Yepes: “Quito debe revertir el proceso de erosión de las quebradas”

Sociedad

Autor:

Jonathan Machado

Actualizada:

9 Feb 2022 - 0:03

El geólogo Hugo Yepes durante una entrevista, el 6 de febrero de 2022. - Foto: Hugo Yepes

Yepes: “Quito debe revertir el proceso de erosión de las quebradas”

Autor:

Jonathan Machado

Actualizada:

9 Feb 2022 - 10:37

Hugo Yepes, geólogo y asesor del Municipio, explica que un aluvión similar al que arrasó parte de los barrios de La Gasca y de La Comun no se puede descartar. Pero, hay herramientas que el Municipio debería implementar para que la tragedia no sea tan grande.

Las muertes, heridos y los miles de dólares en pérdidas materiales que dejó el aluvión del 31 de enero de 2022 en Quito obligó a que la ciudad vuelva a pensar en la necesidad de contar con un plan de gestión de riesgos orientado a que los eventos naturales causen el menor peligro posible.

En entrevista con PRIMICIAS, el geólogo y asesor del Municipio en gestión de riesgos, Hugo Yepes, explica las causas que originaron el aluvión, pero también el camino que debe seguir la capital para minimizar los impactos de otro evento natural.

El experto, por ejemplo, sostiene que Quito debe convertirse en una ‘ciudad esponja’. Esto significa que debe recuperar espacios verdes e implementar mecanismos para reutilizar el agua y la lluvia con el objetivo de quitar presión a las quebradas y a los ríos.

¿Tras más de una semana del aluvión, ya se puede saber cómo se produjo?

Para que se haya producido esa cantidad de flujo de lodo y de escombros confluyen tres factores. El primero es la propia geomorfología de la quebrada, es decir, la forma que tiene.

Es una quebrada que nace a 4.000 metros de altura con una pendiente de entre el 40% y 50% de inclinación en un trayecto de 2,7 kilómetros. Básicamente es un tobogán.

Haciendo una analogía para entender podemos decir que Richard Carapaz sube una montaña con pendientes que tienen entre 10° y 12°. En este caso estamos hablando de una inclinación cuatro o cinco veces mayor.

El segundo factor es que estamos frente a unas lluvias extraordinarias. El 31 de enero de 2022 llovió más que todos los días de enero desde 2002. Esto ocasiona una saturación o sobresaturación del terreno, lo que nos lleva al tercer punto.

En la quebrada se desencadenó un pequeño deslizamiento de una masa que se encontraba en esa pendiente. Empezó a descender a gran velocidad por la propia inclinación de la quebrada y golpeó con la siguiente masa o roca y esa con la segunda, con la tercera, con la cuarta, con la quinta…

Ahí se produjo el efecto conocido como bola de nieve que fue creciendo en volumen y en velocidad hasta que llegó a los barrios de La Gasca y de La Comuna.

¿Por qué? Porque sobrepasó la capacidad de la infraestructura de protección de 4.500 metros cúbicos que fue instalada en la zona en los años 90.

Usted decía que la cantidad de lluvia que se produjo el 31 de enero fue la más grande desde 2002. ¿Cada cuánto ocurre un fenómeno de estas características?

Estamos en un escenario de cambio climático y vemos que los niveles de lluvia tan altos se vienen produciendo desde 2019. Año a año se registran lluvias cada vez más intensas.

Históricamente, vemos que en los meses de febrero y abril se producen las lluvias más intensas y esas son señales que las autoridades deben tomar en cuenta.

¿Esto significa que un aluvión similar al del 31 de enero puede repetirse, ya que las lluvias cada vez son más intensas?

Como digo, las lluvias intensas se están dando con mucha más frecuencia. Sin embargo, no es la lluvia sola la que origina el problema, sino que se debe sumar un disparador extra, como el deslizamiento en la parte alta de la quebrada.

Obviamente, ahora hay más susceptibilidad de que ocurra por los factores que producen este tipo de eventos.

¿Hubo algún grado de negligencia del Municipio?

El mantenimiento de las obras de protección estaba hecho. En diciembre de 2021 se realizó la limpieza de los colectores porque de toda la quebrada no se puede.

El problema ocurre cuando la quebrada llega a las zonas habitadas porque las comunidades tratan a las quebradas como un basurero.

Ahora, las obras de protección de las quebradas ya tienen 20 o 30 años, pero las condiciones naturales y la ciudad han cambiado y eso significa que debe haber adaptaciones de esas obras. Eso no han hecho las diferentes Alcaldías.

Las administraciones posteriores a la de Paco Moncayo se han concentrado únicamente en la movilidad, específicamente en el Metro y se han olvidado de minimizar los riesgos de las construcciones en toda la ciudad.

La atención vuelve a la gestión de riesgos solo cuando hay eventos como los de La Comuna, por la tragedia que dejan.

A escala nacional, la gestión de riesgos se entiende como algo muy reactivo. Es decir, las autoridades y organismos están listos para llegar a la zona damnificada, pero no hay un verdadero análisis de la acción preventiva que es más efectiva.

¿Los barrios, como La Gasca y La Comuna, que ya viven en un riesgo constante están condenados a sufrir tragedias como la de enero?

No, de ninguna manera. Hay varias acciones que se pueden y deben hacer para que los sectores vulnerables no sufran grandes impactos.

Con lo que ocurrió en La Comuna y en La Gasca tenemos una idea del impacto que puede producir un aluvión. Con esa experiencia se pueden hacer proyecciones de lo que ocurriría con un evento que tenga una crecida mayor o una crecida menor.

De esta forma se pueden planificar las obras de protección que se pueden construir para mitigar el impacto, tomando en cuenta la ingeniería, pero también el tema económico porque, como dije, todo está orientado al Metro.

¿Cuáles son las obras de mitigación que se pueden construir?

Es importante, sobre todo, la implementación de los sistemas de alerta temprana para que las vidas estén protegidas.

Un sistema de alerta temprana tiene cuatro patas fundamentales. La primera consiste en la detección del riesgo. Es decir, desde esta calle hasta esta otra hay la posibilidad de que llegue una cierta cantidad de lodo.

Definido esto, pasamos a la posibilidad de monitorear las quebradas o las lluvias para saber que algo se está gestando en algún lugar específico.

Esto da paso a la tercera pata que es brindar el aviso oportuno a la población para que tome buenas decisiones. Y, precisamente, la gente es el cuarto punto.

El objetivo es que la comunidad esté capacitada para actuar ante un evento. Porque si no sabemos qué hacer es muy posible que un evento natural produzca una tragedia.

Usted plantea que la ciudad debe caminar a ser una ‘ciudad esponja’. ¿Qué significa?

Uno de los efectos de la urbanización acelerada es que la ciudad tiene muy pocos espacios verdes. Quito dejó de ser una ciudad verde y se convirtió en una urbe gris.

La construcción de casas y de conectores de agua lluvia que van al sistema de alcantarillado hacen que el agua que alimentaba los acuíferos profundos vaya de manera muy rápida y violenta a los ríos, a través del alcantarillado.

Esto ha provocado un proceso de erosión, profundización y desestabilización de las quebradas y esto hay que revertir.

Tenemos una necesidad urgente de que el suelo empiece a absorber el agua, a la par de que la población recolecte y rehúse el agua de lluvia como ocurre en otras ciudades del mundo.

Por ejemplo, para lavar el auto o para regar el jardín. También puede destinarse para procesos industriales o para el agua de los servicios sanitarios.

Si no empezamos a tomar estas acciones y a recuperar los espacios verdes, en 50 años tendremos problemas más graves de los que se vieron en La Comuna.

¿Cómo perjudican a la ciudad los asentamientos informales?

El problema de la regularización de algunos barrios tiene que ver con que las realidades sociales se imponen a las realidades naturales.

Lo que ocurre, entonces, es que se hace lo que sea para que se concreten esas regularizaciones, inclusive adaptando ordenanzas municipales que antes no habrían permitido la legalización de algunas zonas.

Pero, no hay que olvidar que la naturaleza tarde o temprano llega con tragedias como las de La Gasca y La Comuna que nos obliga a pensar en si un evento similar puede volver a ocurrir.

Lo que pasa es que en el país tenemos memoria corta y es posible que nos olvidemos de este desastre hasta que haya otro igual o peor.

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