Jinsop, la estrella coreana que murió de amor en Ecuador

Sociedad

Autor:

Juan Manuel Yépez

Actualizada:

18 Jul 2021 - 0:05

Jinsop Ho Odirling fue un cantante coreano que tuvo gran éxito en Ecuador en la década del 70. En la foto, junto a Silvana y Gustavo Pacheco, dos meses antes de su muerte en 2012, en Santa Elena. - Foto: Cortesía Gustavo Pacheco

Jinsop, la estrella coreana que murió de amor en Ecuador

Autor:

Juan Manuel Yépez

Actualizada:

19 Jul 2021 - 13:19

El cantante Jinsop Ho Odirling llegó a Ecuador en 1972 y nunca más quiso irse. Murió en Santa Elena, solo días después que su esposa Silvia Jarrín.

Si Argentina y el mundo vibraron con el mítico Sandro de América, Ecuador lo hizo con Jinsop, el coreano-norteamericano que sin pensarlo se convirtió en la primera estrella del K-pop que se afincó en el país.

Jinsop Ho Odirling fue un fenómeno musical en la década del 70. El flaco cantaba en español con acento coreano, mezclado con inglés y un dejo serrano. A lo Nath King Cole, como decían sus amigos cercanos.

Pero esa forma de interpretar sus temas enloquecía a sus fanáticas, que acudían a cada concierto para ver a su “chinito bello”. Jinsop nació en Corea del Sur en 1955, pero su infancia transcurrió ente Asia y Estados Unidos.

Hijo del diplomático estadounidense Fred Odirling y de la coreana Myomghui Ho, el ‘Chino’ -como le decían sus amigos- llegó a Ecuador con el fin del velasquismo y el comienzo de la dictadura de Guillermo Rodríguez Lara.

En 1972, su padre, un ingeniero de la NASA, había sido contratado por el régimen para dar cursos de aeronáutica. Entonces se estableció en Quito con su familia.

Jinsop tenía 17 años y no dominaba el español, pero soñaba con ser una estrella. Comenzó a frecuentar salas de baile para medir el ambiente musical, mientras estudiaba en la Academia Cotopaxi.

Al año siguiente, Fred Odirling había terminado su misión en Ecuador y debía regresar a Estados Unidos, pero Jinsop no quiso.

En el colegio Anderson había conocido a Silvia Jarrín. Ella le enseñó español y se convirtió en el amor de su vida.

No solo fue su esposa y la madre de sus tres hijos -Jinsop, Alexander y David-, sino la razón por la que adoptó la nacionalidad ecuatoriana. Por ella le pidió a su amigo Gustavo Pacheco que escribiera la canción Silvy.

Jinsop y su hijo Alexander, quien lo acompañó hasta el último día de su vida.

Jinsop y su hijo Alexander, quien lo acompañó hasta el último día de su vida.  Cortesía Gustavo Pacheco

“No te preocupes, que yo te amaré, no desesperes que te he de querer, hasta que un día si quiere el destino, no te me vayas por otro camino”, dice la letra.

Así que se quedó con su novia y su banda de rock Las Hormigas, con la que había participado en varios concursos musicales, influenciado por su ídolo Jimi Hendrix.

En uno de ellos se batió a duelo con Los Apóstoles, donde tocaba el guayaquileño Héctor Napolitano, con quien forjó una entrañable amistad.

Su vida en Guayaquil

Gracias a esa relación, Jinsop viajó a Guayaquil, donde, junto a Los Apóstoles, hizo un mano a mano con el grupo Boddega en el teatro 9 de Octubre. Allí se relacionó con músicos de la talla de Gustavo Pacheco, Germán Cevallos, Víctor Hugo García, Héctor Bonilla, entre otros.

Y de inmediato grabó Puppy Love en español, un tema popularizado por Paul Anka en 1960 y que se convirtió en el hit de la época.

Luego surgió Rosas y claveles, con una singular anécdota. Jinsop, que escribía los temas primero en coreano, luchaba por pronunciar la palabra claveles, pero no lo lograba y repetía “cleveles”, ante la desesperación de los músicos.

Pero su productor Efrén Avilés puso el punto de orden y exclamó: “No corrijas nada, que suena bien y ese acento va a gustar”. Y no se equivocó.

También reeditó más temas anglosajones como Without you (Sin ti), de Harry Nilsson; Greenfields (Campos verdes), de los Brothers Four; y House of the rising sun (La casa del sol naciente), de The Animals. Su amigo Carlos Bergher los adaptaba al español y Jinsop ponía su magia.

Fue Ven chiquilla, ven la canción que hizo delirar a los ecuatorianos en la primera mitad de la década del 70, cuando un espigado y desenfadado Jinsop aparecía en el escenario con trajes de cuero negro ceñidos al cuerpo.

El tema se grabó en un disco de 45 revoluciones y se vendieron más de 200.000 copias.

Aunque no meneaba frenéticamente las caderas como Sandro, el ‘Chino’ tenía el carisma y la voz para hipnotizar al público. Otro de sus éxitos fue Estrellita Solitaria, que ha sido interpretado por grupos nacionales, como Sahiro.

Lejos de los estudios de grabación

En 1976, Jinsop dejó de grabar discos y se alejó de los escenarios para dedicarse a Silvia y a sus hijos. Vivió en Santo Domingo de los Tsáchilas, Portoviejo y Quito, donde trabajó como jefe de relaciones públicas de una empresa constructora coreana, durante 10 años.

Luego viajó a Corea para reencontrarse con su cultura, pero no lo logró, ya que había pasado mucho tiempo en Occidente. Decidió volver a Nueva York, donde trabajaba en una empresa coreana que vendía cristales de Swarovski.

Pero los problemas llegaron al hogar y el cantante se separó de Silvia, quien se quedó en Estados Unidos con sus hijos Jinsop y David, ya que Alexander vivía en Quito.

Jinsop regresó en 2000 a Ecuador y retomó su carrera cantando en festivales del recuerdo con el mismo éxito de antaño. Participó en conciertos junto a Leonardo Favio, Los Iracundos, Jeanette, El Greco y Elio Roca.

Disfrutaba de la pesca, de excursiones en la montaña y de la lectura de libros en coreano. Sus ingresos como artista le permitían vivir decentemente, ya que daba de dos a cuatro conciertos al mes, cobrando un promedio de USD 1.500.

En 2011, el ‘Chino’ presentó problemas pulmonares y los médicos le recomendaron que se radicara cerca del mar. Tras recorrer poblaciones en la Ruta del Sol, Jinsop se estableció en Ayangue con su hijo Alexander.

En esa época se enteró de que su amada Silvia tenía cáncer de páncreas y su ánimo decayó. Hablaban todos los días por teléfono hasta inicios de junio de 2012, cuando ella murió, lo que provocó en el cantante una profunda depresión.

El último concierto que dio fue en Guayaquil, semanas antes de morir. Aunque su salud estaba deteriorada, su ánimo se transformaba cuando comenzaba a cantar, pero ese día le faltó la respiración.

Sus fanáticas se levantaron de las sillas para pedirle autógrafos, y él aprovechó el momento para regresar al camerino, casi sin oxígeno.

Sin embargo, estaba contento porque preparaba una gira por Nueva York, Chicago y Miami, junto a sus amigos Silvana y Gustavo Pacheco con Boddega, que se iba a cumplir en agosto de 2012.

La mañana del 24 de junio de ese año, Alexander salió a comprar el almuerzo y Jinsop se quedó en casa. Cuando regresó, horas después, el joven encontró a su padre sin vida en el sofá de la sala. Falleció de un infarto a los 56 años.

El ‘Chino de oro’ había partido para encontrarse con Silvia en la eternidad, para seguir cantando “Silvy, muchachita mía, tú eres mi vida” con acento coreano, pero con alma ecuatoriana.

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