En Guayaquil la gente lleva una semana viviendo junto a sus muertos

Sociedad

Autor:

Allen Panchana Macay

Actualizada:

3 Abr 2020 - 0:03

Dos hombres observan una féretros en el cementerio Parques de Esperanza, en Guayaquil, el 1 de abril de 2020. - Foto: API

En Guayaquil la gente lleva una semana viviendo junto a sus muertos

Autor:

Allen Panchana Macay

Actualizada:

3 Abr 2020 - 0:03

En Guayaquil, literalmente, guardan a sus muertos. En los armarios, patios, alguna bodega o incluso en garajes. Lo más escondidos posible.

Hasta el jueves 2 de abril, según las autoridades, al menos 500 cadáveres estaban en casas o departamentos, algunos por una semana. La mayoría, ya descomponiéndose, por el calor imperante que puede llegar a los 38 grados.

La crisis sanitaria del Covid-19 ha encontrado en esta ciudad ecuatoriana, de 2,6 millones de habitantes, su rostro más siniestro.

Chimborazo 2425 y General Gómez, al sur. Edificio gris y azul. Primer piso. Allí murió el jueves 26 de marzo, en su propio cuarto, Emma Marina González Sánchez, de 89 años.

Su nieta hace el recuento para PRIMICIAS de un dolor profundo: “Tenemos el certificado de defunción. No sabemos si fue coronavirus. Ya no importa. Que se lleven el cuerpo. Está descompuesta. Pusimos a mi abuela en una caja funeraria. Tenía el rostro ya ennegrecido”.

“Vivíamos en el mismo departamento. Tuvimos que llevar el cadáver al garaje… Igual, hasta aquí sentimos los olores. ¿Cómo se puede vivir así?”.

Al otro lado de la ciudad

Fachada de la vivienda de Rafael Arnaldo Reyes, en Urdenor, en Guayaquil. 2 de abril de 2020.

Fachada de la vivienda de Rafael Arnaldo Reyes, en Urdenor, en Guayaquil. 2 de abril de 2020. Cortesía

Son relatos que se replican. Al otro lado de la ciudad: Urdenor 1. Casa de dos pisos, amarilla. Adentro, en su cuarto, con el aire acondicionado a tope, yace Rafael Arnaldo Reyes Mora, de 67 años.

Dejó de respirar la medianoche del viernes 27 de marzo. Hasta el jueves 2 de abril nadie se llevaba el cuerpo. Soltero, sin hijos, vivía con su hermano menor, Gastón, de 59, y la hija de este, Ana María, de 20 años.

Ella resume la situación en diálogo con PRIMICIAS. “Tuvimos que abandonar la casa. Soy médica y no es nada saludable vivir con los hedores de un muerto, por más ser querido que haya sido. Nadie responde. Ya tenemos incluso el acta de defunción y nada. Es la peor pesadilla”.

Cada drama parece salido de las fauces de la literatura negra. Es Guayaquil, que concentra 1.520, de los 2.243 contagiados de Covid-19 que hay en Guayas y de los 3.163 que tiene Ecuador al 2 de abril de 2020.

Oficialmente en el país hay 120 muertes por el virus hasta el jueves 2 de abril, aunque muchas personas han fallecido sin que se les haga la prueba, como el tío Rafael Arnaldo o la abuelita Emma Marina.

En los sectores más pobres -los cinturones de miseria, tanto en los extremos norte y sur- el panorama es peor; por el tipo de edificaciones: más pequeñas, estrechas y el hacinamiento, donde pueden vivir hasta 10 personas.

En una de ellas lleva seis días el cuerpo inerte de Manuel Mesías Tucunango Araujo, en la calle El Oro 5828, entre la 29 y la 30 (Suburbio). Nadie retira el cadáver.

Guayaquil padece una curva ascendente de los casos “acompañada de la mortalidad, especialmente de los grupos más vulnerables”, explica Gina Watson, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Ecuador.

“No es un comportamiento anormal del virus. La humanidad ha aprendido a vivir con las diversas pandemias a lo largo de la historia. Por ejemplo, la viruela: se erradicó. Luego se aprendió a vivir con la polio y en el continente americano se eliminó. Como científicos estamos seguros que aprenderemos a vivir con el Covid-19”.

La situación extrema de Guayaquil, bautizada por los medios internacionales como el Wuhan de Ecuador, ha provocado protestas de los habitantes, que exigen ayuda para enterrar a sus muertos.

Fuerza de Tarea Conjunta

Decenas de muertos por el Coronavirus llegan en féretros para ser enterrados en los cementerios de Guayaquil, el 10 de marzo.

Decenas de muertos por el Coronavirus llegan en féretros para ser enterrados en los cementerios de Guayaquil, el 10 de marzo.  Marcos Pin / API

El Gobierno anunció el martes 31 de marzo que ya no era obligación cremar los cuerpos; sin embargo, desde la madrugada hay colas inmensas para tomar un turno, por ejemplo, en los cementerios de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, que es una de las tres entidades que dan este servicio.

El presidente Lenín Moreno, en un intento de enfrentar el drama, ha ordenado simplificar los trámites médicos y legales: de ocho papeles a uno, el certificado de defunción firmado por un médico.

Pero conseguir un médico para esa firma también se ha convertido en un suplicio.

De allí que se creó la Fuerza de Tarea para que policía, bomberos, agentes de tránsito y las tres ramas de las fuerzas armadas (Ejército, Marina y FAE) ayuden a recoger los cadáveres.

La persona a cargo de ello es Jorge Wated, titular de BanEcuador. Él explicó que este grupo ha podido sacar 200 cuerpos de sus casas; aunque no ha precisado cuántos quedan pendientes.

Todo esto sin contar con los fallecidos en los hospitales públicos o clínicas privadas. Para descongestionar las casas de salud el plan ha sido usar contenedores frigoríficos para los muertos, tres de ellos entregados por el Municipio de Guayaquil.

En un día regular, por circunstancias naturales o violencia, mueren en la ciudad un promedio de 28 personas. Eso más el Covid-19 suman un coctel de mortandad que el régimen no ha podido atender, y cuyas cifras difieren.

Los cementerios de la ciudad -particularmente de la Junta de Beneficencia- han explicado que están disponibles 2.000 espacios para afrontar la situación.

Algo que no será suficiente: el mismo Jorge Wated y el presidente Moreno han ratificado este jueves el peor escenario: los muertos superarán los 3.500.

Así, Guayaquil está lejos de superar el dolor, mientras más cuerpos se apilan en las esquinas más ocultas de casas y departamentos. Así, Guayaquil vive con sus muertos.

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