500 familias de vendedores en estadios se quedaron sin trabajo por la pandemia

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Autor:

Felipe Larrea

Actualizada:

14 Ago 2020 - 0:05

Paúl Salas, en uno de los bares dentro del estadio Atahualpa, en Quito, el 20 de mayo de 2016. - Foto: Tomada de El Comercio

500 familias de vendedores en estadios se quedaron sin trabajo por la pandemia

Autor:

Felipe Larrea

Actualizada:

14 Ago 2020 - 17:18

Son parte de la asociación de trabajadores en los estadios y espectáculos públicos de Pichincha. Formalmente están inscritos 160 socios, pero la mayoría cuenta con dos y hasta 10 ayudantes. Alberto Salas, dueño de un bar dentro del Olímpico Atahualpa, calcula que la pérdida de su negocio por todo el año asciende a USD 15.000.

Entre los actores que componen el mundo del fútbol, más allá de jugadores, dirigentes, árbitros y hasta hinchas, están los vendedores dentro y fuera de los estadios. En su mayoría son familias y el negocio ha pasado de generación en generación.

Esta asociación se formó en 1965, en Quito. Sin embargo, la venta de comida y bebidas dentro de los escenarios deportivos se remonta a la década de los 50, en el estadio de El Arbolito, el más antiguo de la capital.

Debido a la paralización del fútbol en Ecuador, el 14 de marzo de 2020, por la pandemia del Covid-19, los vendedores, quienes el 75% son de la tercera edad, se quedaron sin ningún ingreso económico.

El vicepresidente de la asociación, Ángel Cueva, asegura que muchos de los socios han quedado en el desempleo y cree que este año no podrán retomar la actividad en el Atahualpa y en el Gonzalo Pozo Ripalda de Aucas. Incluso, no descarta la desaparición del organismo por no tener un “panorama claro” sobre qué va a pasar.

José Pérez, nieto del creador de los helados de crema, lleva 50 años en el negocio. Cuenta que, si el estadio se llenaba, vendía entre USD 200 y USD 300 por partido y si era un partido con poco público, la ganancia era de USD 40 por encuentro.

Por su parte, Alberto Salas es propietario de un bar en la localidad de palco del Atahualpa. Vende hornado, papas con cuero, empanadas de morocho y seco de pollo. El negocio lo empezó su mamá y, hasta antes de la pandemia, trabajaba con 10 miembros de su familia.

Salas narra que en promedio vendía USD 500 al mes, y eso le permitía solventar los gastos personales y las compras de alimentos. Sin embargo, cuando había un partido con poca afluencia de público, el vendedor dice que iba al estadio por “mantener el puesto abierto” y por “hacer presencia”.

Ahora, Salas y su familia han implementado la modalidad de envío a domicilio para no perder el negocio y tener un ingreso económico. Además de la venta de comida, Alberto maneja un taxi, para generar más recursos.

El comerciante insiste en que necesitan encontrar una solución para ayudar a otros colegas, sobre todo los de la tercera edad, que no tienen otro trabajo. “Somos un sector marginado y la gente se olvida que atrás de nosotros hay familias que han vivido siempre de esto. Hay meses que no generamos ni un sueldo básico”, revela en una entrevista con PRIMICIAS.

Rubí Salas, vendedora de colas y cervezas en la tribuna, también del Atahualpa, subraya que esta crisis la ha afectado “como nunca se hubiera imaginado”. Ahora se dedica a las ventas por internet y a desarrollar campañas de publicidad.

En su caso dice que en un buen fin de semana recaudaba alrededor de USD 50, vendiendo 30 jabas de cerveza. Pero confiesa que la venta promedio era de USD 15 por partido y eso se tenía que repartir con sus dos colaboradoras.

El organismo firmaba contratos anuales con la Asociación de Fútbol No Amateur de Pichincha (AFNA) para poder trabajar en el estadio. Ahora, el objetivo de los dirigentes de la asociación de trabajadores es tener un acercamiento con AFNA o con la Concentración Deportiva de Pichincha (CDP) para encontrar alguna solución.

“Lo que más nos preocupa es el bienestar y la salud de nuestros socios. Muchos están en situaciones muy complejas y las pérdidas económicas han sido cuantiosas. Queremos reunirnos con instituciones para intentar conseguir ayuda“, dice Paúl Carrión, tesorero de la asociación de trabajadores.

Los 160 socios no cuentan con un salario fijo, por lo que su situación es crítica. Por eso, Cueva comenta que se han reunido entre dirigentes para encontrar algún emprendimiento que les permita a sus socios tener un ingreso mensual.

Según Cueva, paralelamente al negocio de comida, muchos vendedores tienen otras habilidades en la albañilería, cerrajería y costura. Por eso espera que se pueda abrir otra fuente de trabajo en plena pandemia.

El campeonato ecuatoriano de fútbol regresará este viernes 14 de agosto, después de cinco meses de inactividad. Sin embargo, esto no beneficiará a los vendedores, ya que los partidos serán a puerta cerrada y bajo estrictos protocolos de bioseguridad.

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