Diego ‘impacto’ Quiñónez sueña con ser campeón mundial de boxeo

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Autor:

Redacción Primicias

Actualizada:

28 Ene 2021 - 0:05

Diego Quiñónez durante un entrenamiento en un gimnasio del norte de Quito, el 25 de enero de 2021. - Foto: Primicias

Diego ‘impacto’ Quiñónez sueña con ser campeón mundial de boxeo

Autor:

Redacción Primicias

Actualizada:

28 Ene 2021 - 0:05

El boxeador profesional Diego Quiñónez se prepara para su primera pelea de 2021. A sus 25 años, sueña con ganar muchos títulos. Sin embargo, tiene una historia de dolor, lucha y perseverancia.

Diego Quiñónez es hijo del fallecido boxeador Jaime ‘la bestia’ Quiñónez. El próximo 30 de enero peleará ante Antonio Ocles, en el duelo estelar del evento organizado por Capital Box en Guayaquil, que incluye otros cuatro combates.

‘Impacto’, como también es conocido el pugilista, entrena todos los días con un solo objetivo: ganar su próxima pelea. “Me preparo nueve horas diarias. Salgo a trotar a las cuatro de la mañana, voy al gimnasio, después entreno boxeo y en las tardes también trabajo con pesas”, cuenta en una charla con PRIMICIAS.

El sobrenombre ‘impacto’ se lo puso su padre, después de una curiosa anécdota que sucedió en 2011. Un año antes de su fallecimiento (junio de 2012), entrenaron juntos en el parque La Carolina, de Quito. Tuvieron un careo y una pelea por diversión, pero Diego le partió los labios y le sacó un diente a ‘la bestia’.

Quiñónez se considera un boxeador aguerrido. Le gusta el estilo de los peleadores mexicanos y siempre está activo durante los combates. Siente que su papá le acompaña en todo momento.

Con un gesto nostálgico, Diego comenta: “Mi padre ha sido mi guía, ha estado hasta en mis sueños. Esta pelea (ante Antonio Ocles) es en homenaje a él, porque hubiese cumplido años el 22 de enero”.

‘Impacto’ reconoce que su próximo rival es fuerte. Además, viene con mayor ritmo de competencia. El último duelo de Ocles fue en diciembre de 2020, cuando perdió el título bolivariano en Perú, ante David Solórzano.

Por su parte, Quiñónez no ha tenido acción desde el 13 de diciembre de 2019 cuando peleó con Roger Guerrero. El combate terminó en empate.

Además, la pandemia del Covid-19 afectó a su carrera y al boxeo en general. “Se cancelaron eventos. Estuve encerrado siete meses en mi casa. Hacía rutinas de ejercicio, pero no era lo mismo. La motivación no existía”.

Diego Quiñónez decidió superarse y entrenar con más fuerza. Se siente preparado y seguro de sí mismo. Para este 2021 sueña con tres objetivos: el campeonato bolivariano, campeonato latinoamericano y campeonato nacional.

No obstante, en ese camino deberá primero vencer a Ocles. Si triunfa, disputará el título bolivariano ante David Solórzano en abril.

Para el ‘impacto’ sería una revancha. A Solórzano ya lo enfrentó en un combate a ocho rounds en 2019, en Perú. “Yo me sentí ganador, pero los jueces dictaminaron mi derrota. Luego de la pelea, David se me acercó y me pidió una foto, me dijo que necesitaba una revancha porque no se sentía ganador”.

Su padre, siempre presente

Jaime ‘la bestia’ Quiñónez fue asesinado por sicarios en un restaurante de comida colombiana, ubicado en las avenidas 6 de Diciembre e Ignacio de Veintimilla, al norte de Quito, el 14 de julio de 2012.

“Cuando me enteré de su muerte, se me acabó el mundo. Siempre fue todo para mí. Tenía tantos sueños de boxear con él y que me dirija. Nada se pudo cumplir. Pero debía seguir”, comenta Quiñónez.

Diego recuerda a su padre con orgullo y nostalgia. Jaime fue uno de los pugilistas más reconocidos de Ecuador en los años noventa. Entre sus logros más importantes constan el ser campeón latinoamericano y retener el título interamericano de Peso Completo de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

La ‘bestia’ medía un metro y 86 centímetros. Era poseedor de una gran calidad técnica. Además, en una ocasión fue sparring del legendario boxeador Mike Tyson.

Diego recuerda varias anécdotas con su papá que le enseñaron a crecer como boxeador y persona. “Un día me llevó a la Cruz del Papa en el parque La Carolina. Llamó a un lustrabotas y nos hizo pelear. Me sacó el aire”, relata entre risas.

“Después, yo no quería saber nada. Me resentí un mes con mi papá. Luego, empecé a entrenar con el profesor Vinicio Cobo en Cotocollao. Mejoré la ejecución de mis golpes y mi estilo. Le dije a mi padre que quería boxear. Me dijo que me esperaba a las cuatro de la mañana en La Carolina. Llegué y estaba el mismo lustrabotas de la primera vez. Me pude desquitar”.

La ‘bestia’ Quiñónez nunca deseó que su hijo siguiera sus pasos en el cuadrilátero. ‘Impacto’ cuenta que su padre lo involucró en varios equipos de fútbol de Quito. Sin embargo, nunca le gustó ese deporte y se inclinó por el boxeo.

Diego recuerda a Jaime como una persona humilde, tranquila y amorosa. Si la vida le otorgara una oportunidad de mirar a su padre por última vez, con melancolía manifiesta: “Le diría que lo amo mucho, que es la mejor persona que conocí y que ya es abuelo. Y le pediría que este sábado 30 de enero esté conmigo en el ring y me dirija”.

El ‘impacto’, de 25 años, tiene un hijo de cinco años. Su familia es su principal motivación. Él es el único boxeador de su entorno cercano y cuenta con todo su apoyo.

Diego Quiñónez busca ser mejor boxeador de lo que fue su padre. Entrena a diario y se plantea grandes metas. No obstante, deberá superar varias peleas y obstáculos para llegar al éxito.

“En 10 años me veo como un excampeón mundial. Quiero dar ese título a mi familia y al país. Anhelo con demostrar que Ecuador tiene talento, así como lo hizo Carlos Góngora”, menciona.

Por ahora solo piensa en Antonio Ocles, su rival del próximo sábado 30 de enero, en la pelea estelar de una cartelera llena de buenos combates.

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