El plástico no es el malo de la película

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Autor:

Redacción Comercial

Actualizada:

27 Feb - 18:43

El plástico no es el malo de la película

Autor:

Redacción Comercial

Actualizada:

26 Mar - 16:37

Hacer las paces con el plástico no implica cerrar los ojos a lo que ocurre en el mundo: ocho millones de toneladas de este insumo acaban en los océanos cada año. Lejos de fingir ceguera hay que mirar bien y con otros ojos.

“El plástico no es ni bueno ni malo.  Es un material, una herramienta”, la frase es de Michel Compagnon, de Comberplas, de Chile.  Las palabras de este plastiquero se enmarcan en un discurso que se sostiene en un poderoso pilar: ¿Cómo nos relacionamos con el plástico? 

No es una pregunta capciosa y mucho menos retórica.  Obedece a la forma en al que, en 1950 nos relacionábamos con el plástico. La economía lineal de tomar, usar y tirar parecía, en aquella época, el único -y feliz- camino.  Pero esa ruta no era sostenible y, 70 años después, el mundo entero hace esfuerzos para replantear su visión de los residuos y apostarle a la economía circular en la que el plástico tiene muchas vidas. 

En este contexto, quizá la parte más espinosa de esa relación humano-plástico es ¿qué hacer con este material después de su uso?

Un nuevo modelo dibuja caminos más sostenibles

Como mencionábamos, ante la ineficacia del sistema lineal entra en juego una economía circular enfocada en rehusar, reutilizar y reducir.  Esta última promete un modelo restaurador y regenerativo enfocado en crear empleo y riqueza, disminuyendo alentadoramente el impacto medioambiental.  Frente a esta expectativa, la economía lineal parecería condenada a morir.  Es decir: no es posible -ni sostenible- continuar pensado que los artículos están diseñados para ser desechados inmediatamente después de su uso.

Siendo así, parecería que todos los caminos llevan a la economía circular; sin embargo, las alarmas siguen encendidas.  En 2019, la Asamblea Medioambiental de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), terminó con una declaración en la que más de 200 países se comprometen a reducir el uso de plásticos de aquí a 2030.

En medio de este panorama, las palabras de Compagnon siguen siendo pertinentes: el plástico no es el villano de esta historia.  Al contrario, es un gran aliado de la economía circular. Le contamos por qué.

El plástico sintoniza con la economía circular

El plástico sintoniza con la economía circular

Los residuos de plásticos al ser reutilizados y convertirlos en materia sirven para la pavimentación de vías; la elaboración de bloques para la construcción de viviendas; la confección de vestimenta; la generación de energía; la fabricación de nuevos envases plásticos, entre otros. En Ecuador, este sector contribuye con la producción y exportación, ya que buena parte del plástico reciclado, por ejemplo, es demandado para fabricar jabas, bandejas, basureros, maceteros, baldes, sillas, canecas y una variedad de productos.

Producción responsable de plástico

Es necesario partir de una realidad: los plásticos en casi todas sus categorías son 100% reciclables.  Esto hace que este material potencie la economía popular y solidaria, generando así nuevos espacios de innovación, inversión y empleo.

Los envases de poliestireno expandido, conocidos también como foam o tecnopor, están siendo prohibidos en varios países del mundo como Estados Unidos, Francia y Australia. Incluso, a partir de 2021, uno de nuestros vecinos: Perú prohibirá la venta de este material, cuya comercialización debe desaparecer en el corto plazo.

De acuerdo con la Superintendencia de Compañías existen 264 empresas dedicadas a la fabricación de productos de plástico.  Este sector genera cerca 17.600 puestos de empleo directos y representa alrededor del 1,2 % del PIB.

Por si esto fuera poco, según datos de la Asociación Ecuatoriana de Plásticos (Aseplas), el reciclaje tiene varios beneficios para la sociedad, la economía y el desarrollo de diferentes sectores. “El plástico, al ser reciclado y ser reutilizado como materia prima en diferentes procesos de transformación, reduce la demanda y consumo de materia primas vírgenes, provocando un impacto positivo en la protección del medio ambiente”, señala el gremio.

Los plastiqueros ecuatorianos están convencidos de aquello y aseguran que están listos para para usar material reciclado en sus diferentes procesos de elaboración de productos.

La revolución del reciclaje sueco

La revolución del reciclaje sueco

Suecia apunta a una sociedad de cero residuos. Esto lleva la revolución del reciclaje del país un paso más allá: los suecos reciclan alrededor del 50% del plástico que se produce en ese país.  Desde 1994 cuenta con un sistema de depósito de botellas plásticas que le devuelve dinero a las personas cuando reciclan. Cada año reciclan 1.800 millones de botellas y latas.  La económica circular  es política de estado y se basa en la capacitación a los ciudadanos para adoptar comportamientos más sostenibles y la dotación de infraestructura para que las personas hagan la clasificación necesaria por sí mismas.

Más tecnología, menos huella de carbono

Menos costos ambientales en la producción de un bien es igual a menos huella de carbono.  La ecuación funciona exacta para cualquier producto, incluido el plástico. La producción responsable de plástico implica reducción de materias primas, mejora en la eficiencia energética, optimización del transporte, uso de biopolímeros y de materiales reciclados.

Adicionalmente, una menor huella de carbono está relacionada con cambios en el proceso de producción, fabricación de envases reciclables, reducción de materiales peligrosos y de residuos.

Según lo reporta Aseplas, lo antes descrito es la meta del gremio, ya que sus miembros están enfocados en reducir su huella de carbono.  Para ello han realizado inversiones en sus procesos productivos, al adquirir máquinas más rápidas y eficientes.  

Muchos de estos esfuerzos se evidencian en Plastiflan.  Esta empresa lleva 34 años en el mercado y que ha usado el paso del tiempo a su favor: cuenta con máquinas inteligentes que de acuerdo con la cantidad de trabajo ingresan en un modo de “reposo” que ahorra un 30% de energía. Además, cuentan con sistemas que permiten reutilizar constantemente el agua que enfría las máquinas. A esto se suma una gestión de residuos en la que nada queda a la suerte del desperdicio: el plástico sobrante de los cortes de las botellas y tapas se reutiliza y gestores ambientales se hacen cargo de los restos de acero, que resultan de la elaboración de los moldes.

El proceso de producción de Plastiflan es una muestra de que esta industria puede ser amigable con el ambiente. Incluso, en la actualidad está comercializando desechables termoformados como cubre tortas, bandejas o estuches clamshells, con hasta el 70% de PET reciclado post consumo.  Y no es retórica, le mostramos cómo lo logran:

Gestión de residuos y normativa: el talón de Aquiles

Las ciudades del país no cuentan con una adecuada gestión de residuos.  Botaderos a cielo abierto, falta de estrategias de reciclaje y poca educación ciudadana para la separación en la fuente limitan la recolección de materiales susceptibles a tener otras oportunidades de vida útil.  Una vez más salta la interrogante: ¿cómo nos relacionamos con el plástico?

Una de las formas de mediar esa relación es una legislación eficiente que -de acuerdo con las recomendaciones de las Naciones Unidas–  tome en cuenta las realidades y particularidades de cada país, en cuanto a las brechas sociales, culturales y económicas.

Ley orgánica para plásticos de un solo uso

Ley orgánica para plásticos de un solo uso

Para sintonizar con el objetivo 12 de desarrollo sostenible (ODS) y alinearse a la declaración que, en 2019, realizó de la Asamblea Medioambiental de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Asamblea ecuatoriana tramitó el proyecto de Ley orgánica para la racionalización, reutilización y reducción de plástico de un solo uso. Esta norma plantea prohibir gradualmente la fabricación, importación y utilización de ese tipo de plásticos. De aprobarse la ley, las restricciones deberán cumplirse en 60 días, 12 meses y tres años, según el tipo de producto.

Y mientras los organismos a quienes les corresponde el tema  estudian normativas, el sector no espera con los brazos cruzados, ya que desde hace algún tiempo trabaja en la recolección de residuos plásticos y la incorporación de resinas recicladas en sus procesos de fabricación.

En ese contexto: ¿Qué debería considerar una norma asertiva en torno a los plásticos? Estudios técnicos, científicos y académicos serios que establezcan un análisis profundo en relación con el ciclo de vida, emisión de huella de carbono, costos asociados entre el plástico y los eventuales productos sustitutos. A esto se suman las ya mencionadas recomendaciones de Naciones Unidas sobre le tema.