu Lohengrin es una obra sublime de principio a fin”, de acuerdo con un relato que transcribe el belga Jacques De Decker en su libro Wagner.

El maestro húngaro tenía toda la razón. Esa fue la obra que definitivamente consagró a Wagner como compositor de ópera, en una época en que la lírica era dominada por Italia y en cierto modo por Francia.

En cuanto a Mendelssohn, la obertura de su Sueño de una noche de verano ya se había instalado dentro del repertorio de la música incidental, un género creado por el compositor inglés Henry Purcell en el siglo XVII.

También, como dato curioso, la historia acusa a Wagner por su declarado odio a los judíos; Mendelssohn era alemán de origen judío y tal vez ninguno alcanzó a constatar que los dos himnos nupciales se tocarían, uno detrás de otro, durante la celebración de un matrimonio occidental.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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