Las lesiones que nos privaron de la lluvia de goles de Pepe Cruz

Autor:

Martha Córdova

Actualizada:

16 Ene 2022 - 0:05

Pepe Cruz posa con algunas de las camisetas de su enorme colección, que guarda en su casa en Cumbayá. - Foto: Armando Prado

Las lesiones que nos privaron de la lluvia de goles de Pepe Cruz

Autor:

Martha Córdova

Actualizada:

19 Ene 2022 - 11:34

Han pasado cuatro décadas, pero su retiro y sus lesiones aún duelen. Debutó en primera categoría a los 17 años y en un Sudamericano se negó a intercambiar camiseta con Diego Maradona.

Pepe Cruz fue el goleador que Liga de Quito había formado desde que cumplió 15 años: fue tricampeón nacional juvenil y sus 40 anotaciones por temporada lo proyectaron al equipo profesional.

“Tengo el récord de haber marcado nueve goles en un partido, fue al Politécnico, en los torneos juveniles”, recuerda el exdelantero de la ‘U’.

En su casa, en el soleado valle de Cumbayá en Quito, abrió su álbum con esos capítulos que marcaron su vida, nos contó por qué colgó los botines, sin renunciar a su afición por el fútbol y por Liga.

Antes de cumplir 18 años, mientras terminaba sus estudios de bachillerato, debutó en la Serie B con el entrenador Vladislao Cap, y luego jugó en la Serie A.

“Durante los tres años que jugué los torneos juveniles marqué unos 100 goles. En primera, 25 más porque mi carrera fue corta, de tres años”, dice.

En 1979 retornó a Liga el entrenador José Gómez Nogueira, “y me tocó pelear el puesto con Roberto ‘Tito’ Insúa”.

‘Me rompí’

Esa lucha por ser de nuevo titular lo llevó al límite. “Me exigí demasiado, quise romperla y me rompí”.

Una primera lesión que ocurrió durante el partido contra Deportivo Quito en el estadio Olímpico Atahualpa.

El recuerdo es claro: “el arquero Ramírez salió a buscar el balón, quise saltar para no golpearlo, pero levantó su pierna y mi botín se quedó clavado en el césped”.

Con la velocidad que venía Pepe Cruz y el choque, se fracturó la tibia y el peroné de la pierna derecha. Al caer, sufrió la ruptura del tobillo y del empeine.

Las imágenes siguientes fueron muy dolorosas, salió de la cancha en ambulancia, directo al hospital.

El vértigo en una imagen

“Fue una lesión con fractura expuesta. Mucha gente aún recuerda esa imagen”. La fotografía del momento de la lesión de Pepe es tan impactante que ganó un concurso internacional.

Una intervención quirúrgica fue el comienzo de la pesadilla. Usó una bota de yeso durante seis meses y la rehabilitación tardó un poco más de año.

“La ciencia de esa época no era tan avanzada como la de ahora. He visto lesiones casi similares a las mías que hoy tienen mejor proceso de curación”, anota.

En 1980 ya había anunciado su retorno al fútbol, recibió el respaldo del entrenador Luis Grimaldi para regresar a las canchas.

En la semana previa a su primer partido, durante un entrenamiento, se produjo un choque con Ricardo ‘Bocha’ Armendáriz y se volvió a lesionar la tibia y el peroné de la misma pierna derecha.

“El médico de Liga, no recuerdo su nombre, me dijo que eso sucedía una vez en un millón de casos. Y me tocó a mí”, cuenta Pepe Cruz con una sonrisa. Con el pasar de los años, hoy lo relata como anécdota.

Pero reconoce que hace 41 años, había mucho dolor pero también ilusión. Retornar para vestir aquella camiseta blanca le inyectó motivación para volver. Quería jugar los partidos de la Copa Libertadores de 1982.

Decir hasta luego

Esperó otro año y otra vez la pesadilla. En un entrenamiento, otra lesión: la tibia y el peroné volvieron a quebrarse.

“Recordé todo el proceso y decidí ponerle fin a mi carrera futbolística”, recuerda Pepe Cruz, hoy a sus 62 años de edad.

Antes de ser futbolista de la ‘U’, Pepe Cruz era hincha. Asistía al estadio Olímpico Atahualpa junto a sus tíos maternos.

“Iba con ellos porque mi papá era hincha de Aucas y no podía decirle que a mí me gustaba la Liga”.

Con o sin permiso de su padre, ingresó a la división prejuvenil de Liga. “Cientos de chicos iban a probarse” y Pepe se quedó.

Formó parte de la generación de Patricio Gallardo, Carlos y Mauricio King, Eduardo Vaca, Fabián ‘Chiche’ Cáceres, Marcelo Rivadeneira y Juan Yánez, “que era mi yunta. Él era el 10 y yo el 9”: la sociedad para el gol.

El fútbol desde fuera

Pepe Cruz volvió a Liga como dirigente en 1990. Celebró el título de Liga ese año, porque en aquel grupo estaba el golero Patricio Gallardo, su compañero en las divisiones juveniles.

Como un ícono del equipo, trabajó con los juveniles, conversó con ellos de su historia y motivó su carrera al plantel profesional.

De ese paso por la dirigencia nacieron amistades que conserva hasta hoy. “Néicer Reasco me regaló la camiseta de la Selección con la que debutó en el Mundial de Alemania”.

Ese regalo se unió a la camiseta blanca de Eduardo Hurtado, el delantero nacional que anotó dos goles en el 7-0 a Emelec, en la final del campeonato de 1998.

La historia de las camisetas

No puede faltar la camiseta de Franklin Salas, uno de los mimados de Pepe Cruz y su esposa, Marcela. “Me regaló después del 7-0 de Liga sobre River Plate uruguayo en una Copa Sudamericana”.

En esta amplia colección, cuya cifra total no conoce, existen una camiseta de Jacinto Espinoza y otra del futbolista colombiano Álex Escobar, exfigura de Liga de Quito.

Son especiales las casacas de Carlos Tenorio y Paúl Ambrossi, porque siguió el proceso formativo de ambos y luego su consolidación profesional tanto en Liga como en la Selección. “Carlitos me trajo la camiseta con la que se despidió antes de viajar a Catar”, dice Pepe.

La colección de camisetas no es solo de Liga. “Guardé la camiseta de la selección juvenil de Ecuador. Participamos en un Sudamericano en 1979 en Uruguay y Argentina nos ganó 5-0”.

Por ese resultado se negó a intercambiar la camiseta con Diego Armando Maradona, que comenzaba a deslumbrar en el mundo.

Sí lo hizo con el ‘Pichi’ Escudero, que jugaba con la 7. “Me han pedido que la done o que la envíe a una casa de subastas. Prefiero tenerla conmigo para enseñarla cuando alguien me visita”, reconoce.

Y guarda camisetas históricas para él. Las clásicas, las antiguas, las que tenían exclusivamente la U en el pecho, una reliquia de valor incalculable.

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